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miércoles, 31 de marzo de 2010

Friends, Flowers and Rock&Roll

Queridos amigos, hoy será breve porque estoy haciendo las maletas… y no tengo mucho tiempo. Me voy y no podré comunicarme con vosotros durante unos días. Espero que, si estáis en situación parecida a la mía, lo paséis tan bien como yo pienso hacerlo.

Solamente os dejo el video que he montado del último finde que pasé con mis colegas del parque… Esta vez hubo un montón de nuevos perritos que se unieron a la pandilla y realmente lo pasamos muy bien. Espero que mis ladridos en inglés digan lo que quise decir en español y no otra cosa…

Aquí os dejo el video: Friends, Flowers and Rock&Roll

Y el resto de las fotos…

En Primavera… Amigos, Flores y Rock&Roll

Os deseo, otra vez, que lo paséis muy bien estos días. Yo, por mi parte, he decidido irme de retiro  a un lugar precioso, a medio camino de todo, donde espero encontrar reposo, nuevos amigos y, si puedo, algún huevo de pascua de esos.

Patiabrazos y lametones

Yogui

sábado, 27 de marzo de 2010

La Sexta en Primavera

Esta vez vuelvo a las andadas… primero la sexta entrega de los orígenes de los canes, y luego, un pequeño video con unas fotos de mi aventura (y la de mis amigos)… espero no ser demasiado plasta y que no os aburráis demasiado…Dibujo1

YOGUI: Los Orígenes de los Canes. La Verdad Sobre el Comienzo

En nuestra última entrega, Yogui ha encontrado de nuevo a Balto, el perro que le salvó la vida, y ambos se ponen en camino, para descubrir los Orígenes de los Canes. Pero, yo, Yogui, he decidido encontrar a mis verdaderos padres. ¿Qué será lo que nos aguarda a mi colega y a mí? Desde luego, no lo que esperamos.

VI) La Verdad Sobre el Comienzo

Dibujo2Bocinas, claxons e intermitentes se oían por todas partes. Y a personas que gritaban:

-¡Eh, me toca a mí, mendrugo! ¡Aparta de mi camino!

-¡Que tengo prisa! ¡Llevo esperando aquí una hora!

-¿Cómo que doce euros? ¿Me está usted tomando el pelo? ¡Esto es un timo!

Yo estaba asustado con tanto griterío y alboroto.

-¿Por qué quieres venir a este lugar, Balto?

-Mira, a vista de que no estamos seguros de dónde está Murias y a pesar de todos nuestros esfuerzos por conseguir un mapa, no lo hemos encontrado. Lo mejor es recurrir a un lugar como éste.

-¿Por qué, Balto? -me cuestioné.

-Porque aquí, en estos lugares llamados “gasolineras” vienen muchísimos coches para cargar fuerzas de energía para seguir adelante. No importa que no entiendas que quiere decir “fuerzas de energía”. Pero, buscaremos un camión, que lleve una carga hasta Murias, y nos meteremos dentro.

-Ohhh…-dije yo sin entender mucho-Pero, ¿cómo sabrás que camión va a Murias?

-Porque soy adivinó-contestó Balto riéndose.

Aunque yo no compartí su risa; ser adivino es una cosa muy seria…

-Yogui, ¿querrías traerme una piedra? -dijo Balto muy estricto.

-¡Claro, Balto! Aunque no sé para que necesitas una piedra -contesté extrañado.

Mientras yo buscaba una bonita piedra, Balto fue mirando camión tras camión, hasta que al fin vio uno que le interesó. Un hombre gordo y forzudo hablaba desde la ventanilla del camión con el hombre que le cargaba esas “fuerzas de energía” mediante un tubo largo y grueso. Fue Balto el que me lo explicó ya que yo no estaba presente, y no me dijo todo exacto, pero me dijo que la conversación entre el hombre gordo y el del tubo largo y grueso era algo así:

-¡Dése prisa, hombre! Necesito llegar cuánto antes a la mina para cargar el carbón.

-No se preocupe, enseguida termino, señor. ¿Hacia que mina se encamina?

-Voy hacia “La Carbonerina”, la mina de Murias.

-Genial… ¡Oh, mire, señor! ¡Ya está! ¡Ya tiene suficiente gasolina! ¡Ya puede irse!

- De acuerdo… Gracias por el servicio, aunque hayan sido un poco pesados -dijo el camionero por último mientras intentaba alejarse, a pesar de que el hombre del tubo le advertía y le gritaba que se olvidaba de pagar.

Balto tampoco podía hacer nada para detenerlo.

Por suerte, llegué yo, una vez más, para curar la situación, con la piedra que Balto me había encargado. Y mira que había tardado porque había estado buscando la piedra más guapa de todas para mi amigo Balto, y además, era tan grande que la arrastraba a duras penas.

Pero, Balto, al verme, me arrebató la piedra, sin ni siquiera darme las gracias por esforzarme tanto en buscar, y con la boca, se la lanzó al camión antes de que hubiese salido siquiera de la gasolinera.

-¡Ahora es nuestra oportunidad! -dijo Balto, y se escondió bajo el camión.

El camionero se bajó del camión muy enfadado y acusó al hombre de la gasolinera de haberle lanzado una piedra a su camión. El hombre lo negó y ambos comenzaron a discutir.

Balto se dio cuenta de que la puerta del compartimento del camión no estaba abierta, por lo tanto no podríamos entrar. Así que tuvimos que esperar dos minutos a que la situación se calmase, cuando el hombre de la gasolinera exclamó que a él le había parecido que el ruido provenía del compartimento del camión.

El camionero se encaminó hacia él, y abrió las puertas. Miró a un lado y a otro y no vio nada. En un despiste del camionero, Balto dijo “Esta es la nuestra” y se metió dentro del camión, justo antes de que el camionero cerrase las puertas. Éste miró enfadado al hombre de la gasolinera y le pegó una torta. Acto seguido, se fue conduciendo en camión. Y, para quienes se lo pregunten, no, no llegó a pagar.

El viaje se me hizo, al menos a mí, bastante pesado y largo. Intentaba dormir, pero no podía. El camión pegaba demasiados meneones.

De repente, Balto me susurró al oído:

-Ya debemos haber llegado a Murias. Tenemos que bajarnos ya. No podemos ir hasta la mina.

-¿Y cómo podremos bajar ahora, Balto? -pregunté, entendiendo el peligro que suponía llegar hasta la mina y que todos los bipes que allí hubiera nos acorralarán.

-Tú solo escucha y tápate los oídos como puedas -me dijo. Se quedó callado un instante, y después tomó aire.

De repente, pegó un aullido tan grande y desgarrador que me pareció que el suelo temblaba y el cielo se nos iba a caer encima.

Entonces, notamos un violento frenazo, y oímos los gritos del camionero mientras bajaba de la cabina, gritando “¡¿Pero qué?!”

Unos segundos después, abrió las puertas del almacén del camión, pero solo le dio tiempo a exclamar “¡¿Qué demonios?!” y ver como Balto y yo salíamos más rápido que canta un gallo y escapábamos corriendo de las garras de aquel colosal hombre.

Llevábamos una hora recorriendo el lugar sin ver a nadie, ni siquiera un alma, hasta que, de repente, Balto me dijo:

-Huelo algo. Ven, por aquí. -y echo a correr.

Yo le seguí como pude.

De pronto, Balto se detuvo, para mi alegría, y me murmuró:

-¿Ves allí? Allí hay un animal. -Era un zorro. Parecía comer algo. Pero, de repente, pareció oírnos, pues puso las orejas para atrás, y comenzó a correr patas en polvorosa con su presa.

-¡Espera, Amigo Zorro! ¡No te vayas! ¡No queremos hacerte daño! ¡Queremos pedirte ayuda! ¡Estamos perdidos! -exclamó Balto.

El zorro paró en seco, e inmediatamente dijo:

-¿Código Animal?

Balto puso una pata en el corazón y dijo seriamente:

-“Todos somos iguales, nacimos iguales, vivimos iguales, y un día seremos parte de la naturaleza. Igual que tú, hermano”.

El Código Animal, según he aprendido en mi Gran Aventura, es una especie de frase de paz y juramento entre los animales callejeros, que utilizan para relacionarse entre ellos en son de paz, cuando sus intenciones son pacíficas. El Código Animal te hace jurar por el Señor de los Huesos, por lo que has de cumplir tu promesa. Pero volviendo a nuestra historia…

Después de recitar el juramento con la pata en el corazón, Balto, habló así al zorro.

-Hermano Zorro, baja de ese árbol, por favor, hemos de hablar contigo.

- Vaya, vaya… Con que una pareja de perros de ciudad perdidos en el pueblo, ¿eh…? -dijo con una maliciosa sonrisa.

-Necesitamos saber dónde estamos -le dije yo al zorro.

-Pues, en Murias, claro -el zorro rió.

-Trátale de Hermano Zorro -me dijo Balto en voz baja -Hay que respetar el Código Animal -Que, por entonces, yo no sabía lo que era.

Balto subió la vista, y volvió a dirigirse al Zorro.

-Hermano Zorro, ¿conoce la casa donde habitan los padres de mi acompañante? Según me ha contado, su padre es de un gran parecido a él.

-Por favor. -dijo el zorro con su habitual sonrisa maliciosa -Llámame Don Raposu Arteru de Arredrayáu. -y tendió una pata a Balto.

Pero Balto, por el contrario le miró, y dijo:

-¿Cómo…? ¿Don Raposu de qué…? -dijo Balto hecho un lío -Preferiría llamarle Hermano Zorro.

-Como gustes -dijo Don Raposu secamente mientras encogía la pata que antes había estirado y se la lamía.

-Bueno -dijo Balto empezando a cansarse-¿sabes dónde podemos encontrar a sus padres-y me miró a mí.

Don Raposu Arteru de Arredrayáu, se quedó silenciosamente mirándome un momento. Después exclamó:

-Vaya, vaya. Creo que sí sé dónde están tus padres. Tú eres el hijo de Truhán y Perla. El aspecto de los Truhán es fácilmente distinguible ja ja. Sobre todo por esa pata torcida -dijo con su habitual sonrisa maliciosa burlándose de mí. Después se calmó y prosiguió -Aún recuerdo cuando os regalaron a todos. Aquel día Truhán estaba de muy mal humor.

-¿Estaba triste porque nos llevaban lejos? -pregunté nostálgico.

-Triste, triste, lo que se dice triste no. Pero sí hecho una furia. No había visto ser más enfadado en toda mi vida. Bueno, lo dicho. Resulta que precisamente vengo de esa casa de conseguir este jugoso pollo. –y pegó un mordisco a aquella presa que llevaba en la boca -Veréis, desde el día en que os separaron de vuestros padres, Truhán no ha hecho más que buscaros desesperadamente. Me contrató a mí, de hecho -y se señaló con el dedo índice muy orgulloso de si mismo -para rastrear toda la zona hasta encontrar a sus hijos, a cambio de un pollo diario si cumplía mi trabajo. Tiene especial predilección por uno llamado Yocki. -y puso la cabeza en alto, muy altivo.

- ¡Yogui! -dije yo emocionado -¡Se acuerdan de mí! ¿Lo has oído, Balto? ¡Se acuerdan de mí! ¡Me quieren! -ahora ya comenzaba a sentirme como algo más que un paticorto.

-¿Dónde viven? -preguntó Balto.

-Es fácil. ¿Ves esa senda de baldosas amarillas…? Como en el Mago de Fox, jo jo. Síguela hasta que la senda se divida en dos caminos. Entonces párate. A la izquierda, está la casa de los Truhán. Es muy fácil, y el camino es muy corto. No tiene pérdida. -Después me miró a mí y dijo -Así que tu eres el famoso Yocki. Bueno…, tu padre se pondrá muy contento de verte, ¿eh…? -y me sonrió de nuevo maliciosamente. Después murmuró por lo bajo - Aunque a mí se me acabó el chollo de los pollos -Volvió a subir el tono de voz -Pero, bueno, decidle a Truhán de mi parte que mañana, ración especial, ¿eh? Por encontraros, que de no ser por mí… Doce pollos, ¿eh, que os parece?¡Pero, que digo, veinte!¿Se lo diréis?

-¡Claro que sí, Señor Zorro! -le dije yo tan alegre…

-De acuerdo, ¡Ciao! -fue lo último que le oí decir al zorro antes de que él se adentrara en la maleza y yo me alejase…

Balto y yo nos encontrábamos junto a una gran pero destartalada casa de campo. La casa era de madera, y se le veían varios agujeros en el tejado. Alrededor de ella, toda clase de animales del ganado se paseaban comiendo hierba y paja. Pero, para entrar a la granja, había una verja. Sin embargo, esta puerta era de madera, y estaba rota, con lo cual Balto y yo pasamos sin problemas.

Los animales que por allí había, ni siquiera nos vieron pasar. Todos pasaban enfrente de nosotros como si nada especial ocurriese. Una vez que llegamos hasta la casa, Balto empujó la puerta suavemente, después de picar con la pezuña y ver que nadie contestaba.

Al entrar, ¡nos encontramos con otra granja, pero metida dentro de la casa! Las gallinas correteaban, desplumadas, de aquí para allá, las ovejas, se acomodaban en los sucísimos sofás de la casa, que estaban a medio romper. Los gatos, se subían a las ventanas y se balanceaban en las cortinas, arañándolas y rasgándolas. Estos últimos, parecían buenos, pues estaban acostumbrados a la presencia de perros, y, como los demás, ni siquiera se inmutaron al vernos. Veíamos toda clase de animales y seres vivos, menos a humanos, y, lo más importante: mis padres perros.

Así que, cruzamos hasta la cocina, en dónde estaba lleno de cacharros sucios y desordenados. Pero, allí, por fin había alguien de mi especie. Ví, una preciosa perrita pequinés, más o menos de mi tamaño, que miraba triste y melancólica hacia la ventana.

Me aproximé a ella, y suavemente, dije:

-¿Mamá?

Ella se dio la vuelta para mirarme, y se quedó callada unos instantes. Parecía sorprendida. Después, dijo con un hilo de voz:

-¿Yogui?

-¡Sí, soy yo! -exclamé.

Pero, ella no contestó se limitó a levantarse y decir: “Seguidme. Tú también”, dirigiéndose a Balto.

Yo le seguía mientras le preocupaba preocupado:

-¡Mamá, mamá! ¿Qué te ocurre? ¡Soy tu hijo, Yogui!

Ella volvió a cruzar el hall de entrada, y salió de la casa. Pero, en vez de seguir adelante y sacarnos fuera de la granja, nos llevó hasta el establo, diciéndonos:

-¡Rápido, escondeos ahí! ¡Yo entro detrás!

Balto obedeció, y yo le seguí, pues. Después, entro ella, como había prometido.

Fue Balto el que tuvo las palabras siguientes. Y dijo muy enfadado:

-¡¿Qué pasa?! ¡¿Qué después de más de tres años sin verle, es así como saludas a tu hijo?!

Mi supuesta madre solo suspiró:

-¿Qué tal, Yogui, hijo? -dijo con voz ahogada.

Balto no parecía satisfecho con eso. Por eso mi supuesta madre volvió a hablar:

-¡Claro que no! ¡Ojalá hubiese podido ser… una madre corriente, como todas las demás! Criando a mis hijos, y… -su voz se apagó.

De haber podido un perro llorar con facilidad, mi madre hubiese llorado más que ningún ser humano.

Ella consiguió tomar fuerzas para continuar:

-Mi marido está loco. Loco por el poder, loco por la ambición, loco por ser el más malvado. Año tras año, me obligaba a tener con él una camada de cachorros, y después los mataba.

Yo me había quedado asombrado. Balto gritó:

-¡¿Por qué?! ¿Cómo podemos saber que dices la verdad, y que tiene que ver eso con lo que te he preguntado?

-¿Conocéis la Leyenda?-dijo ella.

-¿Del Hueso? -pregunté yo, y ella asintió con la cabeza -Pero… ¿Eso quiere decir que lo soy? ¿Soy el descendiente del Perro de la Pata Torcida? -a pesar de todo lo que había dicho antes mi madre, por lo que habría suficientes motivos para llorar, yo me quedé cautivado con la noticia de que yo era el descendiente del Señor de los Huesos…

-Hijo mío -dijo ella -Es por eso que debieras estar más preocupado que feliz… Cuando tú naciste, mi marido, Truhán, efectuó el habitual ritual para saber quién era el Elegido para poder obtener el Hueso, y controlar el Mundo Animal. Como sabréis, el descendiente habrá de tener una Pata Torcida, pero no una torcedura cualquiera, tan torcida, como el Señor de los Huesos. Aquel al que al romperle la pata, no emita un alarido de dolor, y no le restallen los huesos rotos, será el Elegido. Al efectuar el ritual, tú, hijo mío, no te quejaste, y Truhán descubrió que eras el que buscaba. Así que, decidió secuestrarte, y obligarte a llevarle hasta donde está el Hueso, pues se dice que los Elegidos tienen un instinto que les lleva hasta él, a cambio de no matarte… Tú habrías de darle el Hueso, pues eres el único que lo puede sacar, de dónde está introducido. Así, conseguiría tenerlo en sus patas, y dominar el Mundo Animal.

Pero yo no podía permitir que te hiciese daño, mi niño, ni a ti, ni al resto de mis hijos supervivientes. Esta vez no. Así que, antes de que se escapase contigo, ideé un plan. Me hice pasar por agobiada y estresada por culpa de mis hijos. Hice que pareciese que pasaba una depresión. Mis dueños me llevaron al médico, y él pensó que lo mejor para mí sería que ellos se deshiciesen de mis cachorros.

Así que, mi familia los fue regalando a todos, uno tras otro. A ti, te llevó una profesora de mi dueña. Vi como te marchabas aquel día, vi como te ibas en un coche que desaparecía a lo lejos. Tú, criatura inocente, había conseguido salvarte por fin. Te había preparado con un jerseicito de lana y un yoyó -y soltó un gemido de desesperación. -Cuando mi marido llegó a la hora de comer, ya era demasiado tarde para encontrarte. Aquel día, él me hizo esto…

Yo me quedé petrificado, al ver como mi madre señalaba con su pata una larga cicatriz que recorría todo su cuello.

-Pero estoy bien –murmuró -Solo me preocupa la felicidad de mi hijo -y me sonrió como pudo.

Balto le había escuchado todo el relato sin abrir la boca, al igual que yo. Se dirigió a ella:

-Mis disculpas, señora. Lo lamento muchísimo. No tenía ni idea de su historia. Me presento: Soy Balto -le extendió una pata -¿Y usted?

Mi madre iba a contestar cuando las campanadas de un reloj sonaron a lo lejos. Su rostro empalideció. Parecía haber recordado algo.

-¡Las dos! –exclamó -¡La hora de comer! ¡Mi marido no tardará en llegar! -e inclinó sus orejas hacia atrás -Después de estar toda la mañana buscándote, y cazando, ha llegado aquí para que yo le dé más comida que yo haya encontrado para él. ¡Llegará en cualquier momento! ¡Tenéis que huir! -y nos miró fijamente a los dos.

-¡Seguidme! –ladró -Nos sacó del establo mientras nos iba contando detalles -Por alguna razón esta mañana me he acordado de mis hijos. Tenía la extraña sensación de que algo especial pasaría.

Nos llevó a través de la huerta, y nos hizo saltar las vallas que cercaban la granja, aunque yo me arrastré por debajo… Nos escondimos tras unos matorrales de un gran prado salvaje, ajeno a la casa.

Nos iba a hablar, pero de pronto, pudimos oír unos ladridos:

-¡Cariño! ¡Ya estoy aquí! ¿Está lista la comida? ¡Eso espero! Un momento… ¡HUELO A CACHORRO! ¿Quién tienes aquí, idiota? ¡Maldita perra insolente! ¡Cómo traes animales a mi casa sin mi consentimiento! ¡Estúpida!

Mi madre nos volvió a mirar fijamente. Todos estábamos asustados. Incluso Balto.

Mi madre le habló a él:

-Balto, date prisa. ¿Ves ese bosquecillo a lo lejos? ¡Ve por él! ¡Es un atajo! ¡Os perderá el rastro si vais por ahí! Pero, ante todo, no vayáis por el sendero de la carretera, ¡os encontraría enseguida! ¡Huid! -dijo aterrorizada y muy apurada.

Pero, antes de que nos fuéramos, dirigió unas últimas palabras a Balto:

-Balto, eres mi única esperanza. En tus patas te dejo mi tesoro más preciado. Por favor, protégelo.

-Descuida, así lo haré. Confía en mí.

Entonces, Balto me cogió por el cuello como a un cachorro, y echó a correr, a pesar de que yo insistía en que podía andar solo.

Pero todo esto, solo fue unos momentos antes, de que mi malvado padre volviese a gritar:

-¡Te huelo! ¡Mujer mía! ¡¿Qué demonios haces tras ese arbusto?!

Y de repente, apartó el arbusto tras el que se escondía mi madre, y mi fornido padre le pegó un cruel mordisco con el que la dejó desangrándose tirada en el suelo, mientras gritaba:

-¡Perra traidora! ¡Mi cachorro! ¡Está huyendo!

Y, entonces, como un rayo, echó a correr tras nosotros, con ira y venganza en sus ojos.Dibujo3

Y para terminar un pequeño vídeo con mis aventuras del pasado finde… en el que yo y mis amigos estuvimos ligeramente confundidos vendría la “Prima Vera” o la “Primavera”…

El vídeo

y el resto de las fotos... Finde de Prima Vera

 

Patitas a tod@s

Yogui

viernes, 19 de marzo de 2010

Tom y otros amigos

Querid@s amig@s, he tardado en escribir porque confieso que, de tanto currar –en lo que curramos los perritos buenos y aquellos que no lo son tanto-, he estado un poquito cansado. Sólo hasta última hora del viernes, no me he puesto a ello… Y aunque mi memoria es muy frágil, todavía me acuerdo de las cosas más interesantes del pasado finde…

La mañana del sábado, a causa del frio y del mal tiempo, se presentaba triste y aburrida, así que me las tuve que agenciar y me busqué un bonito juguete… Se parecía a un bonito hueso que me sirvió para pasar el ratito que estuve solo hasta que llegaron mis amigos…DSC00758

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Durante el pequeño paseo pasamos a saludar a la pobre Yessi. La pequeñaja está muy triste porque apenas sale de su prisión dorada para jugar con nosotros, pero sabemos que es feliz cuando nos acercamos a saludarla…

 

Un día de estos vamos a secuestrarla y… Bueno, eso hay que pensarlo mejor arf, arf, arf.

 

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Por  la tarde me encontré una selva que nunca había visto antes y me decidí a explorarla pero…

¿Y si papi se perdía de mi?. ¡No!, eso no podía consentirlo por lo que rápidamente fui a su encuentro para que no se encontrara solito

¿A que vosotros hubiérais hecho lo mismo?

 

 

 

 

 

Pero el gran prota del finde fue Tom, el pequeñín…DSC00776 Si, porque aunque no estuvo con nosotros mucho tiempo, por aquello de que aún se cansa enseguida, estuvo muy juguetón con todos… Seguro que va a ser un fenomenal compañero de juegos cuando crezca un poquito más.DSC00783

Todos, incluido él, dimos un pequeño paseo aprovechando unos rayitos de sol y descubrimos un extraño árbol… No porque no tuviera hojas aún, sino por la rara oquedad que había entre sus raíces formando una pequeña cueva que, seguro, es usada por alguno de los animalitos del bosque por el que paseábamos.

 

 

Cuando nos cansamos de pasear nos dimos cuenta que nuestro amigo Tom aún no conocía a la buena de Yessi y… ¡A presentarles se ha dicho!

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Por la tarde encontré a Pepa y estuvimos un ratito juntos hasta que llegaron los demás…

 

Pero si había una chica realmente deslumbrante esa era mi amiga Tolita que  estaba celebrando, vestida apropiadamente de rojo, la reciente y magnífica victoria del “Nano.DSC00811

DSC00828Pero también hubo una nueva amiga que nos visitó por la tarde… Se llama Nico (de Nicolasa) y venía con nuestro joven Pepe. 

Tommy estaba realmente interesado en ella, aunque era el bueno de Otto quien recibía las atenciones de la recién llegada.

Pero entonces llegó Rufo con “las chuches” y fue nuestro “Golfo” particular el que más méritos hizo para recibirlas… se ve que ha tenido un buen maestro en mi arf, arf, arf…DSC00841 Y eso fue todo para el pasado finde… ahora, como siempre os dejo el enlace a Tom y otros amigos, y el álbum:

Que tengáis un buen fin de semana, y aquel que vea a la tal prima Vera, que me avise y me diga si "ye" guapina

Yogui

sábado, 13 de marzo de 2010

Una entrega más…

Hola amigos…

Este pasado finde, como sabéis siempre voy con unos poquitos días de retraso en mis aventuras, fueron días fríos –el invierno no termina de irse- pero no por ello menos divertidos. Esta vez me decidí a hacer un pequeño vídeo porque papi se desquitó de la pasada huelga y nos hizo fotos a diestra y siniestra. Pero como también tenía previsto publicar un nuevo capítulo de “mi otra gran aventura” paso a relataros primero ésta y luego os dejaré el video prometido y el enlace al resto de las fotos; espero que os gusten las tres cosas…

Capítulo 5: Historias

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¡¡¡Nueva entrega del cuento!!!

YOGUI:

Los Orígenes

De los Canes

V) Historias

clip_image004- ¿Qué hace un cachorrrito cassero como tú, en un lugar frrívolo como esste?...

Una de las sombras habló con una melosa pero inquietante voz.

Entonces, pude ver su rostro.

Una cicatriz cubría su ojo izquierdo, de forma que éste desprendía un extraño brillo.

Y, entonces, un rayo de Luna le iluminó al completo.

Era un gato, negro como la oscuridad de aquella noche, pero reluciente como el fuego que su ojo desprendía.

-¡Atrás! -ladré desesperado. Me había dado cuenta de quienes eran en realidad- ¡Conmigo no podréis!-y avancé unos pasos.

-Porr favorr. ¡No hables assí de unos dessdichados mininoss que ssolo pretenden ayudarrrrrte!

-¡Largo he dicho! -Bramé yo.

-Ven con nosotross -siguió susurrando con su desagradable siseo. -Nossotross te ayudaremos, cachorrrrito.

-¡Marchaos!

-Me han contado que tienes prroblemass, ¿no?

-¡¿Cómo sabéis eso?!

-¿Porr qué sino te habrías escapado de cassa, con prrovisiones para un larrgo viaje? -dijo mirando mi gran invento del abrigo puesto al revés.

-Esscucha, cachorrito, ven con nossotrosss. Nossotross te querrremos. No te prrreocupess por tu familia. Ellosss te han abandonado. Ven, ven, y no temasss… -Los demás gatos empezaron a hacerme retroceder hacia un gigantesco precipicio, repleto de maleza, que es el lugar en dónde viven salvajemente todos los odiosos felinos de mi ciudad.

-Ellos no te quieren -comenzaron a corear todos los gatos al unísono -¡Venn con nossotrrros!¡Veeen!¡VEEEN!

-Olvídate de tu familia, y ven a vivir con nosssotrrrosss. -continuó el gato líder -¿Acasso te han dado a comer de ssu plato? ¿Y dorrmirrr en su cama? ¿Y te han trrratado verrrdaderamente como a uno de ellos? ¿Como a un…¡humano!?

Ahora que estaba conociendo el mundo salvaje, me di cuenta de que todos los animales tenían rabia al hombre. Todos decían lo mismo, y me estaba dando cuenta, de que tenían razón. Dí un paso al frente, me agaché ante el Felino Mayor, y, firme, le dije:

-Aquí estoy para servirle, mi señor. Ahora soy uno de vosotros.

-Brravo, bravo, mi cachorrrito. Perrro, perrmíteme que me prrresente. Yo soy Felino, el General de los Gatos. Él -dijo señalando a un gato que se había posado sobre una roca con aire de superioridad- es Minino, el Coronel, y él, -esta vez señalando a un gato que avanzaba unos pasos hacia Felino con aire majestuoso- es Mezquino, Capitán de la Orden Gatuna. Todos prrretendemos ayudarrr a los pobrrres como tú, que no tienen a nadie en la vida… - y me puso una pata en el hombro- Desde ahora yo te nombrrro,… Ejem, perrrdona, yo me he prrresentado pero aún no conozco tu nombrre.

-Yogui, señor.

-¿Shoggui?¿Yyyogui?¡Yyogui no esss nombrre para ti... ¡Atención, todos! -Y, con otro gesto majestuoso, levantó sus patas delanteras -A partir de hoy, -dijo poniéndome una pata en el hombro- como celebración por tu ingreso en la Orden, te llamarrás Tino, el Cauteloso, Teniente de la Orrden Gatuna.

Yo me volví a agachar ante él, orgulloso de mí mismo.

-Perrro, alto. Antes de todo, hay que hacerrr algo para ser un Miembro de la Orrden… -y se mesó las barbas, para después, lamerse una zarpa.

-¿Hacer? ¿Qué hay que hacer, señor?

Antes de todo, debes entrregarrr tu collarrr, como símbolo de tu libertad…

Me acordé de lo que me había dicho Ahahaar, y no traicionaría mis principios.

-No, mi collar no -pedí yo.

-Sssí, pequeño, sssí -y extendió la pata.

-¡NOOO!- vociferé de nuevo.

Los gatos se miraron unos a otros con una sonrisa maligna, y empezaron a dar vueltas a mi alrededor diciendo “¡SSSÍ. Ja, ja, ja, ja, ja!

Entonces, volvieron a hacerme retroceder hacia el Gran Precipicio.

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De repente, resbalé, ¡y caí! Pero me agarré con mis patas al borde del Barranco. El gato me miró con una mirada sin compasión, y me agarró fuertemente con sus zarpas a las mías, al tiempo, que, con la boca, intentaba quitarme mi collar.

-Tú lo has querrido, pequeño -sonrió malévolamente- Ahorra yya no hayy vuelta atrásss. ¡Maldito zopenco bobalicón e inocente! ¡Ja, ja, ja!¡Hasta siemprrre… Tino!¡Ja, ja, ja!¡Teniente, ja! -parecía que le estaba dando un ataque de risa, hasta que de pronto, se calmó, me miró con sus centelleantes ojos, y acto seguido me dio un zarpazo, ¡y me quiso empujar hacia el abismo, no sin antes decir -¡Venn, que te ayudarremosss,… a saltarrr al prrrecipicio!

-¡Y yo os voy a ayudar a todos vosotros a largaros de aquí a la velocidad del rayo!- bramó una voz de trueno.

Entonces, Felino y los demás gatos, vieron, sorprendidos, como un enorme perro-lobo aparecía de entre las tinieblas y se abalanzaba sobre ellos.

Todos los gatos se aterrorizaron y se pusieron erizados como nunca había visto en un gato. Empezaron a chocar unos con otros intentando huir, hasta que, al final, ellos mismos acabaron despeñándose, tirándose por el barranco. Sin embargo, como es fácil adivinar en un micho, no les ocurrió nada en absoluto, y bien pude ver como se peleaban e insultaban desde abajo.

El gran perro me dio la pata y me ayudó a impulsarme para subir del borde del precipicio al que me estaba sujetando mientras mi vida pendía de un hilo.

-Me parece que esto se está convirtiendo en costumbre, pequeño -Y comenzó a avanzar mientras yo le seguía como podía -Y bien te dije que no hicieses que se convirtiese en ello.

-¡Tú!¡Eres tú!¡Eres tú!

- Sí, soy yo, pero no hace falta que despiertes a todo el vecindario para decirlo, pequeño.

-¡Oh, eres increíble, primero me salvas de Látigo, a quien nadie deja de temer, y hoy vences a la Peligrosa Banda de Gatos, a quien nadie a conseguido vencer! ¡¿Cómo puedo agradecértelo?!

-Yendo a casa, pequeño, yendo a casa -e hizo ademán de irse.

-Pero, cualquier cosa menos eso, ¡tengo una importante misión que cumplir!

-Escúchame, pequeño,…

- Ah, sí -le interrumpí -Pero primero, dejémonos de “pequeños” y “cachorritos”. Yo me llamo Yogui, Yo…gui.

-De acuerdo, Yogui, verás…

-¿Cómo te llamas tú?

-Balto… Mi nombre es Balto.

-Gracias por decírmelo, es un nombre muy bonito -y le lamí una pata.

El se rió y contestó:

-¡Ah, por cierto, un pajarito me ha dicho que necesitas esto… -dijo al tiempo que me guiñaba un ojo y me mostraba, ¡el palo de Látigo!

Me quedé petrificado, pero él se volvió a reír. Así que, cogí el palo y lo metí en mi “abrigo al revés”, mientras asentía con la cabeza dándole las gracias.

-Se lo daré a Loli, pero cuando vuelva de mi misión. No puedo echarme atrás. Lo siento, Balto.

-Pero, pequeño -parecía haberse vuelto a olvidar de mi nombre -Escúchame, ellos… te quieren… Digan lo que digan los gatos… Ellos te quieren y están preocupados por ti. Has de volver a casa.

-¿No eras tú el que decía que los humanos eran unos monstruos que maltrataban a los animales? -le dije para contrarrestar lo que él había dicho.

-Mira, pequeño… Yogui, lamento lo que te dije ayer. Estaba equivocado. Tú me has hecho recordar, que yo también tuve una familia.

- ¿Tú? ¿Tú tuviste alguna vez una familia?

- Sí -contestó suspirando hondo.

-¿Te abandonaron? ¿Qué pasó? ¡Cuéntamelo, por favor, Balto!

-De acuerdo. Lo haré -Esta vez fue él el que me pegó un lametón -Esto se ha de contar, como un Cuento de Gamusinos (Cuento de Hadas, para los bipes), pero, es mi historia.

“Érase una vez, muy lejos de aquí. Un lejano pueblo, en la punta de la tierra, donde las montañas se mezclan con el cielo y la nieve baña el mundo. Allí, había un perro-lobo cuyo único sueño era poder hacer carreras de trineos. Pero no le consideraban un perro apto para este trabajo. Nadie quería acercarse a él. Así pues, creció vagabundo en las calles de aquel pueblo llamado Nome. Sin embargo, el perro amaba a los niños y los quería con locura. Los niños jugaban con él cuando sus padres no los veían, ya que querían que se apartasen del perro. Pero este perro siempre ayudaba a los niños en todo lo que podía. Quizá alguna pelota se perdía en la nieve, y él ponía todo su empeño en rastrear la zona hasta encontrarla.

Un día, una enfermedad arrasó el pueblo de Nome, una enfermedad mortal que solo afectaba a los niños pero era capaz de darles muerte, se llamaba, difteria. La medicina para curarlos, solo se podía encontrar cruzando las montañas, en una gran ciudad que quedaba a más de mil millas de Nome. La única manera de llegar allí, en aquella época invernal, en la que era casi imposible atravesar las montañas, era mediante trineos empujados por perros. Era su oportunidad única, pero nadie le aceptó para el trabajo, por ser un perro-lobo. Pasaron días y semanas, y llegó a Nome la noticia, de que, el trineo se había perdido, y el perro guía se había roto una pata y estaba en estado grave. Así que, el perro-lobo, no perdió un segundo, y comenzó a correr y a correr hacia dónde estaba el trineo, con la esperanza de salvarlos a todos. Consiguió llegar hasta dónde estaban, y, a pesar del peligro que suponía aquel viaje a través de las montañas, consiguió llegar a su destino, y regresar al pueblo de Nome con las medicinas para salvar a todos los niños. Aquel día, un niño le miró a los ojos con una sonrisa agradecido, sacó un medallón de su cuello, y se lo puso al perro-lobo. Aquel medallón ponía:

“Balto: Resistencia- Fidelidad- Inteligencia. Perteneciente a Boby Kamarát”.

Aquel día, no solo conseguí una aceptación en la sociedad, sino que conseguí lo más importante para mí: una familia. Aquel día, dejé de ser un perro vagabundo.”- una lágrima se escapó de los ojos de Balto.

-¡Balto! ¡Eres un héroe! Pero… ¿cómo has llegado a parar aquí?

-Los dioses me encomendaron una misión. Proteger al mundo, y velar por la seguridad de las personas y seres vivos del planeta. El Señor de los Huesos me regaló una luz celestial para mí. Creó la Aurora Boreal.

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Si Dios creó para Noé el arcoíris el Señor de los Huesos me hizo un presente aún mayor. Ese sería mi hogar cuando la muerte llamara a mi puerta. Habría de vivir entre las estrellas, a cambio de no perder mi alma. El alma de un perro solo se puede conservar si haces un acto por los demás, sin dejarte llevar por el egoísmo ni la ambición. El Señor de los Huesos hace un ritual en tu honor, y te regala uno de los fenómenos de la naturaleza. Yo me gané uno que ni siquiera existía antes.

-¡Balto! Yo… ¡Estoy fascinado! ¡Ojalá yo me ganase un alma inmortal!

-Puedes creer que es grandioso. Pero para mí se convirtió en una condenación. Ver morir a mis seres queridos uno tras otro, a Boby, a su madre, a sus amigos. Por eso Dios quiere que vivamos menos que las personas. Nosotros no podemos soportar ver morir a nuestros amos… Y yo… seguir vivo. Pero, lo peor de todo, es que un objeto con peso y forma no puede ser transportado por un alma.

-¿Qué quieres decir?

-Quiero decir… Que mi más preciado recuerdo, mi único recuerdo de Boby, no puede ser llevado al cielo, conmigo. Por ello, el Señor de los Huesos, me prometió guardarlo, en un lugar especial, en su Guarida Secreta, que yo no conozco por no ser elegido para quedarme en tierra con el Señor de los Huesos y otros santos normales.

-¡A eso te referías con que tu lugar está en las estrellas! Pero… ¿no tienes el medallón?

-No… Desgraciadamente, no.

-Balto, escucha… Quizá podamos recuperarlo. Yo busco mis Orígenes, y busco al Señor de los Huesos para que me diga la verdad. Si lo encontramos, podrás volver a tener ese medallón en tus patas, aunque sea por última vez.

Balto me miró triste:

-Había olvidado lo que era tener una familia. Había olvidado el amor. Había olvidado incluso lo que es tener una conversación con un amigo. Yogui, tú me has devuelto la alegría y las ganas de vivir. Tú me has traído de nuevo la felicidad. De no ser por ti, seguiría quieto en las nubes, sin hablar, ni siquiera reír. Al verte, supe que tenía que ayudarte. Algo me lo decía.

Yo le sonreí.

-Pero no te vayas confiando que yo nunca fui ningún buenazo cariñoso. -y rió- Y verás, lo siento mucho, pero no hay ninguna forma de que podamos hacer nuestros sueños realidad. No sabemos dónde está el Señor de los Huesos. Lo lamento.

- Verás, Balto. Cuando tú te fuiste…

- Te encerraron en la perrera -terminó él- Si me preguntas por qué no te saqué de allí es porque sabía que en ese lugar solo se dedican a encerrar a los perros que están sueltos por la calle o se han escapado de casa, y los devuelven a sus respectivos hogares. No son ningún dragón feroz ni demonio como algunos piensan.

-Ya, eso ya lo vi. Pero allí encontré a un antiguo conocido, que un día se perdió. No tenía collar porque los gatos de los que me salvaste se lo arrebataron. Pero el caso es que, con el paso de los años, en su vida callejera aprendió muchas leyendas perrunas. Entre ellas, supo de un acertijo que desvela el lugar en dónde mora el Señor de los Huesos.

Era algo así:

Dónde el Reino Perdido esté

Y también el Hueso verás,

Estarán los huesos,

De alguien más…

El mejor amigo del hombre,

Nunca se separará,

De lo que por la Muerte,

Separado está…

Y este viejo acertijo prueba,

El Dicho, que dice verdad.

¿Te dice algo?

-No, Yogui, pero creo que, me has devuelto la confianza, y, voy a ir contigo. Te voy a ayudar a encontrar a El Señor de los Huesos. Pero no pienso hacer de nodriza -dijo riéndose.

-¡Guau! ¡Mil gracias, Balto! ¡Sabía que me ayudarías! ¡Yupi! -me extasié yo.

-Pero, Yogui, solo aceptaré ir contigo con una condición. No digas nunca que tu familia no te quiere -me dio unos golpecitos en la espalda.

-De acuerdo. Hecho -lo mismo hice yo, bueno, le di los golpecitos en la pata porque a la espalda no llegaba.

-Pero, veamos, ¿dónde piensas buscar primero? -me preguntó Balto.

-Bueno, Balto. He descubierto que mi familia vive en un pueblecito del concejo de Mieres llamado Murias. ¿Sabes dónde está?

-Creo que sí, de todos modos, lo averiguaremos -dijo Balto muy alegre. Era verdad que había recuperado la felicidad.

-Verás. Ni siquiera recuerdo a mi familia. Necesito recuperarlos. Necesito volver a verlos. Quiero encontrar a mis verdaderos padres. Si no, siempre quedará un hueco en mi interior. Y, tal vez ellos nos ayuden.

-Está bien. Mañana por la mañana, nos encaminaremos hacia Murias. Pero, primero, hay que dormir. Vamos a acostarnos.

Balto buscó unos cuantos periódicos tirados por el suelo, y los depositó detrás de unos arbustos, en un parque. Balto decidió que aquella noche dormiríamos allí. Pero nadie nos podría ver, porque los arbustos nos ocultaban. Aquello no era lo mismo que pasar una noche en la perrera. Aquella noche, sí, no tenía a mi familia, pero tenía un amigo, alguien a mi lado, que me daba calor. Me arrimé a él, me recosté sobre su pata, y me dormí profundamente. Balto me lamió, y me miró tiernamente. Me empezaba a coger un gran cariño.

A la mañana siguiente, cuando la aurora comenzaba a salir entre las montañas que se veían a lo lejos, Balto me dijo dulcemente:

-Vamos, dormilón. Es hora de levantarse. Hoy nos espera un largo día. Me pegó unos lametones en la oreja. Fue increíble dormir, al aire libre, entre las estrellas, y despertarse también a cielo abierto, mientras los pájaros trinaban maravillosamente entre los árboles.

Yo, ni corto ni perezoso, me levanté. Balto había conseguido una bolsa de gusanitos que encontró tirada en el suelo. Así que, después de desayunar, ambos nos pusimos a andar, nos pusimos en camino. Mientras el cielo rojizo comenzaba a aclarar, el mundo empezaba a cobrar vida, y el sol aparecía en el horizonte, ambos estábamos… Rumbo hacia la aventura.

CONTINUARÁ

Solo recordaros que la próxima entrega de YOGUI: Los Orígenes de los Canes es esencial para la historia y que también se publicará en “Los Cuentos de Pata Torcida

Y ahora lo prometido, el vídeo (son unos 6 minutos ¡cachís!): Calentarse

Y también todas las fotos, que son  muchas, de esos dos fríos días: Para entrar en calor

Hasta pronto amig@s

Yogui

viernes, 5 de marzo de 2010

Strike…

Pues si, los perritos nos vamos a la huelga... El comité asturiano del sindicato perruno decidió, el pasado finde, que todos secundaríamos la huelga propuesta por Gaucho y sus colegas madrileños… El motivo, como todos sabréis, nuestros derechos de imagen no suficientemente respetados por los bipes, en concreto por esa facción “fileobipe” llamada SGAE (Sociedad Gatuna de Autores).

Por este motivo el pasado finde no publiqué casi nada, yo ya había comenzado a movilizarme. Este finde hemos contado con los enormes poderes de la naturaleza para ayudarme en nuestra primera huelga por unos derechos irrenunciables…

DSC00425

Al llegar al paseo nos sorprendió un enorme vendaval… Lo habían anunciado pero no parecía demasiado aún.

En un árbol del paseo me encontré unas enormes bolsas que parecían nidos, pero ¿de qué o quién eran?

 

 

DSC00434Era algo intrigante, como también que, al llegar al parque, nos encontráramos todas las mimosas en flor. Como por arte de magia todos los árboles habían florecido al mismo tiempo desprendiendo un agradable olor que se hacía sentir cuando nos acercábamos a ellos.

Y todo esto mantenía a los bipes intrigados y, por tanto, alejados de nosotros. En definitiva, no nos hacían fotos ayudándonos, inconscientemente, en nuestra huelga…

DSC00443

 

 

 

Pero no nos descuidábamos e, incluso, mi nueva amiga Nora, adoptó la posición de “guerra” de los huelguistas. 

Estaba claro que nuestra huelga  contaba con la aprobación de alguien muy especial porque vimos un precioso arcoíris iluminando un precioso y claro día…  DSC00446

Pero en toda huelga siempre hay “esquiroles”, DSC00451que, por diversos motivos, deciden boicotear los esfuerzos de sus colegas dando al traste con las justas reivindicaciones. Los motivos de estos “esquiroles” son varios: Un plato de lentejas, unas monedas de oro o, como en nuestro caso, unas deliciosas rascaditas… ¡De buena gana todos nos DSC00461hubiéramos puesto a

 

la cola!, sin embargo resistimos, la huelga continuaba.

Afortunadamente la llegada de Luna convenció a Tommy y, mi querido amigo, se volvió a unir a nuestras reivindicaciones.

Aunque todo esto no duró mucho, con la llegada del joven Pepe…DSC00464 comenzó la hora de los juegos y de las aborrecidas fotografías…

Hasta que la llegada de nuevas ráfagas de viento nos hicieron recapacitar y volver a los inicios… ¡Huelga, huelga!DSC00490 Pero como el viento arreciaba, nos fuimos a casa hasta el día siguiente, os dejo el resto de las fotos: En Huelga

DSC00498

Al día siguiente salí decidido a averiguar el origen de los extraños nidos… Estos habían resistido la “ciclogénesis imperfecta” que pasó por la tarde-noche, y digo bien “imperfecta” porque Asturias se convirtió en una pequeña isla que salió más o menos indemne de la famosa ciclogénesis (alias ventolera) que arrasó el resto de Europa.

Al mirar al suelo, cerca de los árboles me encontré con… DSC00503 una pequeña oruga, que acababa de descender de su nido en el árbol, de la que papi me separó inmediatamente. Aunque solitaria esta pequeña oruguita es muy mala y suele pasear acompañada  de otras de su misma clase desplazándose en fila, como en una procesión por lo que la llaman “La Procesionaria del Pino”. La dejamos atrás y continuamos nuestro paseo hasta que…DSC00519

En el parque me cruce con dos nuevos amigos… Toy (el caniche blanco) y su hermanito Oso.

Ambos querían unirse a la huelga y me avisaron que hubo “piquetes” pero que se habían marchado, no sin antes dejar una nefasta marca de su actuación… habían tirado una bonita mimosa para impedir que los bipes pasearan a gusto hasta que   aceptaran nuestras reivindicacionesDSC00522

Pero eso no es lo que queremos nosotros… Los perritos del parque somos pacíficos y detestamos el uso de medidas tan drásticas. Me acerqué para ver los destrozos y..

Cuando estuvimos todos reunidos decidimos que todas nuestras actuaciones serían pacíficas y le pedimos al viento (el verdadero culpable de tirar la mimosa)DSC00525 que nos dejase actuar solos, que nosotros sabíamos defender nuestros intereses con actos pacíficos, como buenos perritos que somos.

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Aquí podéis ver como todos nosotros nos poníamos en posición de “huelga” pacíficamente según llegábamos al parque… bueno yo iba de un lado para otro impartiendo las consignas de la huelga, arf, arf, arf… 

 

DSC00536Solamente, al final de la mañana algunos se relajaron un poquito y se dejaron hacer unas pocas fotos de cara… la primera fue Loli que estaba muy agustito a los pies de su bipe.

 

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Al llegar al parque por la tarde la retomamos la huelga mientras vimos cómo alguien había llegado y partido el tronco caído…

 

 

DSC00557-Seguro que fue algún bipe para dejar paso a los paseantes, dijo Vul que acababa de unirse a nosotros con su hermanita Bimba

 

 

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Decidimos volver a manifestarnos por nuestros derechos…

Pero todo tiene un final y en recuerdo del árbol caído cada uno cogió una pequeña ramita de la mimosa y nos la llevamos a casa como símbolo de la nueva paz, siempre que se respeten nuestros derechos de imagen jejeje

DSC00567Y ahí me tenéis, con la ramita de la paz que da por terminada estas dos jornadas de “lucha perruna” por nuestros derechos…

Ahora os dejo el resto de las fotos… El Arbolito, la huelga continúa

Patitas y que tengáis un bonito finde (espero que ya sin huelga)

Yogui

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