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miércoles, 26 de mayo de 2010

Dos fines más y un nuevo capítulo

Si, ya se… otra vez retrasado un par de semanas y otra vez un capítulo de “mis otras aventuras” lo que hará un post muy, pero que muy largo, aunque espero que menos que el anterior.

De momento el cuento y después mis aventurillas con los colegas…

La Ley de los Animales

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En la que descubro el punto de vista de los animales salvajes y hago amistades con ellos.

X) La Ley de la Selva

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-¡Atención! ¡Atención todo el mundo! ¡Reunión General! -grité, mientras golpeaba los barrotes de mi celda con un palo en forma de mazo que había encontrado en ella.

-¡Aloha! ¡Qué ocurre? -dijo un pequeño ‘I’Iwi mientras se desperezaba.

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-¿Qué qué ocurre? ¡He encontrado la manera de salir de aquí! -contesté emocionado.

-¿Qué qué? ¡Bah! -dijo un Koala que se acababa de despertar gracias a los gritos del ‘I’Iwi, aunque según éste último, la culpa había sido mía.

Todos siguieron al koala echándome en cara haberles despertado con un gran resoplido.

-¡No, no, esperad! ¿Es que no queréis salir de aquí?

-¡Por supuesto que sí! -exclamó un extraño animal de color marrón, pero con las patas y el trasero parecidos al de una cebra.

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-Pero es que no estamos dispuestos a cometer una locura. ¿Cómo vamos a poder salir de aquí? ¡El que desobedezca las órdenes de Johny Quebrantapiedras será castigado! ¡Yo soy madre, soy Mamá Opaki, y sé de estas cosas! ¡No estoy dispuesta a perder a mi hijito por la insensatez de un cachorro de perro! La Ley de los Animales es ser libres, creer volar igual que el águila, y correr aventuras sin que nadie nos detenga. Pero los humanos han llegado demasiado lejos, han destruido la naturaleza, nuestro mundo, y, por si no fuera poco, nos han prohibido la libertad, nos han encarcelado… Y se alimentan de nosotros como salvajes. Pero es inútil luchar contra ellos, solo nos serviría para hacernos más daño a nosotros mismos.

-¡Cierto! -corearon los demás- ¡Así que déjanos en paz, paticorto!

Eso me dolió mucho, muchísimo. Así que decidí callar. Pero entonces, Balto ladró furioso:

-¡Diablos, por la Pata Torcida, si él es un paticorto vosotros sois unos estúpidos incrédulos! ¿Habéis perdido acaso la fe? Tal vez su idea no solo sirva para escapar, sino para que los que estén condenados se puedan librar del castigo a tiempo. Esta mañana, a mí me pegarán diez latigazos, y quiero escuchar a este perro, ¡que nos puede salvar a todos! ¿Qué decís ahora, escépticos animales?

Todos quedaron en silencio.

-Habla ahora, Yogui -me dijo Balto.

-Está bien. El plan que he tramado, nos sacará de aquí a todos sin excepción, pero necesito también que colaboréis, todos sin excepción.

-Bueno, te escuchamos -dijo una impaciente ardilla de color ocre.

-Tú, ¿cómo te llamas? -señalé a un gran erizo africano que estaba a tres cajas lejos de mí.

-¿Yo? Yo soy el Sr Cornelius Brochettes, un Noble Erinaceinae Africano francés por parte de madre. El Rey Chunky de la Selva, me nombró en su día Gran Duque de la Jungla. De eso hace ya mucho tiempo.

-Bien. ¡Fantástico! -dije yo- Bueno, a ti ya te conozco, tú eres el Señor Mende -miré a una pequeña caja apartada del resto- Y… bueno… ¿Y tú? -señalé a una atolondrada serpiente que estaba a mi derecha, dos cajas lejos de mí.

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-¿Yo? -dijo melancólica- Yo soy la Sra Ki-Natacha Snake. Pero soy muy gorda y torpe… No sirvo para nada… Buaaa -y se echó a llorar.

-No, no llore, Señora. Por favor… -le rogué.

-Pasa de ella -dijo una liebre muy cotilla que estaba arriba de mí, una caja a la izquierda -Es anoréxica.

Yo no sabía muy bien lo que era eso, así que no supe que contestar. Pero de repente, una desconfiada comadreja gritó:

-¿Y a qué viene todo esto, pequeño cachorro de perro? ¿Crees que vamos a escapar con preguntar los nombres de tres individuos? ¡No voy a escuchar a un perro que va de listillo y nos quiere hacer creer que hay esperanzas de salvarse? ¡Solo haces que se creen falsas expectativas! ¿Quién quiere escuchar a un can de tres al cuarto? ¿Quién?

-¡Yo! -gritó una voz.

Todas las miradas se centraron en la celda que había debajo de mí, la celda que ocupaba mi querida amiga Lazzie. Ella prosiguió:

-Y creo que vosotros deberías hacer lo mismo. Estamos atrapados, enjaulados, y pronto nos matarán. Y en vez de ser tolerantes y buenos con nuestros congéneres, que están en la misma situación que nosotros, no lo olvidéis, sois egoístas, y ni siquiera intentáis hacer el esfuerzo de escuchar, a un compañero que tiene el deseo de ayudaros a todos para sacaros de aquí:

-¡Eso no es cierto! ¡Él no está en la misma situación que nosotros! ¡Es el favorito de Johny Quebrantapiedras! ¡Ayer mismo se lo llevó a cenar con él!

-Sí que lo estoy. Si no consigo escapar antes, hoy, al amanecer, unos hombres me molerán a palos y me harán una cicatriz con fuego al rojo vivo. Así me lo hizo saber el millonario loco.

-Yogui, ¿por qué no me lo dijiste? -gritó asombrado Balto.

Pero él no era el único asombrado. Todos los animales que allí había se habían quedado contemplándome con compasión, y todos, incluso la comadreja, esperaban que comenzase a relatar mi plan.

Yo sonreí, y asentí complacido.

Bien, antes de que os cuente mi plan, necesito que me expliquéis quienes sois cada uno. Porque en el plan, todos habremos de actuar como compadres que somos.

Así que, todos se pusieron felices a decirme sus nombres, y a conocerse los unos a los otros.

Recuerdo que, el caballo que había visto esa misma noche en la corrida, también se presentó.

-Yo soy Crinés Rinés de Inés, y espero serte útil en tu plan.

-¡Por supuesto que lo serás! -exclamé.

Pasadas unas horas, todos terminaron de presentarse. Pero entonces me di cuenta, de que no era así. Me fijé en una caja, también apartada del resto, que estaba en la esquina de la sala.

-¿Y él? ¿Quién es? -pregunté.

-¿Él? -dijo la liebre cotilla- Él es un mono de volcán.

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-¿Un mono de volcán? ¿Qué quieres decir con eso?

-Es un macaco de cara roja. Estos monos solo se crían en Japón, y hay muy pocos. Son muy difíciles de capturar. Viven en los Grandes Volcanes del País de los Akitas. Pero están locos de atar. No te acerques a ellos, chico. Son muy peligrosos y agresivos. Y además, sufren esquizofrenia.

-¿Esquizofrenia? ¿Qué manía tenía aquella liebre por los nombres raros? De todos modos, fuese lo que fuese lo que aquello significaba, sentí pena por el pobre mono, y pensé que lo estaban discriminando injustamente.

-Bueno, y ahora que ya nos hemos presentado todos debidamente… ¿Cuál es tu plan?

-De acuerdo. Os lo explicaré. Pero antes, he de dar las gracias a Lazzie, pues su intento, aunque fallido, para conseguir escapar, me ha inspirado para crear un nuevo plan que espero que sí funcione.

Lazzie me sonrió.

-Bueno. Veréis. Como veis, esta sala se comunica con una pequeña estancia, donde están los matones de Johny Quebrantapiedras, vigilando que no nos escapemos. He podido darme cuenta, que en la estancia donde se encuentran, hay varios botones, que manejan la mansión.

-¿Qué quieres decir? -dijo la liebre cotilla.

-Quiero decir, que los botones, pueden hacer que salga agua del techo en caso de incendio, que suene la alarma, ese ruido infernal que vosotros conoceréis, en caso de robo, y, que se abran automáticamente las jaulas en las que estamos encerrados.

Una oscura figura me observaba silenciosamente mientras yo hablaba, pero por aquel entonces, no me di cuenta.

-¿Entendéis ahora a qué me refiero?

-¡Sí! -exclamaron todos.

-Pero… -dijo la liebre- ¿Cómo podremos llegar hasta allí?

-La Sra Ki-Natacha Snake, podrá traspasar los barrotes, y tocar el botón, que nos abrirá las puertas, pero para eso, hay que alejar a los guardianes.

-¿Y qué harás? -dijo la liebre.

-Eso también está previsto. El Sr Brochettes…

-¿Yo?

-Sí, usted. Cuando la Sra Ki-Natacha salga de su jaula, le abrirá la puerta con su lengua bífida, que servirá de palanca. Ella se ocultará y usted comenzará a gritar. Los guardianes irán tras usted, pero no le podrán coger, pues está lleno de púas. Por lo tanto, su misión es entretenerlos un buen rato. ¿Podrá hacerlo?

-Bueno…

-Lo demás, será hueso roído. La Señora Ki-Natacha nos abrirá las puertas con el botón de salida, y el Señor Mende nos conducirá a todos nosotros hasta la salida. Todos juntos somos muy fuertes. ¡Ni las legiones más fuertes de Johny Quebrantapiedras podrán detenernos!

-¡¡¡Bien!!! -exclamaron todos.

-Yo no estoy de acuerdo -dijo de pronto la desconfiada comadreja- ¡Es un plan demasiado alocado y pretencioso! ¡Demasiado imaginario! ¿Os imagináis lo que sucedería si algo sale mal? ¿Lo que nos haría Johny Quebrantapiedras?

Pero yo no estaba dispuesto a aguantar por mucho más tiempo a aquella estúpida comadreja.

-¿Qué qué pasaría? ¡Yo os diré lo que pasaría! ¡Qué lucharíamos! ¡Y le demostraríamos a Johny Quebrantapiedras y a todos los humanos quienes somos nosotros, los animales! ¡Qué no nos tomen más como juguetes! ¡Somos seres vivos y tenemos tanto o más derecho a vivir libres que ellos! ¡Por lo tanto, propongo que pongamos en marcha el plan y que hagamos que esta noticia, aparezca en los titulares de los periódicos en primera página! ¡Hagamos que los humanos se enteren de una vez por todas de nuestra fuerza…! ¡Recuperemos nuestra libertad, y hagamos caso de nuestra ley! ¡La Ley de los Animales! ¡Ser libres, creer volar igual que el águila, y correr aventuras sin que nadie nos detenga…!

Todos gritamos:

-¡¡¡Bravo!!! -corearon todos.

Yo me sonrojé. Pero dije:

-¿Preparados para poner en marcha ese plan?

CONTINUARÁ…

Y ahora las aventuras y las fotos…

El primer finde fue desastroso… llovió y llovió y no cesó de llover durante todo el así que apenas salieron los colegas y solo los valientes, como Otto y un servidor, osamos desafiar las gotitas de agua que caían del cielo… Pero también fue desastroso porque nuestros papis se escondieron de la lluvia dejándonos “aparcados” mientras ellos nos hacían fotos a través del cristal oscuro desde donde se escondían…

Os dejo el enlace y las fotos

Pocas Fotos El segundo finde...  fue todo lo contrario que el anterior… Lorenzo brilló en todo su esplendor, pero también se dedicó a calentar el ambiente como si ya estuviéramos en verano. En consecuencia nuestro pequeño parque se llenó de mamás y niños tomando el sol por todos los lados, por lo que fuimos también pocos los amigos que salimos y, cuando lo hicimos, lo más tarde posible, cuando Lorenzo ya dejaba de calentar. Además se dio la circunstancia que, aunque no oficiales, era la fiesta de La Ascensión (aunque yo creía que eso caía en jueves) Pero aún hay más ya que el martes fue un día también especial, se celebró “La Balesquida” –esta si es una fiesta oficial- y aunque al principio Lorenzo se portó bien al final llegaron unas nubecitas que hicieron unas cuantas jugarretas al personal que comía “el bollu preñao” tranquilamente en el campo. A mí me pilló la lluvia justo cuando jugaba con mi amigo Tommy y, como él y su mami son muy amables –¿Será por el hueso que le regalé?-, nos dejó refugiarnos en su casa hasta que escampara… Allí jugamos un poquito y lo pasamos muy bien. Os dejo las fotos del Martes de Campo Hasta pronto amigos...

Patitas y Lametones

Yogui

lunes, 10 de mayo de 2010

Va de 9

Antes de nada mil y una disculpas a tod@s… Dos razones para ello, por  tardar tanto en postear aquí y por no escribir –que no leeros- en vuestros blogs pero, aunque parezca una disculpa muy manida, es que papi sigue muy liado y cansado con lo de siempre, la famosa AEAT y su trabajo; así que apenas me han dejado el PC para lo mío…

En fin que esta vez la cosa va de nueves…

3 finesde –múltiplo de 9- sin escribir, el último finde –que fue día 9- y el noveno capítulo de mis otras historias… Empezaré por éste y luego os dejaré las fotos –activar los comentarios si queréis saber algo más- de todos esos días… Espero sepáis perdonar la extensión del post, mis retrasos y mis silencios no deseados.

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 Y ya van nueve…

En la que descubro cuáles son las verdaderas intenciones de Johny Quebrantapiedras…

IX) La Ley de los Humanos

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La enorme máquina con cabeza de serpiente frenó en seco. Parecía que habíamos llegado. De pronto, unos hombres entraron en la habitación en la que estábamos encerrados. Eran unos cuatro o cinco. Cogieron nuestras cajas, y las sacaron sin ninguna delicadeza del lugar dónde antes nos habían encerrado.

Fuera, nos esperaban más hombres. Pero en mayor número. Esta vez eran unos diez o doce. Volvieron a amontonarnos en esa especie de trenecitos sin techo y en miniatura, y nos llevaron así un rato. Poco después, se pararon, y nos volvieron a coger. Esta vez nos metieron en el maletero de unos enormes coches. Yo estaba desconcertado. Pero Balto me dijo que no temiera. Estuvimos allí, enjaulados, durante unas dos horas.

Entonces, noté como el coche también se paraba, y unos forzudos hombres nos llevaron a los hombres durante unos minutos. Vi como nos íbamos acercando, a una impresionante y descomunal construcción, más grande que lo que yo había visto en toda mi vida, a pesar de que no es mucha.

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Cruzamos un interminable jardín, y por fin, entramos en la fortaleza. Allí estaba todo muy oscuro. Depositaron nuestras jaulas en una gran estancia vacía, formando una gran fila, unas cajas encima de otras. Otros diez o doce hombres, vestidos de militares, acudieron a dónde estábamos, y se pusieron también en una fila frente a las celdas, para vigilar que algo extraño no sucediera, y que no nos escapáramos.

Una vez que todo estuvo en orden, aquellos humanos, pusieron la mano en la cabeza, como si de soldados se tratara, y gritaron: “¡Señor!”.

Fue entonces cuando vi, que una oscura sombra iba apareciendo entre la negrura. Parecía un hombre, pero con cabeza de ciervo, debido a una desmedida cornamenta, del tamaño de una trompa de elefante, o incluso más. Aquello me horrorizaba.

El hombre con cabeza de ciervo, fue avanzando por la estancia, observando a cada uno de los animales que allí se encontraban, y dando órdenes a sus fieles sirvientes. Órdenes tales como:

“Demasiado pelo. Córtaselo. Demasiado flaco. Demasiado gordo. Cástralo. Lo quiero en el circo. Véndelo a la empresa TIGER TRAINING. Deshazte de él. Lo quiero para desayunar.”

Lo decía con firmeza, e inspiraba temor.

Eran órdenes extrañas. No comprendía a que se refería en algunas ocasiones. Además, lo decía en una lengua humana que yo no había oído nunca, pero nosotros los perros entendemos todas las lenguas que hay en la Tierra, ya sean humanas o animales. Tenemos un sexto sentido para esas cosas.

En ese momento, estaba reflexionando donde me encontraba, y cuál era el dialecto que aquel hombre utilizaba al hablar. Estaba yo pensando en esas cosas, cuando me di cuenta de que el hombre con cabeza de ciervo, había llegado a donde yo estaba, y me miraba con penetrantes ojos. Entonces, me señaló con el dedo índice, y ordenó:

-Él. Lo quiero a él. Traédmelo para cenar. Ahora -y se alejó.

¡Oh, no! ¡Ay, de mí! ¡¿Por qué tenía que ser yo?! ¡Quería comerme! ¿Qué iba a hacer yo ahora?

Pero, Balto me susurró al oído:

-No te preocupes. Yo te salvaré.

Y cuando los hombres abrieron las puertas de la jaula, Balto se abalanzó sobre ellos. Pero los hombres fueron más rápidos, y le clavaron una especie de jeringuilla, con la que lo dejaron tirado en el suelo. No abrió los ojos.

-Tranqui, campeón-rieron los malditos-¿Con que tienes ganas de lío, eh? El sueño que vas a tener ahora, te sentará muy pero que muy bien. Ya verás cuando te despiertes, a ver si aprendes a comportarte, con los diez latigazos que el amo exige para el perro que desobedece sus ordenes ja ja ja.

¡Oh, Balto! ¿Qué te habían hecho? ¡Mi fiel amigo! En ese momento, fui yo el que juré, que tenía que salvarle, a él, y a Lazzie, y si era necesario, a todos los animales que eran víctimas de aquellos humanos.

Los hombres me condujeron hasta otra estancia, en la que se encontraba aquel hombre con cabeza de ciervo. Ahora por fin pude verlo con claridad. ¡Era Johny Quebrantapiedras! ¡Aquel millonario loco y excéntrico que había podido ver retratado en el periódico! ¡Asesino!

Sus aliados me acercaron hasta dónde se encontraba, y me depositaron en la abundante mesa que tenía frente a él. Johny estaba sentado en una lujosa silla delante de mí, y me dijo:

-Hola, perrito. Ahora estás en Japón. Me presento. Yo soy el famoso Johny Quebrantapiedras. Y tú, te llamarás a partir de ahora Tokobetsu Na. Significa “Especial”. Como ves, te estoy hablando en español, porque tú no eres de aquí, ¿verdad?

Aquel hombre hablaba conmigo como si yo fuese a contestarle. Notaba un tono de burla en él. Como si pensase que yo no comprendía lo que me estaba diciendo. Pero… lo que más me sorprendió en ese momento, fue… ¡Japón! Así que lo habíamos conseguido. ¡Habíamos llegado! De todos modos, estaba desconcertado, porque… Bueno, había oído que los chinos tenían la fea costumbre de comer perros, pero… ¿los japoneses también?-retrocedí unos pasos.

A pesar de su crueldad, no parecía que Quebrantapiedras quisiese hacerme daño a mí, al menos en ese momento. La mesa estaba repleta de jugosos alimentos, y la boca se me hacía agua. Johny Quebrantapiedras me invitó a comer.

-Vamos, Tokobetsu Na, come. ¡Come!

A pesar de que le odiaba con todas mis fuerzas, y no quería acceder a su petición, acabé aceptando. Hacía mucho que no comía algo.

Fui comiendo sin pudor todo lo que había por allí: Manzanas, Pasta, Ensaladas, Huevos…

-Prueba también este delicioso guiso de carne- me dijo Johny, mientras me acercaba con su rechoncha mano el plato.

Yo lo olisqueé. Y me quedé observándolo fijamente sin comerlo. Había algo en ese plato que no me gustaba. ¿Estaría envenenado? ¡No! ¡No podía ser!

-Supuse que te darías cuenta-dijo el archimillonario extravagante-De que ese plato es un perro muerto, guisado.

Me quedé petrificado. ¡Aquel hombre era un Cantropófago!

-¿Sabes, Tokobetsu? Eso es lo que hago con las mascotas que me decepcionan-me miró fijamente.

¡Yo no me llamaba Tokobeso ni Tokobatsu! Yo era Yogui, y él no tenía derecho a cambiar mi nombre.

-¡Pero bueno!-siguió diciendo el humano-Estoy seguro de que tú-me tocó mi nariz suavemente-no me decepcionarás. Por tu propio bien. Verás, Tokobetsu Na. Tengo grandes planes para ti. Al igual que los tenía con ese traidor de Chimanire No. Nunca fue un perro sangriento, como yo deseaba. Era manso y tranquilo. Ni siquiera sabía dar muerte a un conejo, los días que salíamos de caza. Pero espero que tú sí-rió pérfidamente-De todos modos, los planes que tengo para ti, no están relacionados con la caza, ni la violencia. Pero sí con saber poner cara de perrito bueno jo jo- ¿Qué diablos quería decir?-Verás, Tokobetsu. Mañana por la noche, tengo una importante conferencia: “Pequeño Corazón Animal”. Ja ja.

Una reunión, con Causa Benéfica, para proteger a los animales. Todos los presentes, llevarán un animal al que hayan rescatado. Por ejemplo, un jabalí al que unos furtivos iban a dar caza. Incluso yo, el anfitrión, también he de hacerlo. Los animales a los que has acompañado en tu viaje en el tren, son, al menos la mayoría, animales en peligro de extinción. Llevaré todos esos animales a la reunión, y les diré a todos los que allí se encuentren, que los he salvado de una segura muerte. Todos hablaremos durante unas horas sobre paparruchas sobre los derechos animales, y,-sonrió- al final de la reunión, todos los presente me darán esos valiosos animales en peligro de extinción a los que han salvado, ¡a mí!-no pudo contener su risa-Puesto que piensan que yo les llevaré a un lugar seguro-siguió riendo sin parar-Imagínate, Tokobetsu Na. Me haré rico. Esos animales están muy bien de precio. En especial sus pieles. Por supuesto, me quedaré la mejor parte. Por ejemplo, siempre me ha gustado coleccionar cabezas, ja ja ja. Y las manos de los gorilas, que seguro me traerán, también me encantan.

Yo estaba aterrorizado. Tenía mucho miedo a aquel hombre. Él pareció darse cuenta.

-¿Qué, Tokobetsu? ¿Me tienes miedo? ¡Oh, no! ¿Será por esta horrible cornamenta?-me acarició melosamente-No te preocupes-vi como se quitaba la enorme cornamenta y la depositaba a un lado de la mesa-¿Ves, Tokobetsu? ¡No pasa nada! Mira, Tokobetsu. Con el dinero que recaude al vender las pieles o colmillos de esos animales, construiré un Museo de Animales Disecados en mi pueblo natal, ¡Murias! ¿No es maravilloso? Y lo mejor de todo, la gente confía en que esos museos se deben a mi famosa excusa: “Debido a la avaricia humana, dentro de unos años, los animales aquí disecados habrán dejado de existir. Es mi deber, por lo tanto, disecar al menos un ejemplar de cada especie, para que así las generaciones futuras puedan contemplarlos”-siguió riendo sin parar.

¡Aquel hombre estaba loco!

-Y bueno, Tokobetsu. Tú serás mi representante en la reunión. Tu graciosa carita y figura, hará que mucha gente participe en la reunión, y ya sabes lo que eso significa: Más animales y dinero para mí- definitivamente era un enfermo-Pero, para que la gente acuda. También tienes que dar pena. ¿Te importará si mis hombres te muelen a palos mañana por la mañana y te marcan una cicatriz con fuego al rojo vivo? Ja ja ja ja ja ja ja ja ja… -reía como un poseído- Diré que fue culpa de tu anterior dueño, debido al maltrato animal, y que yo te salvé. Así, la gente se apenará de ti y participará en la Conferencia. ¡Ay, precioso! Pero no te preocupes, será la única vez en tu vida que sufras más. Después, te convertirás en mi adorada mascota, para siempre. Y vivirás como un rey el resto de tu vida. ¿Qué me dices a eso, eh? ¡Oh, cielos! ¡Ojalá te hubiese encontrado antes! Tendrías que haber viajado conmigo, en el vagón de viajeros, y no en el vagón de carga y mercancías-se quedó callado unos momentos. Después exclamó extasiado-¡Ja ja ja ja! Gracias a ti, voy a hacerme de oro-sus ojos brillaron-Bueno, pues mañana, viajaremos a la estación de tren, y celebraremos la reunión, frente a la estatua del Gran Perro.

¿El Gran Perro? ¿A qué se refería?

-Bueno, mi querido Tokobetsu Na. Ven conmigo, te quiero enseñar una cosa.

Me cogió en cuello, se puso su cornamenta, y echamos a andar. Me llevó a una sala gigantesca, donde había una cama llena de comodidades. Parecía su habitación. Me hizo mirar para la pared de la sala. Lo que vi, hizo que me entrasen ganas de llorar.

Lo que vi, fueron cabezas de animales por todas partes, decorando la pared. Manos de gorilas adornaban las estanterías. Las mantas de la cama eran de piel de oso, según me contó, la cabecera de la cama era de marfil de elefante, la almohada tenía plumas de pavo real dentro de su funda.

-¿Te gusta, Tokobetsu? ¡Espero que te guste, porque va a ser a partir de ahora tu nuevo hogar! Pero si te ha gustado esto, te encantará lo que vas a ver ahora.

Me sacó de la habitación, y por una pequeña puerta, salimos de la casa y llegamos al jardín. Por allí, atravesamos unos matorrales. De pronto, Johny Quebrantapiedras se paró frente a una gran roca.

Gritó: “¡Ábrete, Sésamo!”, y la roca se abrió a la mitad. Johny entró conmigo. Yo estaba asustado. Pero, al entrar, pude ver que detrás de la roca, se escondía un guardián de Quebrantapiedras.

-Hola, Animarutoreña. ¿Qué tal?-dijo secamente.

-Bien, Señor, muy bien.

-Quiero que prepares una corrida.

-Ahora, mismo, Señor. Voy a avisar a los demás.

-Bien, Tokobetsu-dijo Johny Quebrantapiedras dirigiéndose a mí-No te preocupes por el truco de la roca. Era falsa. Pero es que quiero mantener este lugar en secreto, hasta que lo perfeccione del todo. Lo que estás a punto de presenciar, es un invento único, especial, e inigualable, inventado por mí, tomando como referencia las populares fiestas españolas. Cuando este espectáculo salga a la luz, la gente se morirá por ir a verlo, y yo conseguiré unos cuántos millones de yenes. Ja ja. Estoy seguro de que será todo un éxito, en especial en China. Les gustan mucho los perros muertos.

¿Pero qué pretendía hacer? ¿Otra locura aún mayor que cocinar a un pobre perrito inocente?

Caminamos por un suelo de arena y tierra, parecido al de un circo. Aquel sitio era un recinto cerrado, más o menos circular. El techo era muy alto, y estaba hecho de ramaje, por lo que podía entrar algún que otro rayo de sol. Subimos a una especie de gradas, y nos sentamos en el centro. Momentos después, el guardián que antes nos había abierto la puerta, salió con varios hombres más, y diez perros. Los humanos vestían trajes extraños. El guardián mismo llevaba una especie de capa de color rojo, creo, otro humano traía unos palos alargados con pinchos, y otro salía con un gran caballo con los ojos tapados. Por supuesto, no le vi los ojos, pero el caballo parecía triste. Al menos me daba esa impresión.

-¡Bien, Señor Quebrantapiedras! ¿Qué can prefiere que sea sacrificado? ¡A su elección lo dejo!

Johny Quebrantapiedras gritó:

-Deseo que sea sacrificado el perro del centro, el quinto.

Entonces me di cuenta, de que el perro del centro, era Balto. ¡Lo habían llevado hasta allí para sacrificarlo, esos malditos!

Comencé a ladrar para que Johny Quebrantapiedras rectificara.

-¡Oh! ¿Pero qué te pasa, Tokobetsu? ¿No te gusta el perro del centro? ¡Veo que me sigues el juego! ¡Bien, que sea pues el de al lado, también es fornido y válido para la corrida!

Johny había elegido a un perro de color marrón, como un bulldog pero el doble de grande y gordo. Se parecía a Quebrantapiedras, solo que en vez de ser una persona, era un perro.

Animarutoreña, el guardián, ordenó que el resto de perros fuesen devueltos a sus jaulas, y dejó al enorme perro en el centro de la plaza.

-¡Bien, un Bulldog, un Perro-Toro, el más adecuado para las corridas, de Perros!

El guardián, que vestía muy lujoso, se puso en el extremo opuesto de la plaza, y lanzó una especie de grito a la vez que movía la capa roja, para que el bulldog viniera hasta él. El bulldog así lo hizo. Se abalanzó sobre él, y el guardián lo fue esquivando. Así lo hizo durante un buen rato.

Después, el hombre que estaba encima del caballo cogió esos palos con pinchos de los que os he hablado antes, y se lanzó sobre el pobrecito perro. Le fue clavando varios de los palos, que le hacían sangrar a más no poder.

El pobre perro, ya solo se arrastraba a duras penas por el suelo, lanzando aullidos de dolor que solo yo comprendía.

El guardián que vestía lujoso, se acercó lentamente al perro, sacó un puñal, y se lo clavó en el corazón. El perrito escupió al guardián con sus babas, y lanzó su último gemido.

El guardián, sin compasión, le arrancó una oreja, y se la tiró a Johny Quebrantapiedras. Después se inclinó ante él.

-¡Bravo, bravo! ¿Te ha gustado, Tokobetsu? ¡Quiero ese perro para cenar pasado mañana junto con Tokobetsu! ¡Mañana cenaré fuera!

-Como usted ordene, mi señor. Así se lo diré a los cocineros.

-Bueno, Tokobetsu, vámonos. Ya hemos visto bastante. Pero no lo olvides. Más vale que mañana inspires compasión a la gente, o tu destino será el de ese estúpido perro, o aún peor. Quién sabe, tal vez te aplaste como suelo hacer… ¡con las piedras! Ja ja ja…

Cogió una roca del suelo y la hizo convertirse en polvo. Cada vez le tenía más miedo. Y ahora ya comprendía su apodo.

Cuando salimos del recinto, dimos un paseo por el jardín durante unos minutos, y después, Johny Quebrantapiedras me llevó a mi jaula. Camino a ella, me estaba acariciando el cuello, y se dio cuenta de que en él tenía un collar.

-¡Oh…! ¡Así que mi pequeño Tokobetsu Na tiene dueño! Aquí pone… ¿Yogui…? ¡Bah!-me arrancó el collar bruscamente, y lo tiró al suelo-¡Tú eres mi Tokobetsu Na, y nadie va a negármelo! ¡Aprende a vivir sin ese endemoniado collar! ¡Se quedará frente a tu jaula! ¡Y si no aprendes a ignorarlo, y a olvidarte de tu antiguo dueño, tu castigo será terrible! ¡Maldito perro!

Y se fue furioso de la sala.

Todos los vigilantes se fueron y nos dejaron solos. Ya era de noche y teníamos que dormir.

Me di cuenta de que en la jaula que había debajo de mí, estaba Lazzie. Aquella noche pude por fin estar tranquilo, sabiendo que ella estaba a salvo.

Balto estaba en mi misma jaula, aunque yo aún no me había dado cuenta pensando en Lazzie, y me dijo una sola palabra, pero que expresaba todo su agradecimiento gracias a su cariñoso tono de voz:

-Gracias.

Yo le sonreí.

-Bueno. Tú me salvaste dos veces. Ahora solo me queda otra vez más para saldar la deuda.

No obstante, me había asignado una misión a mí mismo. Ningún animal que allí estuviera, quedaría prisionero. Antes de la masacre que aquel millonario loco tenía preparada, todos escaparíamos de allí.

CONTINUARÁ…

Y lo prometido, las fotos de mis tres últimos fines de…

El primero… La Piscina Disfrutamos de una pequeña piscina que apareció en el parque, bueno unos más que otros. Al final los papis decidieron que era mejor tenerla cubierta para que el agua estuviera mas calentita arf, arf, arf…

El segundo… Los Perritos Trabajadores y Día frío

 

De el tercero y último solo tengo cosas del 9 –el domingo- porque el sábado llovió y llovió y llovió sin parar y, sin embargo, la tarde del 9 fue una de las más divertidas que recuerdo porque todos querían jugar conmigo ¿por qué será?…

Os dejo las fotos El 9 para que saquéis vuestra conclusiones arf, arf, arf…

Un patiabrazo a tod@s

Yogui

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