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jueves, 29 de julio de 2010

Dos capítulos y muchas fotos

Bueno… Ya si que no tengo disculpa alguna, llevo casi dos meses “desparecido”, pero he de decir que todo es culpa de papi, que está enfrascado en otras cosas muchísimo menos importantes que mi blog dejándome muy poquito tiempo el ordenador para escribir mi historia.

Así que en mis poquitos ratos libres he acabado 2 enormes capítulos de mis aventuras japonesas que os dejo a continuación.

En cuanto a mis aventuras de aquí… al final de los capítulos están las fotos.

El capítulo 12:

Un mono muy mono

En mi Gran Aventura, os presento a Monóru, un desgraciado simio marginado por la sociedad, pero con buen corazón animal…

XII) Conversación con un Simio

-¡Yogui, Lazzie! ¡Esperad! ¡No cometáis una locura!-gritaba Balto preocupado.

Entonces, oyó unas toses, probablemente provocadas por falta de oxígeno.

-¡Yogui! ¡Lazzie!-y él también se internó en el fuego.

Pasaron unos minutos, pero, Lazzie, Balto y yo, salimos con vida del fuego, con el pequeño mono, que estaba tosiendo sin parar debido al humo, en "patas". (Los bipes dicen "brazos"). Pero al salir, vimos que todos los animales ya se habían ido y que en su lugar, nos esperaban los Yakuza de Johny Quebrantapiedras. Ni Balto ni Lazzie ni yo, tuvimos tiempo de reaccionar y los hombres nos capturaron.

Pero, cuando ya lo creíamos todo perdido, el pequeño mono de cara rojiza se abalanzó sobre los hombres y comenzó a darles mordiscos y arañazos. Así que, uno de los hombres lo cogió por el cuello, y lo lanzó contra un tabique de la mansión. Éste se tambaleó, ¡y se cayó al suelo! Todo el edificio perdió el equilibrio, y el Gran Palacio de Johny Quebrantapiedras, comenzó a derruirse y derrumbarse sin remedio.

Entre los escombros, el macaco nos guió hasta la salida.

La mansión se destruyó sin que se pudiese hacer algo para evitarlo, y no pocos hombres quedaron atrapados dentro. Mientras nosotros salíamos, me pareció oír un grito desgarrador de la garganta de Johny Quebrantapiedras, ya que nosotros, los perros, tenemos un oído muy fino.

Siguiendo al mono, los tres (Balto, Lazzie y yo) nos adentramos en el jardín, ahora hecho cenizas, y por fin cruzamos la valla que cerraba el paso a la Lujosa Casona.

Una figura negra como el azabache resurgió de entre los escombros, y miró con relucientes ojos como nos alejábamos.

-¡Señor Mono! ¡Le debemos la vida!-exclamé.

-No, yo os la debía a vosotros-tosió-Lo único que hecho es saldar mi deuda.

-Pues a mí me falta saldar la mía con Balto-le sonreí.

-¿Por qué nombre desea que le llamemos?-preguntó cortésmente Lazzie.

-Humildemente, Monóru, para servirla-Monóru, que así resultó llamarse, hizo una reverencia.

¡Ah, no me lo podía creer! ¡Ahora Oviedo, mi ciudad, no tendría que sufrir esa masacre que Johny tenía planeada, ni iba a quedar carente de animales, debido a que Quebrantapiedras deseaba secuestrarlos y matarlos a todos, dejándolos disecados en un Museo…! ¡Horrible! ¡Pero ese loco había recibido su merecido! Oviedo seguiría siendo mi querida ciudad de siempre… La añoraba mucho…

Debía mucho a mis queridos amigos, la Señora Ki-Natacha, el Señor Brochettes, Monóru… Me fijé en sus ojos, y…

-¡Un momento! ¡Tú eres el mono de volcán!-exclamé.

-¿Cómo?

-Tú eres el Macaco de Cara Roja.

Sigo sin entender a qué te refieres.

-Al único animal, exceptuando a mi padre, que no se presentó cuando tramé el plan. Él que estaba apartado del resto, en una esquina… ¿Qué dijo esa vieja liebre sobre ti?

-¿Una liebre?

-¡Ah, sí! ¡Qué sufrías "equizorrenia"!

-¿Qué tratas de decirle a Monóru, Yogui?-dijo Balto.

-¡Qué sufrías esquizofrenia!-me acordé de la palabra.

El mono agachó la cabeza.

-¡Eso no es cierto!-dijo-¿Por qué he de ser rechazado de la sociedad de esa manera? ¡Acaso no os he salvado la vida!

-Pero… Lo que yo quería decir… Es… ¿Qué es esquizofrenia?

-¡Una mentira!-dijo Monóru.

Eso quería decir que la liebre le había llamado "Mentiroso"… ¿Era para ofenderse tanto? No me quedó muy claro…

-¡Monóru! ¡Monóru!-le dije-¡No te enfades, por favor! ¡No te vayas! ¡Escucha, esa tonta liebre lo único que quiere es que nos sintamos mal todos… Llamó a la Señora Ki-Natacha anoréxica, a mí bobalicón… ¡Por favor!

-Lo siento-dijo Monóru-Tienes razón. La culpa no es tuya.

-Muchas veces-añadí-Tus propios congéneres se burlan de ti. A mí, por ejemplo, siempre me han llamado, paticorto, y eso que no sé por qué… Pero… ¿has de intimidarte o acongojarte por ello? ¡No! ¡Siempre has de ir con la cabeza bien alta! ¡Salvo cuando estés oliendo el rastro de una chica guapa! ¡Entonces no!

Monóru parecía no entenderme.

-Bueno, lo que quiero decir…

-Lo que quiere decir Yogui-me interrumpió Balto-es que uno no se ha de creer o tomar a pecho lo que unos malpensados le digan. Olvídate de ellos, porque tú sabes lo que eres, y sabes lo que haces. ¡No hagas caso a esos estúpidos que se burlen de ti!

-Pero es qué…-dijo Monóru.

-Además-seguí hablando de nuevo- Yo, precisamente, voy a la búsqueda de mi verdadera identidad.

-¿De verdad?

-De verdad de la buena. En cierta forma, estoy en un caso similar al tuyo. ¿¿Pero me ha afectado?? ¿¿Me ha importado?? ¡¡No!! Y ahora, voy a encontrar mis orígenes y demostrarles a todos, quien soy en realidad.

-Pero… ¿qué orígenes?

-Bueno, verás, existe un Dios…

-¿Un Dios?

-Sí, un Dios, que se llama El Señor de los Huesos. De él soy yo descendiente-Monóru estaba asombrado, pero luego yo comprendería por qué lo estaba en realidad-Por ello, he viajado hasta Japón para encontrar el lugar en dónde vive, y así, saber QUIÉN SOY YO, en realidad. Por eso estoy aquí.

-Pero… ¿es un Dios, de verdad?

-¡Pues claro! Él es el Dios Animal.

-¿El Dios Animal?

-Te lo explicaré desde el principio. Según la religión cristiana, antes que nada hubo un alguien, un ser. Ese alguien, ese ser, fue el que expandió todo el universo, y creó la Tierra, el Sol, la Luna, y separó la Luz de la Oscuridad. Después, decidió dividir el trabajo, creando los Cinco Elementos: El Agua, la Tierra, el Fuego, el Viento, y el Vacío. Acto seguido, repartió su tarea con otros dioses: Los Reyes Magos, los cuáles, a su vez, decidieron concedérselo, a sus mascotas, los Reyes Perrunos o los Canes Magos: Rahmân, Asad y Hadi. Él se encargaría de los humanos y el Universo en general, y ellos de los animales y la naturaleza.

Pero… ¿dividió el trabajo solo en Cinco Elementos? ¡No! ¡Lo repartió en seis!

-¿De veras? ¿Cuál es el Sexto?

-¿Qué cuál es el Sexto…? ¡El Hueso? ¡El Elemento Animal!

-Un momento, espera…

-Déjame terminar… El Universo fue evolucionando, y los Seres Vivos que habitaban en él, también. El lobo, se transformó en el perro… Pero, aunque no lo creas, ahí empezó el problema.

El Hueso controla el poder del Reino Animal, quien lo posea, lo controlará TODO…

Por ello, un gran grupo de lobos que no querían evolucionar ni convertirse en perros, se rebeló contra los Guardianes del Hueso, los Reyes Perrunos, y decidieron ROBAR el Hueso.

Para ello, enviaron a uno de sus aliados a que se camuflara entre los perros como tal, y así éstos le contasen dónde estaba el Hueso. Este lobo, tenía la Pata Torcida…

-¿Y qué tiene que ver?

-Ya lo verás…

Resulta, que surgió un imprevisto. El Lobo de la Pata Torcida, se enamoró… Estaba dividido, entre su amor, y su manada. Así que decidió contarle a aquella perrita la verdad. Aunque ella al principio se enfadó, le comprendió enseguida. Juntos, urdieron un plan, y después, se lo contaron al resto del bando perruno. Todos estuvieron de acuerdo en lo que había que hacer.

A la mañana siguiente, el Lobo de la Pata Torcida, partió hacia su verdadera manada, y les indicó una senda hacia dónde estaba el Hueso, en una cueva.

Cuando los lobos entraron allí, se dieron cuenta de que todo era mentira, y que los que había allí eran todos los perros, que les habían tendido una trampa. Les atraparon y les encerraron en la cueva de por vida.

Después, el ahora ya PERRO de la Pata Torcida, ordenó tapiar la entrada a la verdadera Cueva del Hueso.

Como premio a su valentía y honestidad, los Reyes Perrunos, le nombraron El Señor de los Huesos, Dios, de los Perros. Todos los perros se ocultaron en la cueva junto con el Lobo de la Pata Torcida, para proteger y guardar el Hueso. Pero, El Señor de los Huesos tuvo muchos hijos con su amada, y los repartió por la Tierra, para que siguiesen cuidando del mundo.

Pero solo un descendiente de El Señor de los Huesos, conseguirá encontrar y tener en sus patas el Hueso, y con él el control del Mundo Animal. Este descendiente habrá de tener la pata tan torcida, como su anciano ancestro. ¿Comprendes ahora?

-Pero Yogui está en un aprieto-dijo Lazzie.

-Sí-dijo Balto-Resulta que él nació hijo de un descendiente de El Señor de los Huesos. Pero, al contrario que nuestro benefactor, su padre es un maléfico perro, obsesionado con conseguir el Hueso. Para saber si se es digno de tal privilegio, se le ha de romper la pata al cachorro recién nacido, y a la cría no le ha de producir dolor. A Yogui no le hizo daño.

-¿Y eso es bueno, no?

-¡No! Su padre tenía planeado secuestrarlo y obligarle a llevarle hasta el Hueso, pero, por suerte, Yogui se marchó a vivir a otra familia, ya que sus dueños lo regalaron. Pero ahora, su padre, Truhán, ha descubierto que sigue vivo y nos está persiguiendo, y no parará hasta encontrarle.

-¿Te ha quedado claro ahora?-le pregunté a Monóru.

-Sí, y no… No es eso lo que yo aprendí.

-¿Aprender? ¿Qué aprendiste?

-Mi raza tiene otra religión, y creemos que es la verdadera.

-Bueno… ¿y cuál es?

-Lo que vosotros decís, me hace ver las cosas mucho más suaves y bonitas.

-¿Y…?

-Pero mi raza tiene otra mitología. Sangrienta, violenta, y deprimente. Con la que yo nunca estuve de acuerdo. Por eso me alivia oír vuestras palabras. Pero ya no sé qué creer.

-¡Sigue hablando!

-Según mi especie. En los años ancestrales del Universo hubo una Batalla, la mayor batalla que la Tierra ha sufrido. Dos dioses, luchaban por el poder: El Agua, y el Fuego. Algunos simios quisieron ayudar al Agua, y otros, por temor, al Fuego, el cuál quería esclavizar a toda la población del mundo, para que les sirviera.

El Agua lanzaba enormes olas contra a la Tierra, contra los simios que no estaban de su parte, pero aquellas olas, arrasaban con todo, y también acababan con seres inocentes, que estaban de su parte. El Fuego, como venganza, lanzaba enormes bolas y piedras de fuego, que caían desde el cielo y hacían cenizas todo.

Al final, el Fuego, venció al Agua, y se hizo con una poderosa arma que dominó a todos los monos. Una poderosa e invencible arma que sometería a todos a la esclavitud. Como castigo, por no haberle adorado en la Guerra, y haber estado de parte del Agua, los maldijo a todos, transformándolos en una nueva raza; en Demonios del Fuego que dominaron el mundo junto al Fuego, creando armas capaz de escupirlo. Sin embargo, algunos monos escaparon de la maldición, pero no tardaron en ser aprisionados y humillados por esa nueva raza: Los Humanos.

-No era eso lo que yo tenía entendido-dije.

-Bueno, pero ahora déjame terminar tú a mí. Los monos que aún estaban libres, huyeron de los Humanos, e iniciaron una Legendaria Travesía a través de todos los mares y océanos, y tierras desconocidas. Hasta arribar, en una isla desconocida por todos. Huyeron hasta una colosal montaña, y se refugiaron allí. Durante algunos siglos, pudieron sobrevivir, sin que el Fuego ni los Humanos les encontraran. Cuando algún esbirro de éste, una pequeña llamita, los avistara, el Agua nos ayudaba y la hacía desaparecer. De hecho, el Agua, creó también un Arma Secreta para seguir luchando contra el Fuego: La lluvia.

-¡Caramba!

-Los monos adoraban al Agua, y le ofrecían toda clase de presentes, hasta que un día, el Fuego los descubrió, y dominó la montaña. ¡Hizo que aquel enorme monte, se partiera, y se abriera una enorme boca en su cumbre, que empezó a escupir fuego, llamas y azufre, asesinando a la mayoría de primates que habían osado desobedecerle! Los que consiguieron sobrevivir, fueron obligados a adorar al Fuego, y a ser sus sirvientes y criados, durante muchos milenios…

La Montaña de Fuego, fue empezada a ser rodeada por una gran población humana, que les observaba día y noche.

Pasado un tiempo, los Humanos, los aliados del Dios del Infierno, llegaron a la Montaña de Fuego, y nos encarcelaron a todos. Al parecer, al Fuego le había parecido que no estábamos bien vigilados.

-¿"Estábamos"? ¿No será "Estaban"?

-No. Estábamos. Yo ya estaba entre ellos.

-¡Increíble!

-Pero no es lo peor.

-¿Qué es lo peor?

-Para no ser devorados por el Fuego, como nuestros antepasados, la primera Luna Llena de cada estación, hemos de entregar un tributo al Fuego.

-¿Cuál?

-Un tributo de un Ser Vivo. Un sacrificio, mortal.

-¡Oh, no!

-Sí, esa primera Luna Llena de cada estación se había de capturar al simio elegido, y, ¡tirarlo por la Gran Boca de la montaña!

-¡Por la Pata Torcida!-exclamó Balto.

-En eso no acaba todo. Hace unos meses, yo fui el elegido, para ser tirado por la Boca.

-¿Y qué hiciste?

-Después de reflexionarlo mucho, conseguí escaparme gracias a mi astucia, y llegué a la residencia de los Humanos. Pero, por desgracia, ese Demonio de Johny Quebrantapiedras me capturó, para sacrificarme él mismo. ¡Estoy seguro!

-¿Eso es lo que crees?

-Yo… Ya no sé lo que creer… Lo que tengo claro, es que desde el día en que me obligaron a tirarme por la Gran Boca, me di cuenta de que aquello era algo injusto y cruel. ¡Y pensar en todos los pobres simios inocentes que habían muerto…!

Pero, lo peor. Es el Castigo.

-¿Qué castigo?

-Por no habernos dejado maldecir en su momento, ni transformarnos en humanos, el Fuego controla nuestra mente durante cada día, haciéndonos ser crueles y violentos, sin nosotros poder evitarlo.

-¿Controla vuestra mente? ¿Y acaso lo está haciendo ahora?

-¡No! Ahora no. Porque el único momento en que no puede controlar nuestra mente, son las noches, y ahora es de noche.

Era cierto, y a pesar, de que estaba amaneciendo, unas extensas nubes cubrían todo el cielo.

-Además, en realidad, por las noches no nos deja dormir, y nos atormenta con pensamientos desagradables. Pero, solo en las noches de Luna Llena, podemos ser nosotros mismos y ser libres. ¡Es terrible! De hecho, antes de que amanezca me tendré que ir, porque si no perderé el control e intentaré asesinaros violentamente.

Se puso triste.

-¡Vamos, vamos! Yo no lo creo…-le dije para animarle-Un mono tan bueno como tú no puede hacer daño a nadie…

Estábamos llegando a la ciudad. La gente que iba al trabajo o que estaba sentado en algún bar, miraba nuestra curiosa pandilla (Tres perros, uno mucho más grande que los otros dos, y un mono) sonriente. Y después, se desternillaba de risa. Aunque algunos les pareció extraño y sospechoso.

Yo seguía caminando como si nada.

Me fijé en que los hombres de allí, tenían la piel amarillenta y los ojos rasgados. ¿Algo les habría pasado a todos ellos?

Seguí hablándole a Monóru.

-Tú no serías capaz de matar a nadie. Y no te dejes controlar por nadie.

-Pero, es que es muy poderoso, ¡y todos le tememos!

-¡Solo son supersticiones! Y esas supersticiones engañan a tu propia mente, haciéndote creer las fantasías que tú mismo inventaste. ¡Hasta ahí llegan algunos religiones salvajes!

-¿Salvajes?

.¡Sí! Esas creencias, os hacen perder la cabeza, y os estáis engañando a vosotros mismos. Mira, yo no sé si ese mito es real o no, lo único que sé, es que habéis de luchar.

-¿Otra Batalla?

-¡No una guerra, no una batalla real! Hablo de una lucha espiritual. Has de luchar contra tus propios pensamientos, y plantarles cara a tus miedos. No te dejes manejar por nadie. ¡Tú has sido valiente y has escapado! ¡Has luchado! Y eso es lo que has de seguir haciendo. No pienses que un ser malvado te está observando desde el cielo, y obligándote a hacer cosas malas. ¡Has de tener personalidad! Nuestra religión, la Religión Perruna, se basa en la bondad y en la sabiduría, en cumplir tus obligaciones y ayudar al prójimo, y eso, es por lo que has de pelear. ¡Por la Justicia!

-¡Por la Justicia!-exclamamos, Balto, Lazzie, y yo.

-¡Ten personalidad!-terminé.

-Yogui, te llamas así, ¿verdad? Y también tus dos acompañantes. Me habéis hecho ver las cosas de distinta manera, de verdad. ¡Muchas gracias! Si alguna vez necesitáis algo, y ahora que ya me voy a controlar… Pues…

-Ahora que lo dices, en algo, sí que nos puedes ayudar. No te preocupes, no te pido ningún sacrificio-dijo Balto pensativo-Como sabes, tenemos que encontrar la Ciudad Perdida de los Canes, y tenemos un acertijo que descifrar para encontrarla. Te lo diré a continuación:

Dónde el Reino Perdido esté

Y también el Hueso verás,

Estarán los huesos,

De alguien más…

El mejor amigo del hombre,

Nunca se separará,

De lo que por la Muerte,

Separado está…

Y este viejo acertijo prueba,

El Dicho, que dice, verdad…

¿Te dice algo?

Monóru se tocó la barbilla.

-¿Los huesos de alguien más, eh…? Creo que eso me dice algo…

-¿El qué?

-Una tumba. Un cementerio. En los cementerios se entierran a los muertos, y a medida que sus cuerpos se van desintegrando, son sus huesos los que quedan después.

-¡Claro! ¡Qué tonto! ¡Cómo no me di cuenta!-exclamé-¡Un cementerio!

-¿Conoces alguno por aquí cerca?-dijo Lazzie.

-No… ¡No lo sé! Es la primera vez que salgo de la Montaña.

-Bueno, perfecto-dijo Balto-Ya sabemos que la Ciudad se oculta bajo una Tumba. Bajo los Huesos de alguien importante, y relacionado con los animales… Pero, o bien es una persona amante de los perros…

-¡Ni me las menciones!-dijo Lazzie.

-O bien es un perro. Un perro importante… Y enterrado bajo una lápida.

-¡Tú!-dije extasiado por haber resuelto el acertijo.

-¡Mi tumba, está en Nome, no en Japón! ¿Qué pintaría mi tumba en Japón? ¡Piensa antes de hablar!

-Bueno… Era una idea…-me excusé.

Monóru nos miraba asombrado. No entendía de que estábamos hablando.

-Bien, bien… Podríamos buscar en un Cementerio de Perros. Ya solo nos falta encontrarlo. Puede ser un perro japonés… ¿A alguien le dice algo el resto de la adivinanza?-ninguno contestó, salvo Monóru.

-Creo que no…

-Bueno… Algo es algo.

-Cambiando de tema-dije-Monóru, El Señor de los Huesos, nos ayudará a todos a encontrar nuestro Camino en la vida, nuestro Destino, nuestro Sino… ¿Te gustaría venir con nosotros…?

A Monóru se le iluminaron los ojos de alegría. Pero, entonces…

-¡No, el Sol!

Las nubes se apartaron, y dejaron paso a la brillantez del Sol.

Monóru se tiró por el suelo, y comenzó a hacer "esparavanes". Se retorcía, y gritaba y gritaba…

-¡No! ¡El Sol! ¡No! ¡Ahhhhg! ¡Socorro!

-¡Monóru, por favor! ¿En qué habíamos quedado? ¡Por favor, no puedes perder el control! ¡Tienes que calmarte!-gritaba yo-¡Ten personalidad propia!

-¡¡¡El Sol…!!!

CONTINUARÁ…

Y el 13:

Una alocada persecución

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¡…Y llega la décimo tercera entrega…! ¿Casi nada, eh…? En este capítulo, que espero que os guste y os divierta, realizaré, junto con Balto, Lazzie, y un nuevo recluta para la pandilla, Crinés Rinés de Inés, el amigable caballo de la Corrida de Perros de Johny Quebrantapiedras, una alocada persecución por el zoológico, en el que nos disponemos a liberar también a todos los animales prisioneros, perseguidos por los malvados pero torpes Yakuza del Millonario Loco.

XIII) Persecución por Japón, y monos “equizorrénicos”

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-¡Monóru! ¡Contrólate! ¡No te dejes dominar por esas supersticiones!

Los ojos de Monóru, se pusieron rojos, comenzó a dar estridentes gritos, y tomó la postura de una bestia salvaje. Se arrancaba el pelo, y se golpeaba el pecho… Se revolcaba por el suelo. Sus dedos se convirtieron en garras, ¡y sus dientes en afilados colmillos!

-¡Monóru! ¡Por favor!

-¡Huiiiiiiid!-gritó con furia.

-Vamos, Yogui, Lazzie, ¡corred!-exclamó Balto.

-Pero… no podemos dejarlo así…-dije visiblemente preocupado.

Pero Balto no nos dio tiempo a quejarnos, ni a Lazzie ni a mí. Nos cogió por el cuello, y empezó a correr velozmente.

¡Pero! ¡Horror…! Monóru, no había podido controlarse, y corrió a perseguirnos sanguinariamente, sin poder evitarlo.

Balto corría como podía.

Pero Monóru, era un ágil simio, y saltaba de Palos de Luz en Palos de Luz (O “Farolas”), y de vez en cuando, intentaba tirarse sobre nosotros.

La gente que por allí pasaba, era inevitablemente empujada por Balto, y éstos se quedaban muy sorprendidos, al mirar al cielo, dónde había un mono salvaje saltando de tejado en tejado.

Llevábamos un buen rato corriendo en línea recta, por las calles principales de la ciudad.

Entonces, el mono chocó contra un aparato de esos que emite colores (“Semáforo”) y se quedó inconsciente. Balto frenó en seco. Se quedó un tiempo parado, y después, dijo:

-¡Rápido, por aquí!

-Pero hay que ir a ayudarle-dije.

-Nada de eso. ¿No supones lo que hará cuando se despierte?-me contestó Lazzie por Balto.

En vez de seguir en línea recta, giramos a la derecha, por un pequeño callejón, muy estrecho, en el que Monóru no podría columpiarse por los tejados y los Palos de Luz, ya que no había nada.

Estuvimos unos minutos corriendo por el callejón, cuando nos dimos cuenta de que no era necesario; nadie nos seguía.

-¡Hay que ir a ver a Monóru! ¡Igual le ha pasado algo grave! ¡Y si no venís conmigo, iré yo solo!-seguí en mi cabezonería.

-¡¡Ni hablar!!-dijeron Lazzie y Balto a la vez.

Yo bajé la cabeza. Al menos me alegraba de que los dos conectasen.

Pero, de pronto, un alarido se oyó, y unos ligeros pasos se empezaron a oír, rodeados de silencio.

-¡Oh, no! ¡Hay que darse prisa! ¡Ya viene!-dijo Balto.

Nos volvió a coger por el cuello, y volvió a correr.

Pero de nada le sirvió. Ya se notaba como una sombra se acercaba rápidamente.

Pero Balto, siguió corriendo. Hasta que se dio cuenta, de que aquello era un callejón sin salida.

Nos paramos frente a un contenedor de basura, el cual no sé qué pintaba ahí, pero allí estaba.

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Ahora Monóru se acercaba despacio. Nos miraba relamiéndose.

Balto nos protegió detrás de sí.

Monóru, cogió carrerilla, ¡y se lanzó contra Balto!

-¡Al suelo!-gritó Lazzie.

Y, en un instante, hizo que Balto y yo nos tiráramos al suelo igual que ella.

Monóru había pegado un gran salto para abalanzarse sobre Balto. Ahora, sin poder hacer nada, ¡se metió en el contenedor de basura! Lazzie cerró la tapa en ese mismo momento.

Se oyeron gritos dentro del cubo, pero ya no podía salir. Estaba atrapado entre todos aquellos residuos.

Balto y yo le dimos las gracias a Lazzie, y le sonreímos. ¡Nos había salvado la vida! Bueno, al menos a mí. (Balto está semi-muerto).

Los tres comenzamos a andar a paso ligero, saliendo de aquel putrefacto callejón de basurero.

Llegamos a la calle.

Caminamos juntos, conversando amenamente, como buenos amigos.

Pero, yo me fijé en la gente de Japón, que seguía mirándonos y sonriéndonos.

Me di cuenta de que también había humanos desgraciados y pobres.

Encontramos a tres o cuatro, tirados en las aceras. Uno de ellos estaba a punto de morir.

Me dio una gran lástima. Ya no sabía si creer lo que me había dicho Balto, cuya opinión, como recordaréis, era bastante positiva sobre las personas, o si creer a Lazzie, que trataba a los humanos de “Seres Salvajes sin escrúpulos”.

Nos detuvimos frente a un pequeño bar. Allí había algunos alimentos desperdigados por el suelo. Nos dedicamos a comer las migajas que encontramos. Algunas personas que allí estaban, nos daban de comer a la boca, sobre todo a mí, porque soy muy guapo (No es por presumir) y a Lazzie. Aunque, en realidad, ella nunca aceptó la comida que le quisieron dar. No se fiaba de ellos.

Pero, entonces, ¡vimos llegar a uno de los Yakuza de Quebrantapiedras! Pero eso no era lo peor, ¡traía a Crinés Rinés consigo!

Balto nos ordenó que nos escondiéramos tras un muro. Pero, cuando levanté la vista, ¿a que no adivináis lo que encontré? Un cartel en la pared, sobre Johny Quebrantapiedras. Era como una pesadilla, como si me persiguiera.

Tenía una foto del malvado. Pero no parecía el mismo. Tenía aspecto débil y desganado.

-¿Alguien de aquí sabe leer humano?-dije yo, aún sabiendo que es una pregunta que no tiene respuesta.

Pero, a pesar de aquel pequeño imprevisto del Yakuza, la suerte vino hacia nosotros esta vez, pues una pareja con un bebé en un carrito de coche, se acercó casualmente a leer el cartel en voz alta. La mujer habló:

-“Se cancela la Conferencia Pequeño Corazón Animal, por el estado grave de su productor, el Danshaku Juan Isaac de la Torre*, popularmente conocido como “El español Johny Quebrantapiedras”. Su mansión se ha derrumbado por causas desconocidas, y ninguno de los animales que estaba entrenando ha sobrevivido. Nuestro querido protector de animales está en condiciones pésimas, y no se sabe si sobrevivirá”.

La señora añadió:

-¡Caramba, pobrecito! Siempre me ha caído muy bien. ¡Una gran persona! ¡Qué lástima que estas cosas pasen!-y se alejó junto con su familia.

*Danshaku: Título Nobiliario Japonés equivalente a “Barón”, perteneciente al Kazoku, hereditario del Imperio Japonés que se mantuvo entre 1869 y 1947.

-¿Querido protector de animales? ¿Ningún animal ha sobrevivido?-Balto rechinó los dientes.

-¡Todo lo que la prensa y los malditos humanos se inventan!-dijo ofendida Lazzie.

-¡Lógico! ¡Él no podía dejar que nadie se enterara de lo que había ocurrido en realidad! ¡Que un “Puñado de animales” se rebelaran contra él! ¡Y tampoco podía permitir que descubriesen que en realidad es un furtivo!-dije indignado.

-¡Y por ello, seguro que ese mafioso, ha mandado a todos esos Yakuza, que trabajan para él para realizar actos viles y propios de ladrones, aunque nadie lo sabe, a capturar a todos y cada uno de los animales que se hayan escapado, para que así la gente no descubra la verdad! ¡Habrá que tener los ojos bien abiertos!-dijo Balto.

-¡Al menos ahora ese sinvergüenza irá adónde tiene que ir!

-¡No tardará en morir!-añadió Lazzie.

-¡Ey! ¡Ey!-gritó una voz.

Salimos cautelosamente del muro.

Crinés Rinés de Inés nos llamaba.

-¡Ey! ¿Es que no vais a ayudarme? ¡Yo os auxilié una vez! ¿Lo recordáis?

-¿Qué hacemos, Balto?-pregunté.

-¡Si te ayudamos, nos capturarán también a nosotros!

-Ya… Pero, ¿no vale la pena intentar devolverme el favor? También a mí me pudieron haber pillado, cuando os ayudé a escapar… Por cierto. Para que podáis dormir tranquilos. He leído ese cartel. Es una farsa. Todos los cautivos han conseguido escapar de la mansión. La ONG “Animales en Acción” los está transportando secretamente a todos a sus casas. No hay de qué preocuparse. Y ahora, para agradecerme dicha información… ¿por qué no me ayudáis?

El matón lo sujetaba firmemente por las riendas. A pesar de estar encima de él, no se había dado cuenta de qué estábamos allí, pues estaba tomando algo alegremente en la “Barra del Bar”.

Balto, después de observar la situación con detenimiento, dijo:

-Está bien. Está bien. Te ayudaremos.

Y, de pronto, pegó un ladrido tan descomunal que hizo, literalmente, caerse al Yakuza del caballo, y mancharse todo su oscuro traje, su bombín, e incluso sus gafas negras, de sake del bueno, cosecha del 97.

-¡Muchísimas gracias!-dijo Crinés, y todos juntos comenzamos a correr.

El matón, se levantó rápidamente, y telefoneó a alguien dando gritos. Al parecer se había dado cuenta de quiénes éramos, y de qué entre los animales estaba yo, el predilecto de Quebrantapiedras.

Enseguida apareció otro matón, ataviado igual que el primero, montado en una vieja mula, que apenas podía andar.

Nosotros ya nos alejábamos.

El matón Nº 1, tiró al Yakuza Nº 2 de la mula, y juntos, desaparecieron por una callejuela.

-¡Uf! Ha faltado poco-dijo Crinés.

-¡Y aún falta máááás!-grité, al ver aparecer por otra callejuela, un lujoso coche negro, que corría a toda pastilla hacia nosotros. Dos hombres lo pilotaban, riéndose sin parar.

Los cuatro, volvimos a correr, esta vez más que nunca.

El coche iba demasiado deprisa.

Corríamos por la calle, ladrando desesperados, sin parar. Las personas, esta vez, no solo tenían que dejarnos paso a nosotros, ¡sino al coche!

Nos metimos en un mercadillo, con la esperanza de que aquella máquina diabólica se detuviera, pero no tuvimos esa suerte.

El coche no se detenía. La gente se tenía que tirar al suelo para dejarle paso. Todos lanzaban por el aire los bolsos y bolsas con comida o cosas compradas allí, debido al susto.

Pero aquel automóvil, se llevaba por delante los tenderetes, y puestos del mercadillo.

En unos segundos, allí todo era alboroto, desastre y desorden. ¡Las personas pegaban gritos y lanzaban la ropa que habían comprado contra las paredes!

Sin embargo, el coche, aunque a la fuerza, consiguió pasar sin detenerse.

Nos estaba alcanzando.

Decidimos dar vueltas a una gran fuente. El coche nos perseguía sin parar un instante. Pero, debido a su rapidez, se desvió, y chocó contra una enorme verja que había frente a la fuente, consiguiendo derribar a la primera. Parecía que el coche se había estropeado.

Aprovechamos el disturbio, y entramos al recinto que protegía las ahora caídas rejas.

Al entrar, ¡¿qué nos encontramos?! ¡Pues un gigantesco zoológico! Los habitantes nos miraban extasiados. No acostumbraban a ver a congéneres suyos en libertad.

Pero aquella tranquilidad duró poco. El coche cogió impulso, y volvió a correr como un loco, a pesar de que los Guardias del Zoo le ordenaban que frenase.

Todos empezamos a correr de nuevo, como si aquello fuera una estampida.

Los visitantes también tenían que abrir paso al auto.

Los Yakuza, abrieron las ventanillas, ¡y sacaron, pistolas con dardos tranquilizantes para adormecernos! Empezaron a disparar sin ni siquiera observar a quien apuntaban.

Gritaban histéricos palabras que no logré descifrar:

-話して。/なんなの?/どうぞ。 、笑さあ!あなたは彼らに与えなければならない!
-あなたは、あなたは最善を尽くして放つください!
-それは何を誰がそれをしない問題ありません*

*-¡Dispara! ¡Venga, tú puedes!

-¡Tú apuntas mejor!

-¡Nada de eso! ¡Dispara ya, ja ja ja!

Pero el no apuntar, les traería serios problemas.

El Yakuza Nº 2, disparó de tal forma, que le dio a una pobre señora que estaba dando de comer a las palomas.

-ばか!*-le dijo el Yakuza Nº 1 despreciativo.

*¡Idiota!

Así que se bajó del coche, a pedirle amablemente disculpas a la buena señora:

申し訳ありませんが、奥様!すみません!これは私のアシスタントのぎこちなさが原因です。本当に! *-y hasta se quitó cortésmente el bombín.

*¡Disculpe, Señora! ¡Todo esto es culpa de mi torpe ayudante! ¡No era mi intención…!

Sin embargo, la única respuesta que recibió fue un bolsazo de parte de la anciana, antes de que cayese grogui al banco.

El Yakuza se volvió a subir al coche, y continuó la alocada persecución. Aunque los matones, decidieron seguir disparando. No aprendieron la lección.

Todos corríamos como podíamos. El coche ya parecía que nos iba a pisar las patas. Pero, a mí, se me ocurrió una gran idea.

-¡Código Animal! ¡Código Animal!-¿Os acordáis de lo que era, verdad?

Balto, Lazzie, y Crinés, me siguieron el juego. Todos juntos gritamos:

-¡Código Animal! ¡Código Animal!

Los animales que habitaban allí, repetían entre ellos “¡Código Animal! ¡Alguien ha dicho “Código Animal”!”

Las jirafas levantaban sus larguísimos cuellos por encima de las vallas, y decían “¡Código Animal!”

Los cocodrilos abrían sus grandes fauces y lo gritaban por todo lo alto.

Los guepardos corrían de un lado a otro de su celda para proclamarlo.

Nosotros seguimos gritando.

-¡¡¡Código Animal!!! “¡Todos somos iguales, nacimos iguales, vivimos iguales, y un día seremos parte de la naturaleza. Igual que tú, hermano!”.

-¡Es el Código Animal!-exclamaron todos los animales.

De pronto, empezaron a acudir bandadas de pelícanos cargados de agua por los aires.

Tiraron el agua por las ventanillas del coche, uno a uno. Los Yakuza querían hacer algo, pero no podían.

Los elefantes comenzaron sacaron su trompa por una reja, ¡y arrancaron una rueda del automóvil! A pesar de todo, éste se mantenía firme.

Pero los elefantes lanzaron la rueda contra el coche, como si de un frisbee se tratara, consiguiendo hacerle chocar.

Los rinocerontes golpearon sus jaulas hasta escapar, y se lanzaron contra los Yakuza. Éstos comenzaron a cerrar las ventanillas.

Los tucanes y pájaros carpinteros se metieron dentro del coche a picotear a los Yakuza.

Los pelícanos trajeron más agua de los acuarios, y la derramaron por el suelo para que el coche resbalara.

Las serpientes se enroscaron a uno de los Yakuza.

Los alces pegaron cornadas al coche, y los ciervos consiguieron desinflar una rueda.

Las mofetas desprendieron todo su olor dentro del coche.

Y los conejos japoneses hicieron muestra de sus conocimientos karatecas.

Los leones se dedicaron a obstruir el paso del vehículo.

Los tigres también entraron en el automóvil y “mordisquearon” a los Yakuza.

El problema fue, que con tanto lío, los matones dejaron de mirar por dónde iban, ¡y chocaron contra la prisión de los monos esquizofrénicos!

La puerta se derribó, ¡y todos los simios salieron de su celda!

Éstos, ahora que se sentían libres, comenzaron a destruir todo lo que había en el coche. Arañaron los asientos, arrancaron el volante y el freno, ¡y zarpearon los rostros de los Yakuza intentando matarlos!

Entonces, vi como otro macaco de cara roja, que aparecía de la nada, saltaba las verjas del zoológico, y se lanzaba también contra los Yakuza. Me sonrió mientras pasaba de largo. No me cabía duda. Era Monóru. Había aprendido a controlarse. Y esa era su manera de darme las gracias.

El Yakuza Nº 1 no aguantó más. No estaba dispuesto a que nos escapáramos. Volvió a colocar el volante, en su sitio, y, pese a las complicaciones, se lanzaron contra nosotros, intentando desprenderse a la vez de todos los animales.

Nosotros estábamos huyendo hacia la salida.

Los matones aceleraron al máximo.

Nos miraban vengativos.

¡Nos iban a alcanzar!

Pero, entonces, un bondadoso elefante arrancó un semáforo de la acera, alargando su trompa lo más que pudo, y lo puso en medio del camino de los matones.

Conseguí traducir su conversación:

-¡Está en rojo!-gritó el Yakuza Nº 1-¡Hay que pararse!-regañó al Yakuza Nº 2 por su mala conducta-¡Frena, frena!

-¡No puedo, no hay freno!

Así que, chocaron contra el semáforo, y el Yakuza Nº 1 salió disparado por los aires, yendo a caer, a la fuente que había frente al zoológico.

Desde luego, no salió del agua muy feliz, a pesar de que debió de ser un baño la mar de refrescante.

Pero nosotros ya nos habíamos alejado.

-¡Guau! ¡Ha sido genial!-dijo Crinés-¿Repetimos?

-Ni sueñes que voy a volver, a provocar a esos locos-dijo Balto muy enfadado.

Y yo, a pesar de que estaba de acuerdo con que había que repetir, no dije nada.

Caminando, nos encontramos de repente a tres camaleones frente a nosotros.

-¿Os habéis escapado del zoológico?-dijo Lazzie-Porque… ¿Qué puede hacer sino un camaleón aquí?

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-Bueno… Somos de la ONG “Animales en Acción”. Sus representantes.

-¡¿¿En serio??!-exclamé.

-En serio… Y, bueno… Aquí tenemos el certificado que lo demuestra. Me extendió una carta.

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-¡Encantado!-dije-Pero es que… yo no sé leer…

-¡Mentiroso!-dijo uno de los camaleones al que me había dado la carta-¡Eso es una carta que encontraste en el buzón de correos!

-¡No es cierto! ¿Osas contradecirle a tu superior?

-¡No, yo soy el jefe!-dijo el que había tachado de mentiroso al que me había entregado la carta.

-¡Qué va!-saltó el tercero, que aún no había dicho nada-¡Yo soy el jefe!

Y los tres se empezaron a pelear.

-¡Chicos, chicos!-dijo Lazzie-¿Qué queréis?

-Bueno… nosotros…-dijo el primero que había hablado antes-Nosotros queríamos comunicarles que el traslado de los animales secuestrados ha sido un éxito. Todos están de nuevo refugiados y calentitos en sus respectivos hogares. Y, de paso, queríamos felicitarles, por su magnífico trabajo. Por ello, queríamos condecorarles con la medalla de los que luchan por los animales-me entregó una tapa de una botella de Coca-Cola-Y queríamos decirles que ya son miembros de la ONG-hizo ademán de marcharse.

-Ah, sí-dijo el tercer camaleón-Y queríamos entregarles esto-los tres se alejaron.

En el suelo, habían dejado un periódico que parecía recién fabricado, frente a nosotros.

El segundo camaleón se dio la vuelta.

-Los titulares dicen… ¿Estamos ante una Rebelión Animal? Se descubre la verdad sobre la cancelación de “Pequeño Corazón Animal” y la destrucción del Palacio de Johny Quebrantapiedras. Se dan a conocer también sus verdaderos objetivos, y el maléfico trasfondo de la conferencia. Ahora, una nueva Rebelión, organizada por los mismos animales, tiene lugar en el Zoológico Petto. El farsante Johny Quebrantapiedras, fallece hoy a la 9:00, no por la intoxicación ni grandes quemaduras que ha sufrido, sino porque le da un infarto al enterarse de la revolución que se montó en Petto, y de que los animales se han vuelto a escapar. ¿Sus misteriosas últimas palabras? Aquí las transcribimos: “¡¡¡¡Tokobetsu Na!!!!”

Felicidades. Por si os preguntáis de dónde salen estos papeles, han sido robados de la fábrica por unos Hurones miembros de la ONG y de la Causa. Al parecer la noticia, ha causado mucho revuelo-añadió el camaleón antes de irse.

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-¡Lo conseguimos, Lazzie!-dije yo.

-Bueno-dijo Balto-Ahora yo voy a irme a buscar un Cementerio de Perros, y encontrar la Ciudad Perdida.

-¡Yo te acompañaré!-dijo Crinés-¡Se dónde hay un cementerio!

-Muchas gracias.

-Nosotros también iremos-dijimos Lazzie y yo.

-¡No! ¡Es muy peligroso! Yogui, tu padre nos perseguirá para ver si encontramos algo, y si lo hacemos, te capturará. No podéis ir con nosotros.

-Lazzie y tú podéis ir a daros una vuelta por el parque que hay a dos manzanas-dijo Crinés.

-Exacto. Allí os encontraremos. ¿Todo ha quedado claro?-dijo Balto.

-Bueno. Está bien-dije yo.

Y ambos nos pusimos en marcha.

Una misteriosa figura se movió entre las sombras.

CONTINUARÁ…

Esperando no haber sido muy pesado… ahora las fotos y recordad que si activáis los comentarios veréis una pequeña historia, inconexa muchas veces, pero que os amenizará el paso de las fotos.Os dejo solo los enlaces ¿vale?

Bajo la lluviaSol y BizcochoCalor

En JulioPocos amigos, Y mucho calor

Hasta pronto amigos y solo recordaros que volveré a finales de agosto con más rollitos míos… (cuando vuelva de mis merecidas vacas)

Patitas y muchos Guaus!

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