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viernes, 11 de junio de 2010

¡¡¡Hola!!!

Pues ya estamos otra vez aquí, por eso éste Hola es como un nuevo y primer Hola, como si fuera la primera vez que nos vemos por estos lares. Pero aún estoy muy ocupadito con otros asuntos (antes era papi el ocupado) por lo que me he vuelto a retrasar un par de finesde. Así que, volviendo a las andadas, os presento un nuevo capítulo de mis aventurilllas por el mundo y luego os dejo el resumen de las aventuras por mi pequeño barrio ;-D

Follón en la Mansión

En la que demostramos que los animales pueden luchar contra el hombre y salir victoriosos. Pero me espera otra gran sorpresa además de esa. Aunque no es como pensaba.

XI) Hola, Hijo Mío…


-¡Vamos, Señora Ki-Natacha! ¡No tiene por qué tener miedo!-gritábamos todos para animar a la tímida serpiente.

-¡Pero es que no puedo traspasar los barrotes! ¡Soy demasiado gorda! ¡Buaaa!-gritaba ella.

-Mi querida Señora-dijo Balto-Es usted una de las serpientes más delgadas que he visto en mi vida. ¡Así que haga el favor de salir de allí!

-¡No es cierto! ¡Lo hacéis porque os inspiro compasión! ¡Soy la serpiente más obesa que se ha arrastrado por la Tierra!

-¡Por el Código Animal! Por favor, Ki-Natacha. A ustedes, las serpientes, siempre se os colocan en cajas de cristal para que no escapéis. Al parecer el colocarla en una celda normal y corriente ha sido un despiste por parte de los Yakuza de Quebrantapiedras, ¡y usted no sabe aprovechar la oportunidad de sacarnos a todos de aquí!

-Pero… ¿vosotros creéis de verdad que puedo sacaros de aquí?

-¡Claro que sí! ¡Solo tienes que tener confianza!

-El plan es muy simple-añadió Lazzie-Solo tiene que salir de ahí. Abrir la puerta del Señor Brochettes con su lengua bífida, usándola de ganzúa. Después se meterá en la celda de éste mismo, y esperará allí camuflada a que los soldados comiencen a perseguirlo. Cuando se hayan ido, irá a la sala de control, y apretarás el botón que nos abra la puerta a todos. ¡Vamos, Señora, no sabe lo que precisamos su ayuda!

-Pero, ¿seguro que no hay más serpientes que puedan sustituirme?

En ese momento, decidí que había que convencerla como fuese.

-¡Claro que no, Señora! ¡Además, usted es la serpiente más bella que he conocido nunca!-murmuré-¡Si bien es la primera serpiente que conozco!

-¿De verdad me crees bella?

-¡No solo bella, sino refinada, delicada, y… con un porte, muy, muy, fino y delgado!

-¿Delgada? ¿Consideras que soy delgada?

-¡Una de las más ruininas serpientes del planeta!

-¿Me llamas ruin, mala? ¡Buaaa!-se echó de nuevo a llorar.

-¡No, no, Querida Señora! Es que usted, proviene de La India… Ruin, es una palabra que se utiliza por los animales asturianos para referirse a alguien que es flaco.

-Ah… Pero, ¿crees que estoy flaca?

-Bueno, sí, es usted la más flaca de las Ophidias!

-¿Flaca?

-¿No es lo que quería?

-¡Yo quiero ser delgada, no que se me vean las costillas!

-¡Ah, bueno, bueno! ¡Es que suelo confundir los dos términos!-aunque en realidad se le veían las costillas y la columna vertebral de flaca que estaba.

-¿De verdad lo dices en serio?

-Qué sí, mujer…

-¿Soy… delgada?

-¡Por supuesto!-le dijimos a la vez todos.

-No sé qué decir. Siempre pensé que era gorda-se miró su cola-Y que por eso no cabía por los ojos de las agujas…

-Señora, ¡ni un mosquito cabría por el ojo de una aguja! Y usted no quería ser flaca, ¿verdad?

-¡Pues sí!-dijo Balto-¡Usted tiene la perfecta delgadez!

La serpiente se puso a llorar por el cumplido.

-Bueno… lo intentaré.

Cerró los ojos y se deslizó por los barrotes de la jaula.

Dentro de unos segundos estuvo fuera. Cuando abrió los ojos, no se lo podía creer.

-¡He… salido! ¡Soy delgada! ¡No me lo puedo creer! ¡Yupi!-y empezó a dar brincos de alegría.

-¡Genial!-gritamos todos.

-Ahora, no olvide lo que tiene que hacer. Abra la puerta del Señor Brochettes-El Erizo miraba tranquilamente a la serpiente.

-De… de acuerdo-dijo Ki-Natacha Snake.

-Bien. Ahora deslícese despacito por el suelo. Trepe arrastrándose hasta la celda del Señor Cornelius… Y meta su lengua bífida por el engranaje de la cerradura… Eso es… Muy bien… Muy bien… Señora… Y ahora… ¡¡¡Oh, no!!!

Detrás de ella, había aparecido uno de los guardias de seguridad, y traía una jeringuilla consigo, como la que habían utilizado para dejar inconsciente a Balto.

La nerviosa serpiente apenas tuvo tiempo de lanzar un gritito e introducir su lengua bífida en la cerradura. Pero cuando el Yakuza acercó su mano para atrapar a Ki-Natacha, lo que consiguió fue que el Señor Brochettes le cayese encima y se le clavase en la mano.

-¡Ahhhhhh!-aulló-¡Un erizo estúpido, gordo y feo! ¡Se me ha clavado en la mano! ¡Me hace sangre! ¡Este horrible animal me está envenenando e infectando la sangre!

-¡Cuidad, Señor Mío!-dijo seriamente el erizo mientras el hombre meneaba su mano intentando quitárselo de encima-¡Yo soy el Señor Cornelius Brochettes, el Gran Duque de la…!

El hombre consiguió lanzarlo al suelo.

-¡Qué modales! ¿Dónde aprendió a comportarse? ¿En un zoológico? ¡Le denunciaré! ¡Téngalo por seguro!

-¡Ahhhhh!-siguió gritando el hombre mientras se lamía los dedos-¡Jack, trae una red!

Su compinche en seguida vino con una red para atrapar al desobediente erizo.

El Señor Brochettes comenzó a dar alaridos y a correr, mientras exclamaba:

-¡Querido Señor Yogui, no me explicó usted que iban a traer reeeeeed!

En unos segundos, el Noble Erizo se llevó de allí a los dos hombres.

La Señora Ki-Natacha pudo respirar tranquila.

-¡Rápido, Señora! ¡Dése prisa, vaya a la Sala de Control antes de que esos endemoniados vuelvan!

-Sí, sí. De acuerdo. A la Sala de Control-se deslizó hasta ella, y se subió a una silla para observar mejor los botones… Pero…- ¡Ah, si hay cientos de botones! ¡Yogui! ¿Cuál aprieto?

-Veamos, veamos…-pensé-Normalmente, los botones para abrir cosas, suelen ser… rojos.

(Genial color. Lo sé. El que ni un solo animal diferencia.)

-Bien. Vale. Vale. Me calmo-decía Ki-Natacha-¿Será este?-y apretó con su cola un botón un tanto más grande que el resto.

De pronto, comenzó a llover del techo.

Los hombres que estaban persiguiendo al Señor Brochettes comenzaron a resbalar y a caerse al suelo mientras gritaban que estaba ocurriendo.

Ki-Natacha volvió a apretar el botón, pero solo sirvió para que cada vez cayese más agua.

La Señora Ki-Natacha no pudo más. Apretó otro botón.

La alarma se puso a sonar.

Los guardias estaban desconcertados.

La Sra K. Snake apretó otro botón.

El edificio empezó a emitir un sonido desgarrador, un pitido tan agudo que era demasiado desagradable para el oído animal.

Todos nosotros empezamos a ladrar, aullar, cacarear, balar, o cualquier "palabra" que fuese la que usualmente produciésemos.

Los hombres no lo oyeron, pero incluso el Señor Erizo quedó indispuesto.

Eso permitió que los hombres se levantaran del suelo, y se inclinasen a cogerlo, pero cuando iban a hacerlo… ¡Empezó a sonar música a todo volumen en el edificio!

La Señora Ki-Natacha, dio a un botón que le pareció azul.

Se abrió una especie de micrófono.

La inquieta serpiente comenzó a sisear, y el sonido se repitió en toda la mansión de Johny Quebrantapiedras.

Los hombres no se lo podían creer.

Incluso Johny Quebrantapiedras salió de su habitación pidiendo explicaciones.

La Señora Ki-Natacha se puso histérica. Comenzó a apretar botones sin parar.

Los hombres dejaron al Señor Brochettes y se encaminaron corriendo hacia la Sala de Control.

De repente, la Señora Ki-Natacha dio un golpe a la lámpara con su cola, y cayó al suelo. La estancia comenzó a arder.

Todos los animales empezamos a gritar.

Los hombres ya llegaban.

Ki-Natacha pedía auxilio.

-¡Ahhhhhh! ¡¿Qué hago?! ¡¿Qué hago?!

-¡Sopla!-le aconsejé yo-¡Creo que soplando se apaga el fuego!

Ella sopló como pudo con su lengua viperina, pero lo único que consiguió fue aumentarlo, y hacer el incendio más grande.

-¡Creo que lo que se consigue es hacerlo más grande! ¡Ahhhhh!-gritaba.

Y, sin querer, se apoyó sobre un pequeño botón de color naranja.

Y, ¡las puertas de las jaulas se abrieron de par en par!

Cuando los hombres llegaron, solo vieron como una enorme manada de animales, unos más grandes y otros más pequeños, les habían superado en inteligencia, y ahora mismo, se echaban encima suyo como una estampida, guiados por un pequeño Escarabajo Tigre.

En cuánto salí, me volví a colocar orgulloso mi querido collar, y mi abriguito, que Johny Quebrantapiedras me había arrebatado.

El Señor Brochettes llegó enseguida.

-¡Ey, es que nadie me va a dar las gracias! ¿Quién les ha entretenido todo el rato?

-¡Gracias, Gran Duque de la Jungla!-le dije yo.

La Señora Ki-Natacha Snake se acercó.

-Gracias, Señora Ki-Natacha.

-No, gracias a ti. Me has hecho confiar en mí misma-me dijo ella.

-¡Cuidado!-gritó el erizo mientras se encogía del miedo.

Un hombre traía una jeringuilla y se abalanzaba sobre nosotros dos, Ki-Natacha y yo.

-¡Adiós, querido! ¡Qué te vaya bien!

Pude ver como el caballo que había visto en la corrida, se ponía delante de nosotros para defendernos, ¡y le daba una gran coz al humano!

-Gracias a ti también-exclamé.

-No hay de qué-dijo amigablemente.

-¡Adiós, Señor Caballo Crinés Rinés de Inés, adiós, Señor Cornelius Brochettes, Gran Duque de la Jungla, adiós, Señora Ki-Natacha Snake!-dije. Había cogido mucho afecto a aquella serpiente.

Ellos me devolvieron el "adiós".

Fui a reunirme con Lazzie y Balto.

-Hay que escapar de aquí como sea. Y sacar a los demás también. Si no, arderemos todos.

Recordé que estábamos rodeados de fuego. Así que fuimos todos juntos a la Sala Principal.

Allí estuvimos un buen rato, luchando contra los Yakuza. Y, cuando, creíamos que habíamos vencido…

-¡Bam, bam!

Dos ruidosos disparos se escucharon.

Un pobre orangután cayó malherido al suelo.

¡Era Johny Quebrantapiedras!

-¡¿A dónde creéis que vais, estúpidos?! ¡¿Creíais que podríais burlarme?! ¡¿A mí?! ¡¿A uno de los humanos más ricos y poderosos de todo Japón?! ¡No sois más que animales! ¡No tenéis ningún futuro ni esperanzas de salvaros! ¡Sois esclavos del hombre!

Pero, la cosa no iba a quedar aquí. Todos los animales nos reunimos, y nos pusimos delante del orangután herido, para defender su cuerpo. Dimos un paso al frente. ¡Plantamos cara a Johny Quebrantapiedras! Y, todos juntos, pronunciamos nuestros sonidos habituales. Unos rugieron, otros ladramos, otros aullaron, pero todos juntos, ¡plantamos cara a los humanos!

Johny Quebrantapiedras dio unos pasos hacia atrás, y desapreció entre las llamas.

Los animales seguimos liándonos a cornadas con los guardianes, para conseguir salir del palacio.

De pronto, una enorme estaca de fuego chocó contra mí, y me quemó el lomo.

Johny Quebrantapiedras apareció frente a mí.

-Tokobetsu… ¿Es que ya no te acuerdas de nuestro trato?-sonrió maléficamente, soltando una malvada risita-Vivirías como un rey el resto de tu vida, a cambio de dar lástima a las personas, esta noche…

Yo le ladré con un pequeño gritito.

-¡Ja ja, ¿es eso lo único que sabes hacer?! Ven a mí, perrito bonito. Ven a mí…-se acercó más a mí.

Yo, en cambio, retrocedí.

-¡Como no vengas a mí, perro endiablado! ¡Te voy a…!-sacó la pistola.

Acto seguido la tiró al suelo.

-¡Ahhhhhhh!-aulló, y comenzó a arrastrarse por el suelo para huir, como un gusano.

Alguien lo había mordido.

Esperaba encontrarme con Balto, o Lazzie. Ellos eran los que me tendrían que haber salvado. Pero, desgraciadamente, con todo el lío que se había organizado, ellos aún no se habían enterado.

No me encontré con Balto, ni con Lazzie, ni siquiera con la Señora Ki-Natacha.

Me encontré frente a frente… con mi padre.

Esa era la primera vez que lo hacía.

Me observaba con su mirada fiera y sanguinaria, silenciosamente, aunque gruñía por lo bajo. Una inmensa cicatriz, le cubría todo el ojo derecho y llegaba hasta la pata izquierda.

Yo no supe que decir. Estaba aterrorizado. Él fue el que me habló.

-Hola, Hijo Mío… -sonrió pérfidamente-¡Qué gusto verte!

-Hola, señor.

-¿Qué pasa? ¡No te fijes tanto en mi cicatriz! Es solo que… ¡ese maldito zorro traicionero es más ágil y resistente de lo que yo pensaba!

¡Don Raposu! Así que mi padre le había atacado, y él se había conseguido escapar… ¡Aunque nos engañase, pues estoy seguro de que sabía adónde llevaba el tren, era un alivio para mí que se hubiese librado de mi malvado padre!

-Ahora, Yogui, tú sí que tienes que venir conmigo. Y llevarme adónde tú sabes. Dime, dónde está el Hueso.

-Yo no sé nada, señor.

-¿Ah, no? ¡¡Pues pronto vas a saber!!

Cogió la enorme estaca de fuego con sus colmillos, y me intentó amenazar con ella… Pero…

-¡Deja en paz a nuestro amigo!

-¡Sí, eso! ¡Déjalo ahora mismo o te morderé, y te advierto que soy venenosa!

El Señor Cornelius Brochettes había caído del cielo, nunca mejor dicho, y lo había hecho encima de mi padre, ¡seguido de la Señora Ki-Natacha!

Yo me escondí, y les guiñé un ojo a mis amigos, dándoles las gracias.

Mi padre meneaba su cabeza, intentando desprenderse del erizo, y de la serpiente, que le estaba agarrando y sujetando bien fuerte por el cuello.

Entonces, consiguió desprenderse del erizo, y a continuación de la Serpiente Ki-Natacha, pero apenas lo hubo logrado, cuando, una jaula con la puerta mirando hacia abajo le cayó justo encima, y lo dejó prisionero.

¿Quién había tirado aquella caja? ¿Quién había dicho a la Señora Ki-Natacha y al Señor Brochettes que estaba en peligro? Miré hacia el cielo y vi la respuesta. ¡Balto y Lazzie estaban arriba mirándome!

Yo les saludé. Ahora comprendía todo.

Cuando Balto bajó las escaleras junto con Lazzie yo fui a darle las gracias.

-¡Muchísimas gracias, Balto! ¡Ahora vuelvo a deberte dos rescates!

-¡Oh, pero no me des las gracias solo a mí, sino a Lazzie! ¡Ha sido ella la que se ha dado cuenta, me ha avisado, y ha tramado el plan!

-Gracias, Lazzie.

-No te preocupes, tonto-me dio un lametón en la mejilla.

Me puse rojo.

Y, por última vez, les dijimos "Adiós" al Señor Brochettes y a la Señora Ki-Natacha.

-¡Yogui, hijo idiota, no me menosprecies! ¡No sabes quién soy yo! ¡No te librarás de mí tan fácilmente! ¡Volveré! ¡Volveré a por ti y conseguiré el Hueso! ¡Y entonces ya verás! ¡¡¡Ya verás!!!-gritaba mi padre mientras nos alejábamos.

-¿Cómo ha conseguido llegar aquí?-dijo Balto.

-No sé, supongo que nos siguió de cerca mientras Don Raposu Arteru de Arredrayáu nos llevaba hasta la estación de tren, y lo demás ya fue hueso roído. Se metió también en la estación, y los hombres, le introdujeron en el vagón. Y estuvo escondido hasta ahora, esperando el momento oportuno-le contesté a Balto.

-Ya…-dijo él.

Las puertas de la mansión por fin se abrieron. Un tigre y un enorme macho cabrío las habían conseguido derribar.

-¡No, no! ¡MIS animales! ¡MI oro! ¡MI reputación!-sollozaba Johny Quebrantapiedras a lo lejos mientras se seguía arrastrando como un gusano.

-Ya podemos salir-dijo Lazzie.

Así que, todos juntos. Fuimos saliendo de la mansión. Pero, una vez que puse una pata fuera, oí unos tristes sollozos en la mansión. Vi a un pequeño monito atrapado entre las llamas, que ni siquiera la lluvia artificial había conseguido apagar.

-¡Tranquilo! ¡Yo te salvaré!-dije-¡Y volví a entrar en la mansión esquivando rápidamente a todos los que salían!

Lazzie y Balto me siguieron, suplicándome que no lo hiciera.

Yo, sin saber lo que hacía, me metí entre las llamas, para salvar a la pobre cría.

-¡Yogui!-dijo Lazzie-¡Voy contigo!-y ella también se metió entre las llamas.

¡Esperad!-gritó Balto.

CONTINUARÁ…

En cuanto a mis otras aventuras pues… se acabó mayo, el mes de las flores y fue como si el verano ya se hubiera instalado con nosotros… calor que de abundante acabó echándonos a todos del parque por lo que fuimos pocos los aventureros que se prestaron a hacer las rondas de rigor por el círculo central… Solo destacar de ese último finde que tengo tres nuevos colegas… Lulú una preciosa Yorki y Tomás un pequeño y travieso Buldog francés. El tercer amigo es la blanca Lúa que ya la había conocido un finde anterior pero que esta vez se quedó a jugar con nosotros mucho más tiempo… y fijaos si es traviesa que se pintó la boca de azul y tuvimos que lavarle la cara y las patitas en la fuente de la iglesia… Os dejo las fotos:

Último finde en Mayo

Pero hay un refrán que dice que hay un cuarenta de mayo y vaya si hizo acto de presencia… Si el finde anterior Lorenzo trabajó como nunca, en este se puso en huelga, como los funcionarios que diría papi… Así que nos tocó mojarnos y por tanto también hubo estampida de muchos de mis colegas que no se atrevieron a salir de casa por temor a mojar sus lindos abrigos de piel natural… Pero afortunadamente pude ver a nuevos amigos… Lúa y Camila ya las conocía pero apareció un pequeño que no sabía si temblaba por el frio y la lluvia o por el miedo a ver unos “can-pañeros” tan grandes a su lado. El caso es que Thor, que así se llama este cachorrito, se acabó subiendo al cuello de su mami para protegerse de ambas cosas, el frio y nosotros aunque os prometo que nosotros no queríamos hacerle nada de nada, si acaso jugar un poquito con él. Ahí están las fotos:

¿Y el 40 de mayo? Patitas amigos, nos ladramos

Yogui

5 comentarios:

Lorenza dijo...

Hola Yogui!
A las mujeres se nos convence con palabras bonitas, verdad? Nomas decirle a doña vibora que es delgada y asunto arreglado! haaaa!
Aqui el sol no nos da respiro. Todos los dias tenemos unas temperaturas de 40 a 45 grados... de miedo!
Algo de lluvia no nos caeria mal!
Besos
Lorenza

Gaucho Tibetano dijo...

hola colega
nosotros tambien hemos vuelto pero estamos menos comunicativos que vos.
a ver si vuelve james dog.. pronto y anima el blog
una rascadita de la jefa pata ti

Yogui dijo...

Princesa... Es que la Sra Ki-Natacha tenía anorexia leve, y fue fácil convencerla. Además, era muy inocente... ¡Ay, ojalá la hubieses conocido! Yo creo que de cierta forma, he conseguido que la conocieséis por medio de mis palabras, que he dejado impresas para siempre, grabadas para que todas las generaciones que vengan en el futuro, puedan saber de la Sra Ki-Natacha, cuya hazaña siempre estará presente en este blog.
Fue uno de los animales que más afecto cogí en mi Gran Aventura, y eso que solo le he dedicado dos Capítulos (10, 11)... Pero, bueno, aún te quedan algunos personajes memorables más que conocer a fondo, como el esquizofrénico Monóru, que tendrá un capítulo dedicado a él solito, y a su triste historia. (Episodio XII: Conversación con un Simio).
Patitas.

Yogui dijo...

Gauchito... Bueno, bueno, seguro que sacaréis un poquito de tiempo para publicar algo... Yo mientras esperaré vuestras aventuras ansioso.
Dale gracias de mi parte a la jefa, por las rascaditas...
Un fuerte patiabrazo.

Lorenza dijo...

Bueno... bueno.... bueno....
Donde andas??
Espero que todos esten bien!
Besos
Lorenza

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