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domingo, 14 de noviembre de 2010

Dos capítulos para pedir perdón

Pues si que esta vez me he retrasado… La verdad es que no han pasado muchas cosas nuevas, si que ha habido algún que otro nuevo colega que ha aparecido por el parque, pero nuestras aventuras de finde siguen siendo como siempre… las típicas reuniones entre amigos ¿o no? jeje

Bueno pues el caso es que para resarciros un poquito he decidido otorgaros el placer de leer dos nuevos capítulos de mis otras aventurillas… y allí van

Castrado y con nueva novia…

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Vuelvo a las andadas. Aunque ahora que estoy castrado tengo que decir que soy un perro verdaderamente feliz, ya que no tengo que preocuparme por las chicas ni por hacer cosas con ellas. Pero una cosa es eso, y otra cosa es el amor. Y es que por Lazzie, no era “excitación” lo que sentía, sino amor, un gran amor, afecto y cariño. Un amor que no había sentido por nadie. Así que, perdonad por las cursilerías que voy a decir en este nuevo capítulo, pero esto es un diario, y lo que voy a contar, refleja a la perfección lo que sentí aquella encantadora noche.

Os dejo con…

XIV) Amor

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La misteriosa figura dio media vuelta y se escondió entre los arbustos.

-Juraría haber visto algo-dijo Lazzie.

-¿Algo? No… Estooo… No, no. Yo… no he visto nada.

-¡Qué extraño!

-Bueno. Habrá que ir… caminando hacia el parque. ¿No? ¿O… prefieres… ir a otro sitio?

-No. No. Podemos perdernos, y a ver cómo nos organizamos para encontrar a Balto.

-Como… prefieras.

-Pues pongámonos en marcha.

Una sonrisa de satisfacción se representó en el rostro de la misteriosa figura.

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Estaba anocheciendo, y la niebla cubría las calles de Odate, en Japón. Lazzie y yo, veíamos bien poco, y nos costaba caminar sin tropezar con alguna piel de plátano, o alguna cáscara de nuez, que los humanos habían desperdigado por ahí.

Las aceras estaban despobladas. Caminábamos solos, aunque, al menos a mí, me daba la impresión de que alguien nos seguía los pasos. Pero, caminar al lado de Lazzie, era más de lo que había soñado nunca, y hacía esfumarse a todos los temores y males que rondaban en mi pequeña mente.

Estuve pensando en ello durante casi una hora, hasta que, por fin, nos detuvimos ante un gran recinto repleto de prado y jardín. Desgraciadamente, estaba vallado, y un fornido guardia, vigilaba la entrada.

Un cartel indicaba: NO PERROS.

Y aunque entiendo todos los idiomas, no sé leer humano, y la señal siempre se ha representado con un perro haciendo sus necesidades y una raya diagonal tachándole.

Era algo así, pero con letra japonesa:

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El guardia parecía no habernos visto, así que nos aproximamos, pero… ¡notó nuestra presencia!

-¡Ey, chuchos! ¡Venga, fuera! ¡Alejaos! ¡Rápido! Se prohíbe la entrada de perros, ¿o es que no lo veis aquí? ¿Eh?

Llevaba una enorme porra, a la que yo tenía miedo, y con ella señaló el cartel que antes tanta rabia me había dado.

Lazzie y yo, retrocedimos un poquito.

Entonces, noté como un elegante señor, vestido de etiqueta, se acercaba con su elegante mascota perruna: Un cursi caniche de pelo blanco, que andaba firme y coquetamente. Su dueño se dedicaba a pasar las hojas de un libro sobre cómo educar a los perros, y de vez en cuando, le soltaba a su mimado can, algún comentario, como si le fuese a contestar.

-¿Y ahora que vamos a hacer para entrar ahí?-me dijo Lazzie, mirando al señor de la porra.

Pero yo había estado todo el rato, reflexionando sobre el hombre elegante, así que le contesté:

-Tú… Espérate aquí… Creo… Creo que tengo algo.

Y me acerqué al guardián.

-¡Espera, Yogui, no! ¡¿Estás loco?!-me gritó ella.

-¡Eh! ¡Perro! ¿No te dije que te alejaras?-y me amenazó con su porra.

Acto seguido yo me tiré al suelo, y comencé a gemir lastimosamente.

El hombre elegante oyó los gemidos y se acercó corriendo.

Se agachó a verme:

-¡Oh, cielos! ¡¿Qué le ha hecho a ese pobrecito perrito?! ¡Está malherido!

-Yo… nada… Solo levanté un poco mi porra-dijo el guardia desconcertado.

-¡Los perros son muy sensibles!

-Pero, es que de alguna forma tenía que impedir que entrase en el parque, ¿o no?

-¡Asesino! Le ha asesinado-arrimó su oreja a mi pecho-¡No le late el corazón! ¡Oíd todos los que estéis por aquí! Este hombre que veis aquí, es un asesino de animales-comenzó a dar voces- Se dedica a hacer daños a canes inocentes con la excusa de que han quebrantado alguna norma.

-¡Oiga! ¿Quiere callar?-el guardia le tapó la boca-¡Deje de armar tanto alboroto, o seré yo el que le denuncie por escándalo público!

-¡Asesino!-siguió gritando.

-¡Oiga! Si tanto le interesa ese perro, ¿por qué no se lo lleva a su casa y le da un tazón de lechita caliente?

-¡Tiene dueño! ¿No ve que lleva collar?

-Pues llevéselo a su casa de verdad, pero a mí déjeme en paz.

-Eso es lo que haré-dijo muy convencido el hombre elegante.

-¡Pues al diablo!-e hizo un gesto grosero.

Pero, entonces, yo me levanté de un brinco, y, junto con Lazzie, pasamos por debajo de las piernas de los dos humanos, y conseguimos traspasar las vallas, metiéndonos por entre los barrotes.

-¿Lo ve? ¡Ha huido de usted! ¡Le tiene miedo! ¡Gracias a sus “delicadas” formas, se ha espantado, y ha reunido todas sus últimas fuerzas para escaparse!

-¡Sí! ¡Y un cuerno! Esos chuchos no tienen nada que ver conmigo, lo único que me interesa es que salgan ahora mismo del parque-y quiso penetrar en el parque.

-¡Usted lo que va a hacer es ir a comisaría y declarar que hay un perro desaparecido en el Parque Okina Ki, y voy a ir con usted, para asegurarme de que lo hará!

-¡Usted déjeme en paz! ¡Cogeré al perro y lo sacaré del parque! ¡Usted haga lo que quiera con los dos! ¡Pero a mí déjeme en paz!-pegó un resoplido-¡Odio los perros!

-¿Lo ven? ¡Ciudadanos de Odate! ¡Este hombre acaba de confesar que no le gustan los animales, y que por eso se dedica a torturarlos como actividad de ocio!

-¡Oiga! ¡Eso es mentira! ¡Baje el volumen! Y le diré que sí me gustan, y mucho, los animales. Los perros son otro cantar. No tergiverse las cosas, ni meta por medio a esos horribles animales piojosos.

-¡Ahhh! ¡Ha insultado a los mejores amigos del hombre! ¡Blasfemo!

Y el hombre elegante se tiró encima del guardián, y le empezó a dar librazos a diestro y siniestro. El caniche, mientras, animaba a su amo.

-¿Ya has robado ese periódico?

-Sí, Jack.

-¡Pues tráemelo de una vez!

-Aquí está.

-Gracias… ¡Genial! ¡El notición del siglo! Los animales organizan una revolución… Y… se busca, a dos inconscientes Yakuza, causantes de un gran revuelo y desorden en la ciudad de Odate, durante esta mañana. ¡Fantástico! Hoy hemos tenido un día de perros. Nunca mejor dicho. No solo sufrimos accidentes, se nos estropea el coche, una banda de simios nos ataca, y yo, me caigo a una fuente, sino que, después de que esos tres chuchos y ese maldito caballo, se nos escaparan, toda la policía de Odate se pone a perseguirnos. Y nosotros, tenemos que huir, a patita, como animales…

-Bueno, hay que mirar el lado positivo de todo.

-¡¿Y cuál es?!

-Le he robado la cartera a un guardia del Zoo, con el coche en marcha.

-¡Déjame verla! ¡Oh, pero si le has hecho un agujero, con tu maldita navaja! ¡Se ha caído todo el dinero! ¡Solo queda su carné…! ¡Eres un iluso!

-Lo siento, Jack…

-Anda, vámonos. Hay que escapar de la policía. Nos están buscando por toda la ciudad. Hoy dormiremos en algún banco, de algún parque oscuro. No pueden vernos.

-Está bien…

-¡Oh, Joe! ¡Esto es increíble! ¡En un solo día, después de tener una tapadera perfecta durante años, estamos buscados, despedidos, acabados! Se ha muerto el Amo Johny Quebrantapiedras, y si nos llegamos a enterar unos minutos antes, no nos hubiesen liado en esa alocada persecución para dar con esos animalejos inútiles, y nada de esto hubiese pasado.

-Lo siento, Jack.

-¡No sientas nada! La Mafia Yakuza, también está pasando un momento duro. Como su Rey, el Amo, ha muerto, se tardará en elegir un nuevo rey*, y probablemente comience una guerra Yakuza… ¡Eso tenlo por seguro!

Y es que quienes estaban conversando misteriosamente, eran aquellos Yakuza que nos habían estado persiguiendo por la mañana, y que ahora estaban siendo ellos perseguidos, por la Justicia. Estaban buscando un lugar de refugio, y se estaban acercando, ¡al parque dónde Lazzie y yo paseábamos!

Ambos estaban de un humor de gatos (“De perros” para los bipes).

Su aspecto hacía deducir que no se trataba de buenas personas, y que no tenían precisamente “el día”. Eran misteriosos, y muy oscuros, y observaban todo con una mirada criminal.

Por fin, llegaron, a dónde el guardia y el hombre elegante se estaban tirando de los pelos, dándose librazos, bastonazos, porrazos, y mordiéndose como si de congéneres míos se tratara.

Ambos miraron a los recién llegados. Estaban ataviados de negro, como ya comenté en numerosas ocasiones, y parecían una verdadera aparición en mitad de la noche.

-Bueno… Je je…-dijo el hombre elegante-Yo… solo estaba recogiendo mi libro, que se me había caído al suelo… Ya me marchaba… Vámonos, Pudoru…-exclamó el hombre elegante temblequeando.

El guardia se colocó en el centro de su calva su gorra visera, se arregló un poco, se estiró la ropa, y por fin, dirigió la palabra a los hombres vestidos de negro.

-Y bien, ¿qué desean?

-Entrar-dijo frívolamente Jack.

El hombre de la porra, observó detenidamente su apariencia, y “pinta” de maleantes, y finalmente, dijo sonriendo…

-Lo lamento. Pero, como he comentado hace rato, no se permite la entrada de perros-y volvió a señalar el cartel.

-¿Se permite la entrada, de perros con pistola?-Jack le devolvió la sonrisa, y sacó de su gabardina una pistola.

-¡Yogui! ¡Vaya alboroto has conseguido armar! ¡Pero has conseguido que podamos entrar…! ¡Eres… Bueno…! ¡Qué ingenioso eres!

-Bueno-me sonrojé-Se me ocurrió.

Lazzie me guiñó un ojo.

Una figura misteriosa nos observaba escondido tras unos arbustos.

-¡Ja ja ja, hay que ver qué cara se le puso al guardia cuando saqué la pistola!

-¡Qué buena idea has tenido, Jack!

-¡Bueno…! ¡No es para tanto! Aunque para ti sí… ¡Ya quisieras tener tú mis grandes ideas y mi mente privilegiada!

-Bueno… A mí también se me había ocurrido una idea…

-¿Ocurrírsete? ¿Ocurrírsete? ¡A ti lo único que se te puede ocurrir es que es mejor para todos que no se te ocurra nada… ¡Me abrumas con tus idioteces!

-Oye, amigo. ¡Yo no estoy ayudándote en esto para ver cómo me insultas!

-¿Ayudar? ¡Ja! Tú solo has ayudado a que los policías descubriesen nuestro escondrijo… ¡Contigo no hay manera de que seas discreto! ¡Tuvimos que huir de allí… corriendo! ¡Como el diablo! Los “polis” iban en buenísimos coches, y casi consiguen alcanzarnos. Si tú hubieras frenado cuando te dije, tal vez el coche no se hubiese estropeado del todo.

-¡Te dije que no había freno! ¡Los monos lo habían arrancado!

-¡Pues haberles arrancado tú los sesos! ¡A ver si tu inteligencia mejoraba en algo!

-¡Oye, no estoy dispuesto a que…!

-¡Tú no tienes que estar dispuesto a hablar más! ¡Y así me dejas tranquilo un rato! O te juro que te entrego a la policía. ¡Estoy harto!

-¡Son los Yakuza!-dijo Lazzie.

-¡No hay duda!-dije yo.

Ambos nos habíamos escondido en unos arbolejos que estaban cerca…

-Esos malditos perros-siguió diciendo Jack, o Yakuza Nº 1-¡Oh, diablos! ¡Tenía que ser hoy!

-¿El qué, compadre?

-¡Tú calla! ¿No ves acaso, que estamos rodeados de estatuas de perros?

En efecto, la pequeña plaza del parque dónde todos nos encontrábamos, estaba rodeada de estatuillas de perros por todas partes, y en el centro, había tres bancos, y una estatua de Johny Quebrantapiedras, en referencia a su gran “amor” por los perros y animales en general…

-¿Bueno, y por qué eso te molesta?

-¡Aparte de que tengo alergia a los perros, les tengo una enorme aversión a los tres chuchos de esta madrugada, y no me los puedo quitar de la cabeza! ¡Los veo por todas partes! ¡Mira, los veo allí, a lo lejos! ¡Y aquí, al lado mío! ¡Y en tu cabeza!

-Es verdad, son visiones… ¡Horribles! Yo también los veo detrás de esos arbolejos…

-¡Un momento, son ellos! ¡Están ahí!

-Sí, son un “esjepismo”…

-¡No, idiota! ¡Son ellos de verdad!-y le dio un puñetazo en la cabeza.

-¡Qué no! ¡Qué son una visión!

-¡Imbécil! ¡Yo soy el jefe, y te digo que son de verdad!-esta vez le dio un tortazo que resonó por todo lo alto-¡Esos malditos chuchos están a tres pasos nuestros, y nos miran con ojos suplicantes…!

¡Eso era mentira! Lazzie y yo los mirábamos con furia… Ese tipejo no tenía ni idea de expresiones faciales perrunas… Pero sigamos con nuestra historia…

-¡Oh, que tiernos!

-¡No, estúpido! ¡Son tiernos hasta que envían una jauría de monos para que te trituren! Pero esta vez no se escapan… ¡Ohhh!

-¿Y qué vas a hacer?

-Pues… Perritos, perritos… Venid con papá…

Pero Lazzie y yo, aprovechando que había anochecido del todo y ya no se veía nada, corrimos hasta otros arbolejos para escondernos…

-¡Maldición! ¿Dónde se han metido?

-¿Y ahora qué hacemos?

-Creo… Creo que tengo una idea… Aquí, en el bolso… Tengo algo…- y se sacó de su bolsillo derecho un delicioso muslo de ternera. Pero resistí la tentación de salir, más que nada porque Lazzie me agarró por la cola.

-Bueno, y ahora dejamos el delicioso muslito al pie de la estatua de nuestro querido Ex-Amo, que en paz descanse...Y ahora escóndete tras la estatua, Joe, rápido…

-¿Y qué? Son demasiado rápidos y sigilosos. De seguro cogerán el huesecito y volverán a esconderse, sin que nosotros nos hayamos dado cuenta siquiera.

-Pensándolo mejor… Tengo otra idea. Tú, deja de esconderte tras la estatua…

-Pero si acabas de decir que…

-¡Olvida lo que haya dicho! Tengo otro plan mejor… Ja ja…-se frotó las manos.

-¿Ah, sí?-dijo Joe escéptico.

-Quiero que te metas en esa papelera.

-¿Estás loco?

-¡No!-y, sin remilgos, lo metió dentro-Vas a sacarme de ahí la cuerda más grande que encuentres, y, todas las botellas o latas de metal que encuentres.

Después de un rato buscando, Joe extrajo de la basura los requisitos que Jack exigía, y solo entonces le dejó salir.

-¡¿Pero… para que quieres todo esto, Jack?! ¡No lo entiendo!

-¡Cierra el pico! Eh… Un momento. Juraría haber visto algo detrás de esos arbustos… Pero parecía un perro más grande… Bueno, es igual. De lo que se trata, mi querido Joe, es de lo siguiente: Pondremos el muslo de ternera entre los arbolejos, frente a la escultura de ese roñoso, avaro y maldito imbécil que se hizo llamar nuestro amo-rechinó los dientes-Bueno, después, nos ataremos la cuerda alrededor del brazo, y, por el otro extremo, ataremos el huesecillo, y le pondremos en la punta, un poco de chicle pegajoso. ¿No te parece brillante?

-¿Y por qué tendría que parecérmelo, Jack?

-¡Inepto! ¡Ignorante! Porque, los perritos no resistirán la tentación de ir a por su querido muslito, pero… Cuando lo toquen, se quedarán pegados gracias al chicle con el que he rebañado el huesecito. Al tirar, para intentar desprenderse, las latas resonarán, y nosotros nos daremos cuenta, de que han mordido el anzuelo. Entonces, los traeremos hacia nosotros, y… ¡los mataremos!

-¡Fantástico! Yo propongo que les tiremos por un acantilado.

-¡Tú no propongas nada! ¡Yo soy el que propongo!-se señaló con el dedo índice-Les degollaremos. Menos sufrimiento para ellos y menos estrés para nosotros. Estamos bastante ocupados escondiéndonos de la policía.

-¡Cierto!

Lo colocaron todo como estaba previsto, y se echaron en el suelo, a esperar.

-¡Yogui! ¡Ven!-gritó Lazzie-¡Tengo una idea!

-Pero… es muy peligroso salir-dije yo, muy cauto.

-¡Tú ven!

Y me explicó su gran estrategia al oído.

Sigilosamente, Lazzie mordió con sus colmillos el extremo a donde estaba agarrado el huesecito, pero sin llegar a tocarlo para evitar quedarse pegada. Después arrastró el cordel sin que este resonara por culpa de las latas, y lo ató a la estatua de Johny Quebrantapiedras.

Esperó un rato.

Los Yakuza se adormecían por el cansancio.

Al final, Lazzie se acercó a ellos, sin que se enteraran, y rompió el otro extremo de la cuerda a la que estaban agarrados.

Ahora, la cuerda solo estaba atada a la escultura de Johny Quebrantapiedras. Así que, llevó el otro extremo hasta donde estaban los adormilados Jack y Joe, ¡y ató la pierna izquierda de uno con la pierna derecha derecha del otro!

Ahora, me tocaba a mí cumplir mi parte del plan.

Ladré, e hice tintinear las latas.

Los Yakuza, se levantaron rápidamente.

-¡Ah, han picado! ¿Dónde están? ¿Dónde están?

-¡Eh, un momento!

-¡Qué caemos!

-¡Diablos, todas nuestras piernas están atadas, no podemos movernos!

-¡Camina, camina! Venga, yo doy un paso con el pie izquierdo, y tú con el pie derecho.

-¡Eh, una fuerza nos impide andar!-era la estatua de Johny Quebrantapiedras.

Así que empezaron a tirar, hasta que desencajaron la estatua, ¡y ésta cayó sobre ellos!

Comenzaron a correr asustados.

-¡El fantasma de Johny Quebrantapiedras!

-¡Nos persigue!

-¡Qué nos atrapa!

Y, dando traspiés y teniendo mil y un tropiezos, ¡acabaron rodando colina abajo, atados a la estatua!

-¡Un fantasma! ¡Quiere vengarse de lo que le dijimos!

-¡Tú fuiste el que le llamaste “maldito”! ¡La culpa es tuya!

-¡Mentira!

Y rodando, rodando, con las latas haciendo un espantoso ruido, consiguieron alertar a toda la población de Odate.

Terminaron aterrizando, frente a la salida del parque. Cuando intentaron levantarse, se dieron cuenta de que no estaban solos.

El guardia al que antes habían amenazado, los observaba con una sonrisa satisfactoria, y detrás de él, media docena de policías también sonreían, junto a un gran furgón para meter a los presos.

-Bueno, je je… Nosotros… Ya nos íbamos… ¿Eh?

-Sí, ya nos íbamos…

-Lo lamento, caballeros… No se admite la salida de perros enganchados a estatuas…

-¡Guau! ¡Lazzie! Tu idea ha sido fantástica…

-Es que tú no eres el único que tiene buenas ideas… Yo también puedo tenerlas…

-Claro…

-¿Paseamos un rato?

-Está bien…

Así que comenzamos a pasear tranquilamente por el parque… No me había sentido mejor en toda mi vida… A pesar de que la oscuridad reinaba aquella noche, parecía que la Luna había iluminado con todo su brillo a Lazzie, que relucía con todo su esplendor… Sus ojos brillaban a la luz de las estrellas, y, cada vez caía más en la cuenta, de que nunca había visto criatura más bella…

Los búhos nos observaban con sus enormes ojos, y entonaban una cálida y romántica canción, junto con todos los pajaritos y animalitos que por allí había…

-¿Sabes?-dijo Lazzie de pronto-Esto me recuerda a las noches que paseaba por los parques de Rusia con mi madre, en las noches cerradas… Cuando me entonaba esa canción, ese bello poema que nunca olvidaré…

La niña duerme, bajo el azul del cielo,

Y sueña con las doradas estrellas.

Aquella que más brilla, su abuelita,

La quiere para ella.

… Entonces me dormía, y ella me acostaba en su cálida espalda… Y ambas nos íbamos a acostar…

-Caramba, Lazzie… Eso es… Precioso.

-Lo es… Ojalá encontremos a El Señor de los Huesos… Y… yo pueda reunirme con mi abuelita, ya que es la única que ha conservado un alma…

-¡No digas eso! Seguro que tu mamá también está allí.

-Quizás, pero lo único que quiero ahora… Es encontrar a alguien de mi familia… ¡Oh, mi pobre abuela! ¡Murió por culpa de esos despiadados humanos! Pero algún día vengaré su muerte…

-Lazzie, vamos, cálmate…

-Yogui…

-¿Qué?

-Cuando encontremos a El Señor de los Huesos…

-¿Si?

-¿Te quedarás con él?

-¿Con El Señor de los Huesos?

-Bueno, sí, y… conmigo… ¿Te quedarás conmigo y con mi abuelita en el Paraíso de los Perros?

-Por supuesto, Lazzie… Jamás nos separaremos…

Me arrimé a ella.

-¡No quiero que nos separemos nunca!

-Siempre estaremos juntos, Lazzie…

-Verás, Yogui, yo… Tengo que decirte algo…

-No, Lazzie, tengo que decírtelo yo a ti… Yo… Te… Te…

-¿Quién es ese?

Nos detuvimos frente a la estatua de un pequeño niño semi-desnudo, con un arco y unas flechas…

-¿Ese? Creo que pertenece a la mitología, o religión, humana… Pero no creo que sea específicamente de Japón…

-¿Por qué tiene un arco?

-Bueno… Creo que es porque… Bueno, se dedica a disparar flechas desde el cielo… A quien le toque su flecha, se enamorará perdidamente del primer ser que vea…

-No creo que exista.

-Yo tampoco… Pero… En caso de que exista… Creo que a mí me ha dado-fui arrimando mi hocico, y le di un lametón…

-Creo que a mí también…-Lazzie me dio otro lametón…

La misteriosa figura observaba la escena con ojos relucientes… Estábamos solos… Era el momento…

Ambos nos dimos un lametón mutuo que me pareció que duró eternamente…

La sombra estaba a punto de saltar contra nosotros… Se estaba preparando… Cuando se iba a abalanzar…

-¡Lazzie! ¡Yogui! ¿Dónde estáis?

Gritó una voz…

-¡Lazzie, Yogui! ¡Yogui, Lazzie! ¡He encontrado algo!

Y el siguiente capítulo…

Y por fin encontramos la Ciudad Perdida…

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Pues eso… ¡Por fin encontramos la Ciudad Perdida! ¿Qué sucederá después? ¿Nos encontraremos con El Señor de los Huesos?

XV) Hachiko

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La sombra, se ocultó rápidamente al oír aquella voz.

-¡Yogui! ¡Lazzie! ¡Venid, rápido! ¡Hemos encontrado algo!

La voz que gritaba, pertenecía a Balto.

-¡Balto, Balto! ¿Qué ocurre? ¿Habéis entrado en la Ciudad Perdida?-dijimos Lazzie y yo, a la vez.

-No, pero estamos a punto.

-¡Bravo!-dijimos, Lazzie y yo, de nuevo.

-Espero que os hayáis portado bien, y que no hayáis cometido ninguna travesura, ¿verdad?

Nos reímos, mientras nos guiñábamos un ojo.

-Si nosotros te contáramos.

-En fin… Tenemos que ir con Crinés. Nos está esperando.

-¿Adónde vamos, Balto?

-Ya lo veréis…

Salimos del parque, y comenzamos a caminar otra vez, por las despobladas calles de Odate.

-¡Qué raro!-exclamó Balto-¿Qué hacen todos esos coches de policía por ahí? ¡Parece que hayan detenido a alguien!

Lazzie y yo, nos miramos el uno al otro.

Pudimos escuchar algunos gritos que provenían del camión de policía, algo así, como:

-¿Quieren dejar de gritar que no quieren que este chihuahua les vigile en el coche, por si acaso se escapan?

-¡No! ¡No queremos! Los perros organizan una revolución, ¡son más inteligentes de lo que pensábamos! ¡Tienen una mente privilegiada! ¡Nos persiguen por todas partes…!

-Pues hoy por la mañana, bien que no tuvieron remilgos en ponerse a perseguir a unos animalitos inocentes por toda la ciudad.

-¡Pero aún no sabíamos de la revolución! ¡Hasta saben hablar! Estamos seguros, pero nos lo quieren ocultar...

-Me da a mí, que más que a la cárcel, ustedes tienen que ir al manicomio… En fin, me da igual si les da miedo nuestro querido chihuahua. Hay órdenes de que les vigile el perro, y yo no puedo quebrantarlas…

-¡¿Quebrantarlas?! ¡O no, Johny Quebrantapiedras, el Amo! ¡Su fantasma también nos persigue! ¡Usted es la reencarnación de Johny Quebrantapiedras!

-¡Al diablo! ¿Quieren estarse callados de una vez?

-¡El fantasma del Amo! ¡Socorro!

-¡¡¡¡¡Cállense!!!!!!

De todos modos, nosotros dos sabíamos muy bien de quienes eran esas voces.

-Bueno, Balto. No podemos esperar ya más… -dijo Lazzie.

-Sí-añadí yo-¿De qué se trata la sorpresa?

-Veréis… Crinés me llevó al Cementerio de Perros, como me había prometido. Pero allí solo había tumbas y tumbas de perros vulgares y corrientes… Nada, comparado, con esto…

Nos enseñó un folleto con Johny Quebrantapiedras en la portada.

-Lo encontré en el cementerio. ¿A que no adivináis de que se trata?

-¡No, Balto! ¿De qué se trata?

-Bien, resulta, que nuestro querido Pez Gordo, Johny Quebrantapiedras, iba a organizar esa reunión, la conferencia, “Pequeño Corazón Animal”, en la estación de la ciudad, frente a una estatua, la estatua del Gran Perro.

-¡Sí, el Gran Perro! ¡Es verdad! ¡Él me lo contó! El Gran Perro… Pero, ¿qué quería decir?

-Cuando los japoneses dicen Gran Perro-continuó diciendo Balto-Quieren decir… Hachiko.

-¿Hachiko?

Pero Balto, no me contestó, porque en ese momento, apareció de entre la niebla, Crinés Rinés de Inés.

-¡Caramba! ¡Cuánto habéis tardado!

-Es que tardé en encontrar a Lazzie y a Yogui… Mea culpa-Balto sonrió.

-Bien, ¿les has contado lo que hemos averiguado?

-En ello estaba…

-No importa, comenzaré desde el principio.

-¡Gracias, Crinés!-dije-¿Quién es Hachiko, pues?

-Hachiko, el perro fiel, fue un perro de raza Akita, nacido en 1923 en la ciudad de Odate. Fue trasladado a Tokio por Eisaburo Ueno, su dueño, cuando apenas era un cachorro. Un amigo se lo había regalado. Pero, surgió un problema. El profesor fue destinado a Tokio, para impartir sus clases del departamento de agricultura. Y él, tuvo que aceptar. Así que, decidió llevarse a Hachiko con él, dos días en tren, metido en una caja.

-¡Qué crueles humanos!-dijo Lazzie.

-Cuando los sirvientes del profesor fueron a dárselo a éste, se dieron cuenta de que estaba muerto. El profesor, disgustado, lo cogió en cuello, y se lo llevó a su casa. Cuando llegó a su nuevo hogar, lo primero que hizo, antes de organizar todo, fue sentar al perrito en su regazo, y darle un poco de leche caliente. El cachorrito fue abriendo los ojos, y fue despertándose de su triste sueño.

El profesor, vio que tenía una de sus patas delanteras torcida, y se le asemejó a un Kanji, letra japonesa que representa al número ocho, y decidió llamarlo Hachi, que significa, Ocho en japonés… Había nacido, Hachiko, el perro fiel.

Hachi y el profesor enseguida cogieron un gran afecto el uno por el otro, de una forma que jamás se vio entre un animal y una persona.

Todos los días, Hachi iba con su amo a la estación de tren, y allí se despedía de su amo, que iba al trabajo. No necesitaba correa, se quedaba esperando a su amo tranquilamente en un banco de la estación. A la hora de comer, Hachi se levantaba y se aproximaba al tren. Allí, esperaba de entre todas las caras, ver aparecer a su amo. Cuando ambos se veían, los dos corrían para alcanzarse, y se daban un caluroso abrazo. Después, iban a casa, mientras charlaban amistosamente. Aunque ninguno pudiese contestar a lo que decía el otro, se entendían, ya fuese por sus expresivos rostros, o porque eran como un solo ser en diferente raza.

Así pasaron más de cinco años.

Un día normal como otro cualquiera, el perro vio desaparecer a su amo en el tren, como un día normal como otro cualquiera, se sentó en el banco, como un día normal como otro cualquiera, y cuando llegó la hora de comer en un día normal como otro cualquiera, se aproximó al tren como un día normal como otro cualquiera. Pero, a diferencia de un día normal como otro cualquiera, entre todas las caras que salían del tren, no había ninguna conocida.

-¡Lo abandonó!-dijo Lazzie furiosa-¡Será hijo de…!

-¡Chitón! ¡No blasfemes! ¡Murió! ¡Falleció de un ataque cardiaco, y, como todos, no pudo resucitar!-fue Crinés el que se puso más furioso aún-Cada día, Hachi volvía a la estación, y esperaba a que apareciese su amo, a la hora usual. Cuando se hacía de noche, se echaba en el felpudo de su casa.

Así transcurrieron, días, semanas, meses… Pero Hachi, cada vez se sentía más débil. Sin embargo, eso tuvo su solución. La historia de Hachiko, cruzó los mares, y las montañas, se extendió por todo Odate, por toda la región, por todo Japón, y por el mundo entero. Todos conocían a Hachiko, y todos se preocupaban por él. Siempre le traían deliciosas comidas para que probase, le traían compañeros perrunos para que jugase, le daban mimos y caricias, hasta le intentaban llevar a su casa… Pero Hachi solo quería esperar a su amo. Los ciudadanos de Odate, acabaron apodándole, “El Perro Fiel”, que en japonés, se pronuncia con una sola sílaba: Ko… Hachi-Ko. Hachiko.

Pasaron diez años, y Hachiko falleció. Todos los ciudadanos de Odate, lloraron por su muerte, y todos decidieron, erguir una estatua en su honor. Y es ésta estatua, que veis aquí…

Crinés Rinés de Inés, avanzó un poco, traspasó la niebla, y se detuvo frente a una gran estatua de bronce.

-Éste es Hachiko.

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-¡Oh, diablos! ¡Qué crueles son los humanos! Estoy segura de que el profesor no murió, y que le abandonó a su suerte…

-Lazzie-dije yo-No estoy de acuerdo. La verdad, llevaba unos días, en que estaba convenciéndome de que los humanos son malvados y terribles, pero esto me ha abierto el corazón. Ya no sé qué pensar… Mis dueños, ¿me quieren en verdad? ¿O no se preocupan por mí?

-¡Todos los humanos son unos bárbaros!-siguió diciendo Lazzie.

-Yo lo dudo-contestó Balto.

-¡Silencio!-dijo Crinés-Veréis, nosotros, los caballos, seguimos una religión.

-Pues espero que no sea como la de Monóru…

-¿Disculpa? Nosotros no creemos en la guerra entre una raza y otra. No creemos que haya razas malvadas, y razas buenas. Nosotros creemos en la paz.

-Pero… Tú viste lo malvado que es Johny Quebrantapiedras, el humano. Viste como trata a los animales-señalé yo.

-¿Y qué? ¿Acaso eso va a influir para que yo piense que todos los humanos son como él? Eso es no tener personalidad, y dejarse llevar por lo único que ves, cuando aún no has descubierto ni la mitad de las cosas. ¿Tu padre acaso no es malvado, según me contó Balto?

-Bueno, sí, pero…

-¿Y, alguna vez tus dueños te han tratado injustamente? Los caballos creemos que cada uno es distinto. Todos tenemos nuestros propios pensamientos, puntos de vista, y personalidad. Al igual que hay animales malvados y buenos, también hay humanos bondadosos y humanos despiadados. La vida de los caballos, depende también de los humanos.

-¿Cómo…?

-Nosotros creemos en la igualdad entre todas las especies. Por ello, creemos que cuando un caballo nace, está conectado con un humano, un humano, que es diferente a él físicamente, pero que está ligado fuertemente al caballo. Así nace la primera gran amistad de un caballo.

-¿Cómo sabes cuándo es tu humano?

-Se sabe. Solo hay un Jinete para un Caballo, y un Caballo para un Jinete. Cuando el Jinete se monta sobre ti, lo sabes. Sientes que estás fuertemente conectado con él, y aunque no puedas hablarle, uno siente los mismos sentimientos del otro. Le comprende, y aunque no pueda consolarle hablándole cuando está triste, solo necesitas dejarle que se suba a ti, porque eso es lo que le hace consolarse: Estar contigo.

-¿Ya has encontrado a tu Jinete?

-Aún no. Pero ya me han montado muchos humanos. Algunos eran crueles, como los sirvientes de Quebrantapiedras, otros, simplemente, no eran mi Jinete. Mi Jinete tendrá mis mismos sentimientos, buscará ansioso un caballo con quien compartir sus mejores momentos, y será dulce de corazón, igual que yo. Nos sentiremos unidos, como uno mismo.

-Vaya, Crinés, eso es… Maravilloso-dijo Lazzie.

-Sí.

-Pero,-dijo Balto-Sigamos hablando de la estatua. Frente a esta estatua quería celebrar Johny Quebrantapiedras, su famosa reunión, en honor al amor por los animales. Pero aquí viene la parte interesante… La estatua, fue construida en abril de 1934, pero fue fundida y convertida en armas de guerra, como el resto de las estatuas de Japón, a causa de la Segunda Gran Guerra Humana (O “La Segunda Guerra Mundial” para las personas). Por lo tanto, el hijo de Teru Ando, constructor de la primera estatua, decidió volver a construir esa escultura. Da la casualidad, de que ambos, padre e hijo, eran unos grandes amantes y protectores de los animales, hasta tal punto, que cuenta la Leyenda, que El Señor de los Huesos, les encargó la misión de proteger a los perros y animales en general. Les nombró Hijos de las Estrellas, más concretamente, Hermanos del Aire, que vela por la seguridad.

-Exacto-añadió Crinés.

-Creemos-Balto volvió a hablar-Que al arrancar la primera estatua de su Lugar Sagrado, quedó una entrada a una gruta. Afortunadamente, todo el mundo “sabía” que eso no era más que la Tumba de Hachiko, y no les agradaba la idea de entrar allí. Pero el constructor de la estatua, sabía que allí se ocultaba la Ciudad Perdida, y que era un Lugar Sagrado…

-¡Guau!-exclamamos Lazzie y yo-¡Increíble!

-Los habitantes de Odate, decidieron volver a construir la estatua. Así que, el constructor, antes de fallecer, le pidió a su hijo que se ofreciese voluntario para construir la estatua. Con que, el hijo del escultor, tapó la entrada de la Ciudad Perdida, pero, dicen los mitos, que, si aplicas la adecuada contraseña, la tapa se abrirá, y podrás entrar en la Ciudad Perdida.

-¿Una contraseña?

-¡Claro! Hachiko murió al pie de dónde se levantó después su estatua, porque sabía que era Tierra Sagrada, y que se llevarían su espíritu a la Ciudad. Pero, entonces la entrada estaba tapada con tierra. Cuando fabricaron su tumba, debieron ignorar la gruta que conducía a la Ciudad Perdida, y no quisieron investigar hacia donde conducía. Pero, al fundir la escultura, la entrada quedó abierta. Nadie se acercaba allí, porque no tenían ganas de ver un cadáver descompuesto.

-Pero… Un momento-dije yo-¡Ahora todo cobra sentido! ¡Claro que sí!

Dónde el Reino Perdido esté

Y también el Hueso verás,

Estarán los huesos,

De alguien más…

Bien, eso ya sabíamos que era una tumba, pero…

El mejor amigo del hombre,

Nunca se separará,

De lo que por la Muerte,

Separado está…

Y este viejo acertijo prueba,

El Dicho, que dice verdad.

¿Es que no os dais cuenta? ¡Se refieren a que aunque su amo hubiese muerto, Hachiko nunca perdió la esperanza de encontrarlo! Siempre se quisieron, aunque estuviesen separados, siempre hubo una conexión entre ellos. Hachiko, un perro, tuvo por mejor amigo, a un hombre.

-¡Exacto! Pero aún seguimos sin saber cómo entrar…

-Creo… Creo que tengo algo… Sí…-dijo Balto.

-¿Qué tienes?

-¿Recuerdas, Yogui, lo que ponía mi collar? “Balto: : Resistencia- Fidelidad- Inteligencia. Perteneciente a Boby Kamarát”. Pues aquí, en el folleto, pone que…

-Un momento, un momento… ¿Sabes leer humano?-dijimos Lazzie y yo.

-¡Pues claro!-dijo Crinés.

-¡Por supuesto! ¿Cómo queríais si no que Crinés y yo nos enterásemos de todo lo que os hemos contado? En el cielo, se aprende mucho, niños. Como dije un antiguo proverbio japonés: “Hay cosas que se aprenden hasta muerto”.

-Vaya…-ambos nos quedamos patidifusos.

-Bueno, lo que quiero decir, aquí pone también algo parecido a lo que ponía mi collar: “Hachiko: Amor- Lealtad-Valor”. Y, si os fijáis, en la base de la estatua. Hay una especie de imágenes que juegan el papel de jeroglíficos. Son un corazón, un león, un perro, una aguja, una mariposa, una paloma, y una nube. ¿Qué creéis que pueden significar?

-¡Claro! Hay que apretar los dibujos, en el orden correcto. Pero alguno, sin duda sobra. Creo que… Amor, se describe con un corazón.

-Bien-dijo Balto, y lo apretó.

-Lealtad, con un perro, nosotros somos muy leales, aunque también somos muy valientes… Pero sin duda, el papel de Valor, se le asigna… ¡Al león!-Lazzie parecía haber resuelto el misterio en menos de un minuto.

Balto apretó el último dibujo, e intentó levantar la tapa.

-¡Ahhh! ¡No se puede! Creo que mi idea no iba bien encaminada.

-Yo creo que sí-dije-En las películas humanas de aventuras, muchas veces, se dan vueltas a ruletas, o esculturas, para abrir una entrada, y ya que son, tres dibujos, podremos darle tres vueltas.

Así que todos nos dispusimos a girar la estatua de Hachiko, con toda nuestra fuerza.

-Y ahora… ¡Hay que levantarla! Una, dos y…

-¡Bravo!-gritó Crinés-¡Lo hemos conseguido! ¡Hemos abierto la entrada!

-Sí,-dijo Balto-Pero hemos pegado un buen golpe al levantar la estatua, y las luces de los edificios se están encendiendo. Hay gente asomándose por las ventanas, y gente saliendo de sus portales. ¡No tardarán incluso en venir guardias!

Efectivamente, la gente se había despertado con todo el alboroto.

-¡Rápido! ¡No hay tiempo que perder! ¡Entrad!-gritó Crinés.

-¿Tú no vienes, Crinés?

-¡No! Yo tengo que encontrar a mi Jinete, y no creo que El Señor de los Huesos, se dedique a resolver problemas de caballos, precisamente.

-¡Espero que lo consigas!-gritamos.

Crinés Rinés de Inés se alejó, y nosotros lo perdimos de vista.

Pero, con las prisas, se nos olvidó de volver a tapar la entrada a la gruta.

Los tres, nos adentramos en la misteriosa gruta oscura, con la esperanza de encontrar a El Señor de los Huesos.

CONTINUARÁ…

Y así van las cosas… pronto habrá otros capítulos y quizás nuevas aventuras.

Muchos Guaus a tod@s

Yogui

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