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viernes, 11 de junio de 2010

¡¡¡Hola!!!

Pues ya estamos otra vez aquí, por eso éste Hola es como un nuevo y primer Hola, como si fuera la primera vez que nos vemos por estos lares. Pero aún estoy muy ocupadito con otros asuntos (antes era papi el ocupado) por lo que me he vuelto a retrasar un par de finesde. Así que, volviendo a las andadas, os presento un nuevo capítulo de mis aventurilllas por el mundo y luego os dejo el resumen de las aventuras por mi pequeño barrio ;-D

Follón en la Mansión

En la que demostramos que los animales pueden luchar contra el hombre y salir victoriosos. Pero me espera otra gran sorpresa además de esa. Aunque no es como pensaba.

XI) Hola, Hijo Mío…


-¡Vamos, Señora Ki-Natacha! ¡No tiene por qué tener miedo!-gritábamos todos para animar a la tímida serpiente.

-¡Pero es que no puedo traspasar los barrotes! ¡Soy demasiado gorda! ¡Buaaa!-gritaba ella.

-Mi querida Señora-dijo Balto-Es usted una de las serpientes más delgadas que he visto en mi vida. ¡Así que haga el favor de salir de allí!

-¡No es cierto! ¡Lo hacéis porque os inspiro compasión! ¡Soy la serpiente más obesa que se ha arrastrado por la Tierra!

-¡Por el Código Animal! Por favor, Ki-Natacha. A ustedes, las serpientes, siempre se os colocan en cajas de cristal para que no escapéis. Al parecer el colocarla en una celda normal y corriente ha sido un despiste por parte de los Yakuza de Quebrantapiedras, ¡y usted no sabe aprovechar la oportunidad de sacarnos a todos de aquí!

-Pero… ¿vosotros creéis de verdad que puedo sacaros de aquí?

-¡Claro que sí! ¡Solo tienes que tener confianza!

-El plan es muy simple-añadió Lazzie-Solo tiene que salir de ahí. Abrir la puerta del Señor Brochettes con su lengua bífida, usándola de ganzúa. Después se meterá en la celda de éste mismo, y esperará allí camuflada a que los soldados comiencen a perseguirlo. Cuando se hayan ido, irá a la sala de control, y apretarás el botón que nos abra la puerta a todos. ¡Vamos, Señora, no sabe lo que precisamos su ayuda!

-Pero, ¿seguro que no hay más serpientes que puedan sustituirme?

En ese momento, decidí que había que convencerla como fuese.

-¡Claro que no, Señora! ¡Además, usted es la serpiente más bella que he conocido nunca!-murmuré-¡Si bien es la primera serpiente que conozco!

-¿De verdad me crees bella?

-¡No solo bella, sino refinada, delicada, y… con un porte, muy, muy, fino y delgado!

-¿Delgada? ¿Consideras que soy delgada?

-¡Una de las más ruininas serpientes del planeta!

-¿Me llamas ruin, mala? ¡Buaaa!-se echó de nuevo a llorar.

-¡No, no, Querida Señora! Es que usted, proviene de La India… Ruin, es una palabra que se utiliza por los animales asturianos para referirse a alguien que es flaco.

-Ah… Pero, ¿crees que estoy flaca?

-Bueno, sí, es usted la más flaca de las Ophidias!

-¿Flaca?

-¿No es lo que quería?

-¡Yo quiero ser delgada, no que se me vean las costillas!

-¡Ah, bueno, bueno! ¡Es que suelo confundir los dos términos!-aunque en realidad se le veían las costillas y la columna vertebral de flaca que estaba.

-¿De verdad lo dices en serio?

-Qué sí, mujer…

-¿Soy… delgada?

-¡Por supuesto!-le dijimos a la vez todos.

-No sé qué decir. Siempre pensé que era gorda-se miró su cola-Y que por eso no cabía por los ojos de las agujas…

-Señora, ¡ni un mosquito cabría por el ojo de una aguja! Y usted no quería ser flaca, ¿verdad?

-¡Pues sí!-dijo Balto-¡Usted tiene la perfecta delgadez!

La serpiente se puso a llorar por el cumplido.

-Bueno… lo intentaré.

Cerró los ojos y se deslizó por los barrotes de la jaula.

Dentro de unos segundos estuvo fuera. Cuando abrió los ojos, no se lo podía creer.

-¡He… salido! ¡Soy delgada! ¡No me lo puedo creer! ¡Yupi!-y empezó a dar brincos de alegría.

-¡Genial!-gritamos todos.

-Ahora, no olvide lo que tiene que hacer. Abra la puerta del Señor Brochettes-El Erizo miraba tranquilamente a la serpiente.

-De… de acuerdo-dijo Ki-Natacha Snake.

-Bien. Ahora deslícese despacito por el suelo. Trepe arrastrándose hasta la celda del Señor Cornelius… Y meta su lengua bífida por el engranaje de la cerradura… Eso es… Muy bien… Muy bien… Señora… Y ahora… ¡¡¡Oh, no!!!

Detrás de ella, había aparecido uno de los guardias de seguridad, y traía una jeringuilla consigo, como la que habían utilizado para dejar inconsciente a Balto.

La nerviosa serpiente apenas tuvo tiempo de lanzar un gritito e introducir su lengua bífida en la cerradura. Pero cuando el Yakuza acercó su mano para atrapar a Ki-Natacha, lo que consiguió fue que el Señor Brochettes le cayese encima y se le clavase en la mano.

-¡Ahhhhhh!-aulló-¡Un erizo estúpido, gordo y feo! ¡Se me ha clavado en la mano! ¡Me hace sangre! ¡Este horrible animal me está envenenando e infectando la sangre!

-¡Cuidad, Señor Mío!-dijo seriamente el erizo mientras el hombre meneaba su mano intentando quitárselo de encima-¡Yo soy el Señor Cornelius Brochettes, el Gran Duque de la…!

El hombre consiguió lanzarlo al suelo.

-¡Qué modales! ¿Dónde aprendió a comportarse? ¿En un zoológico? ¡Le denunciaré! ¡Téngalo por seguro!

-¡Ahhhhh!-siguió gritando el hombre mientras se lamía los dedos-¡Jack, trae una red!

Su compinche en seguida vino con una red para atrapar al desobediente erizo.

El Señor Brochettes comenzó a dar alaridos y a correr, mientras exclamaba:

-¡Querido Señor Yogui, no me explicó usted que iban a traer reeeeeed!

En unos segundos, el Noble Erizo se llevó de allí a los dos hombres.

La Señora Ki-Natacha pudo respirar tranquila.

-¡Rápido, Señora! ¡Dése prisa, vaya a la Sala de Control antes de que esos endemoniados vuelvan!

-Sí, sí. De acuerdo. A la Sala de Control-se deslizó hasta ella, y se subió a una silla para observar mejor los botones… Pero…- ¡Ah, si hay cientos de botones! ¡Yogui! ¿Cuál aprieto?

-Veamos, veamos…-pensé-Normalmente, los botones para abrir cosas, suelen ser… rojos.

(Genial color. Lo sé. El que ni un solo animal diferencia.)

-Bien. Vale. Vale. Me calmo-decía Ki-Natacha-¿Será este?-y apretó con su cola un botón un tanto más grande que el resto.

De pronto, comenzó a llover del techo.

Los hombres que estaban persiguiendo al Señor Brochettes comenzaron a resbalar y a caerse al suelo mientras gritaban que estaba ocurriendo.

Ki-Natacha volvió a apretar el botón, pero solo sirvió para que cada vez cayese más agua.

La Señora Ki-Natacha no pudo más. Apretó otro botón.

La alarma se puso a sonar.

Los guardias estaban desconcertados.

La Sra K. Snake apretó otro botón.

El edificio empezó a emitir un sonido desgarrador, un pitido tan agudo que era demasiado desagradable para el oído animal.

Todos nosotros empezamos a ladrar, aullar, cacarear, balar, o cualquier "palabra" que fuese la que usualmente produciésemos.

Los hombres no lo oyeron, pero incluso el Señor Erizo quedó indispuesto.

Eso permitió que los hombres se levantaran del suelo, y se inclinasen a cogerlo, pero cuando iban a hacerlo… ¡Empezó a sonar música a todo volumen en el edificio!

La Señora Ki-Natacha, dio a un botón que le pareció azul.

Se abrió una especie de micrófono.

La inquieta serpiente comenzó a sisear, y el sonido se repitió en toda la mansión de Johny Quebrantapiedras.

Los hombres no se lo podían creer.

Incluso Johny Quebrantapiedras salió de su habitación pidiendo explicaciones.

La Señora Ki-Natacha se puso histérica. Comenzó a apretar botones sin parar.

Los hombres dejaron al Señor Brochettes y se encaminaron corriendo hacia la Sala de Control.

De repente, la Señora Ki-Natacha dio un golpe a la lámpara con su cola, y cayó al suelo. La estancia comenzó a arder.

Todos los animales empezamos a gritar.

Los hombres ya llegaban.

Ki-Natacha pedía auxilio.

-¡Ahhhhhh! ¡¿Qué hago?! ¡¿Qué hago?!

-¡Sopla!-le aconsejé yo-¡Creo que soplando se apaga el fuego!

Ella sopló como pudo con su lengua viperina, pero lo único que consiguió fue aumentarlo, y hacer el incendio más grande.

-¡Creo que lo que se consigue es hacerlo más grande! ¡Ahhhhh!-gritaba.

Y, sin querer, se apoyó sobre un pequeño botón de color naranja.

Y, ¡las puertas de las jaulas se abrieron de par en par!

Cuando los hombres llegaron, solo vieron como una enorme manada de animales, unos más grandes y otros más pequeños, les habían superado en inteligencia, y ahora mismo, se echaban encima suyo como una estampida, guiados por un pequeño Escarabajo Tigre.

En cuánto salí, me volví a colocar orgulloso mi querido collar, y mi abriguito, que Johny Quebrantapiedras me había arrebatado.

El Señor Brochettes llegó enseguida.

-¡Ey, es que nadie me va a dar las gracias! ¿Quién les ha entretenido todo el rato?

-¡Gracias, Gran Duque de la Jungla!-le dije yo.

La Señora Ki-Natacha Snake se acercó.

-Gracias, Señora Ki-Natacha.

-No, gracias a ti. Me has hecho confiar en mí misma-me dijo ella.

-¡Cuidado!-gritó el erizo mientras se encogía del miedo.

Un hombre traía una jeringuilla y se abalanzaba sobre nosotros dos, Ki-Natacha y yo.

-¡Adiós, querido! ¡Qué te vaya bien!

Pude ver como el caballo que había visto en la corrida, se ponía delante de nosotros para defendernos, ¡y le daba una gran coz al humano!

-Gracias a ti también-exclamé.

-No hay de qué-dijo amigablemente.

-¡Adiós, Señor Caballo Crinés Rinés de Inés, adiós, Señor Cornelius Brochettes, Gran Duque de la Jungla, adiós, Señora Ki-Natacha Snake!-dije. Había cogido mucho afecto a aquella serpiente.

Ellos me devolvieron el "adiós".

Fui a reunirme con Lazzie y Balto.

-Hay que escapar de aquí como sea. Y sacar a los demás también. Si no, arderemos todos.

Recordé que estábamos rodeados de fuego. Así que fuimos todos juntos a la Sala Principal.

Allí estuvimos un buen rato, luchando contra los Yakuza. Y, cuando, creíamos que habíamos vencido…

-¡Bam, bam!

Dos ruidosos disparos se escucharon.

Un pobre orangután cayó malherido al suelo.

¡Era Johny Quebrantapiedras!

-¡¿A dónde creéis que vais, estúpidos?! ¡¿Creíais que podríais burlarme?! ¡¿A mí?! ¡¿A uno de los humanos más ricos y poderosos de todo Japón?! ¡No sois más que animales! ¡No tenéis ningún futuro ni esperanzas de salvaros! ¡Sois esclavos del hombre!

Pero, la cosa no iba a quedar aquí. Todos los animales nos reunimos, y nos pusimos delante del orangután herido, para defender su cuerpo. Dimos un paso al frente. ¡Plantamos cara a Johny Quebrantapiedras! Y, todos juntos, pronunciamos nuestros sonidos habituales. Unos rugieron, otros ladramos, otros aullaron, pero todos juntos, ¡plantamos cara a los humanos!

Johny Quebrantapiedras dio unos pasos hacia atrás, y desapreció entre las llamas.

Los animales seguimos liándonos a cornadas con los guardianes, para conseguir salir del palacio.

De pronto, una enorme estaca de fuego chocó contra mí, y me quemó el lomo.

Johny Quebrantapiedras apareció frente a mí.

-Tokobetsu… ¿Es que ya no te acuerdas de nuestro trato?-sonrió maléficamente, soltando una malvada risita-Vivirías como un rey el resto de tu vida, a cambio de dar lástima a las personas, esta noche…

Yo le ladré con un pequeño gritito.

-¡Ja ja, ¿es eso lo único que sabes hacer?! Ven a mí, perrito bonito. Ven a mí…-se acercó más a mí.

Yo, en cambio, retrocedí.

-¡Como no vengas a mí, perro endiablado! ¡Te voy a…!-sacó la pistola.

Acto seguido la tiró al suelo.

-¡Ahhhhhhh!-aulló, y comenzó a arrastrarse por el suelo para huir, como un gusano.

Alguien lo había mordido.

Esperaba encontrarme con Balto, o Lazzie. Ellos eran los que me tendrían que haber salvado. Pero, desgraciadamente, con todo el lío que se había organizado, ellos aún no se habían enterado.

No me encontré con Balto, ni con Lazzie, ni siquiera con la Señora Ki-Natacha.

Me encontré frente a frente… con mi padre.

Esa era la primera vez que lo hacía.

Me observaba con su mirada fiera y sanguinaria, silenciosamente, aunque gruñía por lo bajo. Una inmensa cicatriz, le cubría todo el ojo derecho y llegaba hasta la pata izquierda.

Yo no supe que decir. Estaba aterrorizado. Él fue el que me habló.

-Hola, Hijo Mío… -sonrió pérfidamente-¡Qué gusto verte!

-Hola, señor.

-¿Qué pasa? ¡No te fijes tanto en mi cicatriz! Es solo que… ¡ese maldito zorro traicionero es más ágil y resistente de lo que yo pensaba!

¡Don Raposu! Así que mi padre le había atacado, y él se había conseguido escapar… ¡Aunque nos engañase, pues estoy seguro de que sabía adónde llevaba el tren, era un alivio para mí que se hubiese librado de mi malvado padre!

-Ahora, Yogui, tú sí que tienes que venir conmigo. Y llevarme adónde tú sabes. Dime, dónde está el Hueso.

-Yo no sé nada, señor.

-¿Ah, no? ¡¡Pues pronto vas a saber!!

Cogió la enorme estaca de fuego con sus colmillos, y me intentó amenazar con ella… Pero…

-¡Deja en paz a nuestro amigo!

-¡Sí, eso! ¡Déjalo ahora mismo o te morderé, y te advierto que soy venenosa!

El Señor Cornelius Brochettes había caído del cielo, nunca mejor dicho, y lo había hecho encima de mi padre, ¡seguido de la Señora Ki-Natacha!

Yo me escondí, y les guiñé un ojo a mis amigos, dándoles las gracias.

Mi padre meneaba su cabeza, intentando desprenderse del erizo, y de la serpiente, que le estaba agarrando y sujetando bien fuerte por el cuello.

Entonces, consiguió desprenderse del erizo, y a continuación de la Serpiente Ki-Natacha, pero apenas lo hubo logrado, cuando, una jaula con la puerta mirando hacia abajo le cayó justo encima, y lo dejó prisionero.

¿Quién había tirado aquella caja? ¿Quién había dicho a la Señora Ki-Natacha y al Señor Brochettes que estaba en peligro? Miré hacia el cielo y vi la respuesta. ¡Balto y Lazzie estaban arriba mirándome!

Yo les saludé. Ahora comprendía todo.

Cuando Balto bajó las escaleras junto con Lazzie yo fui a darle las gracias.

-¡Muchísimas gracias, Balto! ¡Ahora vuelvo a deberte dos rescates!

-¡Oh, pero no me des las gracias solo a mí, sino a Lazzie! ¡Ha sido ella la que se ha dado cuenta, me ha avisado, y ha tramado el plan!

-Gracias, Lazzie.

-No te preocupes, tonto-me dio un lametón en la mejilla.

Me puse rojo.

Y, por última vez, les dijimos "Adiós" al Señor Brochettes y a la Señora Ki-Natacha.

-¡Yogui, hijo idiota, no me menosprecies! ¡No sabes quién soy yo! ¡No te librarás de mí tan fácilmente! ¡Volveré! ¡Volveré a por ti y conseguiré el Hueso! ¡Y entonces ya verás! ¡¡¡Ya verás!!!-gritaba mi padre mientras nos alejábamos.

-¿Cómo ha conseguido llegar aquí?-dijo Balto.

-No sé, supongo que nos siguió de cerca mientras Don Raposu Arteru de Arredrayáu nos llevaba hasta la estación de tren, y lo demás ya fue hueso roído. Se metió también en la estación, y los hombres, le introdujeron en el vagón. Y estuvo escondido hasta ahora, esperando el momento oportuno-le contesté a Balto.

-Ya…-dijo él.

Las puertas de la mansión por fin se abrieron. Un tigre y un enorme macho cabrío las habían conseguido derribar.

-¡No, no! ¡MIS animales! ¡MI oro! ¡MI reputación!-sollozaba Johny Quebrantapiedras a lo lejos mientras se seguía arrastrando como un gusano.

-Ya podemos salir-dijo Lazzie.

Así que, todos juntos. Fuimos saliendo de la mansión. Pero, una vez que puse una pata fuera, oí unos tristes sollozos en la mansión. Vi a un pequeño monito atrapado entre las llamas, que ni siquiera la lluvia artificial había conseguido apagar.

-¡Tranquilo! ¡Yo te salvaré!-dije-¡Y volví a entrar en la mansión esquivando rápidamente a todos los que salían!

Lazzie y Balto me siguieron, suplicándome que no lo hiciera.

Yo, sin saber lo que hacía, me metí entre las llamas, para salvar a la pobre cría.

-¡Yogui!-dijo Lazzie-¡Voy contigo!-y ella también se metió entre las llamas.

¡Esperad!-gritó Balto.

CONTINUARÁ…

En cuanto a mis otras aventuras pues… se acabó mayo, el mes de las flores y fue como si el verano ya se hubiera instalado con nosotros… calor que de abundante acabó echándonos a todos del parque por lo que fuimos pocos los aventureros que se prestaron a hacer las rondas de rigor por el círculo central… Solo destacar de ese último finde que tengo tres nuevos colegas… Lulú una preciosa Yorki y Tomás un pequeño y travieso Buldog francés. El tercer amigo es la blanca Lúa que ya la había conocido un finde anterior pero que esta vez se quedó a jugar con nosotros mucho más tiempo… y fijaos si es traviesa que se pintó la boca de azul y tuvimos que lavarle la cara y las patitas en la fuente de la iglesia… Os dejo las fotos:

Último finde en Mayo

Pero hay un refrán que dice que hay un cuarenta de mayo y vaya si hizo acto de presencia… Si el finde anterior Lorenzo trabajó como nunca, en este se puso en huelga, como los funcionarios que diría papi… Así que nos tocó mojarnos y por tanto también hubo estampida de muchos de mis colegas que no se atrevieron a salir de casa por temor a mojar sus lindos abrigos de piel natural… Pero afortunadamente pude ver a nuevos amigos… Lúa y Camila ya las conocía pero apareció un pequeño que no sabía si temblaba por el frio y la lluvia o por el miedo a ver unos “can-pañeros” tan grandes a su lado. El caso es que Thor, que así se llama este cachorrito, se acabó subiendo al cuello de su mami para protegerse de ambas cosas, el frio y nosotros aunque os prometo que nosotros no queríamos hacerle nada de nada, si acaso jugar un poquito con él. Ahí están las fotos:

¿Y el 40 de mayo? Patitas amigos, nos ladramos

Yogui

miércoles, 26 de mayo de 2010

Dos fines más y un nuevo capítulo

Si, ya se… otra vez retrasado un par de semanas y otra vez un capítulo de “mis otras aventuras” lo que hará un post muy, pero que muy largo, aunque espero que menos que el anterior.

De momento el cuento y después mis aventurillas con los colegas…

La Ley de los Animales

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En la que descubro el punto de vista de los animales salvajes y hago amistades con ellos.

X) La Ley de la Selva

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-¡Atención! ¡Atención todo el mundo! ¡Reunión General! -grité, mientras golpeaba los barrotes de mi celda con un palo en forma de mazo que había encontrado en ella.

-¡Aloha! ¡Qué ocurre? -dijo un pequeño ‘I’Iwi mientras se desperezaba.

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-¿Qué qué ocurre? ¡He encontrado la manera de salir de aquí! -contesté emocionado.

-¿Qué qué? ¡Bah! -dijo un Koala que se acababa de despertar gracias a los gritos del ‘I’Iwi, aunque según éste último, la culpa había sido mía.

Todos siguieron al koala echándome en cara haberles despertado con un gran resoplido.

-¡No, no, esperad! ¿Es que no queréis salir de aquí?

-¡Por supuesto que sí! -exclamó un extraño animal de color marrón, pero con las patas y el trasero parecidos al de una cebra.

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-Pero es que no estamos dispuestos a cometer una locura. ¿Cómo vamos a poder salir de aquí? ¡El que desobedezca las órdenes de Johny Quebrantapiedras será castigado! ¡Yo soy madre, soy Mamá Opaki, y sé de estas cosas! ¡No estoy dispuesta a perder a mi hijito por la insensatez de un cachorro de perro! La Ley de los Animales es ser libres, creer volar igual que el águila, y correr aventuras sin que nadie nos detenga. Pero los humanos han llegado demasiado lejos, han destruido la naturaleza, nuestro mundo, y, por si no fuera poco, nos han prohibido la libertad, nos han encarcelado… Y se alimentan de nosotros como salvajes. Pero es inútil luchar contra ellos, solo nos serviría para hacernos más daño a nosotros mismos.

-¡Cierto! -corearon los demás- ¡Así que déjanos en paz, paticorto!

Eso me dolió mucho, muchísimo. Así que decidí callar. Pero entonces, Balto ladró furioso:

-¡Diablos, por la Pata Torcida, si él es un paticorto vosotros sois unos estúpidos incrédulos! ¿Habéis perdido acaso la fe? Tal vez su idea no solo sirva para escapar, sino para que los que estén condenados se puedan librar del castigo a tiempo. Esta mañana, a mí me pegarán diez latigazos, y quiero escuchar a este perro, ¡que nos puede salvar a todos! ¿Qué decís ahora, escépticos animales?

Todos quedaron en silencio.

-Habla ahora, Yogui -me dijo Balto.

-Está bien. El plan que he tramado, nos sacará de aquí a todos sin excepción, pero necesito también que colaboréis, todos sin excepción.

-Bueno, te escuchamos -dijo una impaciente ardilla de color ocre.

-Tú, ¿cómo te llamas? -señalé a un gran erizo africano que estaba a tres cajas lejos de mí.

-¿Yo? Yo soy el Sr Cornelius Brochettes, un Noble Erinaceinae Africano francés por parte de madre. El Rey Chunky de la Selva, me nombró en su día Gran Duque de la Jungla. De eso hace ya mucho tiempo.

-Bien. ¡Fantástico! -dije yo- Bueno, a ti ya te conozco, tú eres el Señor Mende -miré a una pequeña caja apartada del resto- Y… bueno… ¿Y tú? -señalé a una atolondrada serpiente que estaba a mi derecha, dos cajas lejos de mí.

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-¿Yo? -dijo melancólica- Yo soy la Sra Ki-Natacha Snake. Pero soy muy gorda y torpe… No sirvo para nada… Buaaa -y se echó a llorar.

-No, no llore, Señora. Por favor… -le rogué.

-Pasa de ella -dijo una liebre muy cotilla que estaba arriba de mí, una caja a la izquierda -Es anoréxica.

Yo no sabía muy bien lo que era eso, así que no supe que contestar. Pero de repente, una desconfiada comadreja gritó:

-¿Y a qué viene todo esto, pequeño cachorro de perro? ¿Crees que vamos a escapar con preguntar los nombres de tres individuos? ¡No voy a escuchar a un perro que va de listillo y nos quiere hacer creer que hay esperanzas de salvarse? ¡Solo haces que se creen falsas expectativas! ¿Quién quiere escuchar a un can de tres al cuarto? ¿Quién?

-¡Yo! -gritó una voz.

Todas las miradas se centraron en la celda que había debajo de mí, la celda que ocupaba mi querida amiga Lazzie. Ella prosiguió:

-Y creo que vosotros deberías hacer lo mismo. Estamos atrapados, enjaulados, y pronto nos matarán. Y en vez de ser tolerantes y buenos con nuestros congéneres, que están en la misma situación que nosotros, no lo olvidéis, sois egoístas, y ni siquiera intentáis hacer el esfuerzo de escuchar, a un compañero que tiene el deseo de ayudaros a todos para sacaros de aquí:

-¡Eso no es cierto! ¡Él no está en la misma situación que nosotros! ¡Es el favorito de Johny Quebrantapiedras! ¡Ayer mismo se lo llevó a cenar con él!

-Sí que lo estoy. Si no consigo escapar antes, hoy, al amanecer, unos hombres me molerán a palos y me harán una cicatriz con fuego al rojo vivo. Así me lo hizo saber el millonario loco.

-Yogui, ¿por qué no me lo dijiste? -gritó asombrado Balto.

Pero él no era el único asombrado. Todos los animales que allí había se habían quedado contemplándome con compasión, y todos, incluso la comadreja, esperaban que comenzase a relatar mi plan.

Yo sonreí, y asentí complacido.

Bien, antes de que os cuente mi plan, necesito que me expliquéis quienes sois cada uno. Porque en el plan, todos habremos de actuar como compadres que somos.

Así que, todos se pusieron felices a decirme sus nombres, y a conocerse los unos a los otros.

Recuerdo que, el caballo que había visto esa misma noche en la corrida, también se presentó.

-Yo soy Crinés Rinés de Inés, y espero serte útil en tu plan.

-¡Por supuesto que lo serás! -exclamé.

Pasadas unas horas, todos terminaron de presentarse. Pero entonces me di cuenta, de que no era así. Me fijé en una caja, también apartada del resto, que estaba en la esquina de la sala.

-¿Y él? ¿Quién es? -pregunté.

-¿Él? -dijo la liebre cotilla- Él es un mono de volcán.

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-¿Un mono de volcán? ¿Qué quieres decir con eso?

-Es un macaco de cara roja. Estos monos solo se crían en Japón, y hay muy pocos. Son muy difíciles de capturar. Viven en los Grandes Volcanes del País de los Akitas. Pero están locos de atar. No te acerques a ellos, chico. Son muy peligrosos y agresivos. Y además, sufren esquizofrenia.

-¿Esquizofrenia? ¿Qué manía tenía aquella liebre por los nombres raros? De todos modos, fuese lo que fuese lo que aquello significaba, sentí pena por el pobre mono, y pensé que lo estaban discriminando injustamente.

-Bueno, y ahora que ya nos hemos presentado todos debidamente… ¿Cuál es tu plan?

-De acuerdo. Os lo explicaré. Pero antes, he de dar las gracias a Lazzie, pues su intento, aunque fallido, para conseguir escapar, me ha inspirado para crear un nuevo plan que espero que sí funcione.

Lazzie me sonrió.

-Bueno. Veréis. Como veis, esta sala se comunica con una pequeña estancia, donde están los matones de Johny Quebrantapiedras, vigilando que no nos escapemos. He podido darme cuenta, que en la estancia donde se encuentran, hay varios botones, que manejan la mansión.

-¿Qué quieres decir? -dijo la liebre cotilla.

-Quiero decir, que los botones, pueden hacer que salga agua del techo en caso de incendio, que suene la alarma, ese ruido infernal que vosotros conoceréis, en caso de robo, y, que se abran automáticamente las jaulas en las que estamos encerrados.

Una oscura figura me observaba silenciosamente mientras yo hablaba, pero por aquel entonces, no me di cuenta.

-¿Entendéis ahora a qué me refiero?

-¡Sí! -exclamaron todos.

-Pero… -dijo la liebre- ¿Cómo podremos llegar hasta allí?

-La Sra Ki-Natacha Snake, podrá traspasar los barrotes, y tocar el botón, que nos abrirá las puertas, pero para eso, hay que alejar a los guardianes.

-¿Y qué harás? -dijo la liebre.

-Eso también está previsto. El Sr Brochettes…

-¿Yo?

-Sí, usted. Cuando la Sra Ki-Natacha salga de su jaula, le abrirá la puerta con su lengua bífida, que servirá de palanca. Ella se ocultará y usted comenzará a gritar. Los guardianes irán tras usted, pero no le podrán coger, pues está lleno de púas. Por lo tanto, su misión es entretenerlos un buen rato. ¿Podrá hacerlo?

-Bueno…

-Lo demás, será hueso roído. La Señora Ki-Natacha nos abrirá las puertas con el botón de salida, y el Señor Mende nos conducirá a todos nosotros hasta la salida. Todos juntos somos muy fuertes. ¡Ni las legiones más fuertes de Johny Quebrantapiedras podrán detenernos!

-¡¡¡Bien!!! -exclamaron todos.

-Yo no estoy de acuerdo -dijo de pronto la desconfiada comadreja- ¡Es un plan demasiado alocado y pretencioso! ¡Demasiado imaginario! ¿Os imagináis lo que sucedería si algo sale mal? ¿Lo que nos haría Johny Quebrantapiedras?

Pero yo no estaba dispuesto a aguantar por mucho más tiempo a aquella estúpida comadreja.

-¿Qué qué pasaría? ¡Yo os diré lo que pasaría! ¡Qué lucharíamos! ¡Y le demostraríamos a Johny Quebrantapiedras y a todos los humanos quienes somos nosotros, los animales! ¡Qué no nos tomen más como juguetes! ¡Somos seres vivos y tenemos tanto o más derecho a vivir libres que ellos! ¡Por lo tanto, propongo que pongamos en marcha el plan y que hagamos que esta noticia, aparezca en los titulares de los periódicos en primera página! ¡Hagamos que los humanos se enteren de una vez por todas de nuestra fuerza…! ¡Recuperemos nuestra libertad, y hagamos caso de nuestra ley! ¡La Ley de los Animales! ¡Ser libres, creer volar igual que el águila, y correr aventuras sin que nadie nos detenga…!

Todos gritamos:

-¡¡¡Bravo!!! -corearon todos.

Yo me sonrojé. Pero dije:

-¿Preparados para poner en marcha ese plan?

CONTINUARÁ…

Y ahora las aventuras y las fotos…

El primer finde fue desastroso… llovió y llovió y no cesó de llover durante todo el así que apenas salieron los colegas y solo los valientes, como Otto y un servidor, osamos desafiar las gotitas de agua que caían del cielo… Pero también fue desastroso porque nuestros papis se escondieron de la lluvia dejándonos “aparcados” mientras ellos nos hacían fotos a través del cristal oscuro desde donde se escondían…

Os dejo el enlace y las fotos

Pocas Fotos El segundo finde...  fue todo lo contrario que el anterior… Lorenzo brilló en todo su esplendor, pero también se dedicó a calentar el ambiente como si ya estuviéramos en verano. En consecuencia nuestro pequeño parque se llenó de mamás y niños tomando el sol por todos los lados, por lo que fuimos también pocos los amigos que salimos y, cuando lo hicimos, lo más tarde posible, cuando Lorenzo ya dejaba de calentar. Además se dio la circunstancia que, aunque no oficiales, era la fiesta de La Ascensión (aunque yo creía que eso caía en jueves) Pero aún hay más ya que el martes fue un día también especial, se celebró “La Balesquida” –esta si es una fiesta oficial- y aunque al principio Lorenzo se portó bien al final llegaron unas nubecitas que hicieron unas cuantas jugarretas al personal que comía “el bollu preñao” tranquilamente en el campo. A mí me pilló la lluvia justo cuando jugaba con mi amigo Tommy y, como él y su mami son muy amables –¿Será por el hueso que le regalé?-, nos dejó refugiarnos en su casa hasta que escampara… Allí jugamos un poquito y lo pasamos muy bien. Os dejo las fotos del Martes de Campo Hasta pronto amigos...

Patitas y Lametones

Yogui

martes, 20 de abril de 2010

Fines de y la octava

Hola amigos...

Ante todo pediros perdón por el retraso pero estas semanas papi estuvo muy ocupado con la famosa A.E.A.T. y ayudando a la bipe de mi prima Cala en cosas del ordenador, por lo que no he podido usar éste último para lo que de verdad importa… MIS AVENTURAS.

El caso es que tanto tiempo libre me ha dejado tiempo para muchas cosas como el escribir la siguiente entrega de “los cuentos de Pata Torcida”, cosa que os dejaré en seguida para después, al final del post, escribir un breve relato de estos 2 últimos fines de…

Y lo dicho… Mi aventura:

Lazzie

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En éste capítulo, Yogui (Es decir, yo) conocerá a una amiguita muy especial… ¡Disfrutadlo!

VIII) Lazzie

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-¡Tres!- gritó Balto.

Pero, de pronto, antes de que nos diera tiempo a saltar, unos hombres aparecieron tras nosotros, y nos encerraron en una caja. Después, nos lanzaron bruscamente al interior de la serpiente.

Luego con un portazo, cerraron la gran puerta de piel de leopardo. Unos momentos después, volvieron a abrirla, y metieron otro animal, al que no logré ver bien. Volvieron a cerrar el portón.

Todo quedó oscuro y en silencio. A los pocos minutos, la serpiente comenzó a arrastrarse.

Balto no pudo aguantar más…

-¡Maldición! ¡Ese estúpido zorro nos ha engañado! ¡Aquí no viaja ningún ser humano, y menos un millonario como ese Johny Quebrantapiedras! ¡Solo hay polvo y multitud de cajas que transportan trapos y chismes de algún almacén viejo!

-Te equivocas. Este tren también transporta seres vivos como vosotros.

Una preciosa perrita asomó su pequeño rostro que estaba oculto tras una de las cajas. Parecía triste. Estaba descuidada y polvorienta, pero su mirada me cautivó.

Su pelo era suave y sedoso, de un color rubio dorado. Sus ojos eran de un fascinante color azul. Sus orejas rosadas eran lo más bello que en mi vida había visto…

Y su mirada… era una mirada que producía inseguridad, pero amor a la vez… Jamás había sentido eso por nadie, no era una simple atracción como tantas que he tenido en mi vida… Aquello era un sentimiento mucho más transcendente, pero que no puedo explicar, porque ni yo mismo lo entendía…

Sin haberme dado cuenta, aquel vagón, sucio y viejo, había cobrado vida, y diría que se había iluminado.

Todos los animales y seres vivos que allí había, comenzaron a asomar sus hocicos entre las rejas, y, en efecto, ¡una bandada de luciérnagas estaba arrojando luz por doquier!

Los animales, empezaron a moverse y hablar entre ellos.

-¡Increíble! ¿Quién os ha hecho esto?-dije yo, visiblemente preocupado, al verles encerrados como a nosotros.

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Unos extraños pequeños roedores consiguieron salir de su jaula y se aproximaron a mí…

Con su dedo índice señalaron a la pared de aquella estancia, y pude observar un enorme cuadro pintado a mano. El hombre de aquella imagen llevaba un abrigo blanco, de piel de oso. El abrigo estaba adornado con colas de pavos reales en la espalda. En la cabeza, lucía un turbante de piel de serpiente, adornado con colas de mapache y plumas de águila. Sobre el turbante, llevaba una enorme cornamenta de ciervo. Sí, no cabía duda, era el hombre de la foto que Don Raposu nos había enseñado. Pero, ¿por qué iba a hacer un fanático de los animales semejante maldad con ellos?

-¡El gran Amo! ¡El Humano! ¡El Humano-Ciervo! ¡Él es el Amo! ¡Él nos ha hecho esto! -El extraño roedor seguía señalando con su dedo índice a aquel hombre.

-¡Él nos matará! -gritó uno de los ratoncitos.

Entonces, todos ellos empezaron a gritar desesperados.

-¡Pero antes de matarnos él, nos mataremos nosotros! -gritó el más alto de todos, que parecía ser el jefe. Los demás repitieron al unísono:

-¡Sí, antes de matarnos él, nos mataremos nosotros!

Y parecieron dispuestos a tirarse por un agujero de la máquina, de forma que serían aplastados por las ruedas de ésta.

-¡Silencio! ¡Lemi, nadie va a morirse aquí!

La perrita que me había cautivado había hablado, y lo hacía de una forma que inspiraba verdadero respeto.

-¡Llevo más de tres años sobreviviendo como pudiese, y escapando de peores líos que éste! ¡No vamos a morir! ¡Yo me he de ocupar de todos los que estáis aquí, y os aseguro, que escaparemos!

-¿Pero, cómo?-gritó uno de los ratoncitos, que parecían llamarse “leminos”, según oí mencionar.

-¡Fácil!-gritó un pequeño hiperactivo castor-¡Con mis afilados dientes, roeré la celda en la que estoy hasta corroerla, y cuando sea libre, ¡haré lo mismo con todas vuestras jaulas!-y se puso inmediatamente a morder enérgicamente las rejas.

-¡No! ¡Eso no funcionará! Quiero que todos tengamos una organización exacta. Lograremos escapar.

-Permíteme la osadía, pero quisiera saber cómo. ¡Un puñado de animales pequeñajos como vosotros no podría contra todo un ejército de seres humanos, ni siquiera contra dos!-exclamó Balto interrumpiendo la conversación.

-Tú calla -dijo ella -Los perros grandes sois todos igual de prepotentes. Pero perro ladrador, poco mordedor, y para salir de aquí hace falta cerebro, y no fuerza.

Balto pareció herirse en su orgullo, pero a mí, aquella muchacha parecía conquistarme.

-¿Cómo te llamas? -no pude evitar decir.

-Lazzie. Lazzie. Mi nombre es Lazzie.

-Yogui-dije.

Me callé. No sabía qué hacer. Poco después añadí:

-Es un nombre muy bonito. Quiero decir… Lazzie es un bello nombre.

Ella no dijo nada. No parecía dispuesta a iniciar una conversación, y Balto no parecía querer ayudarme.

Así que tuve que volver a hablar:

-¿Por qué os han encerrado aquí? ¿Dónde está tu madre, y tu padre? ¿No tienes dueños? ¡Ellos tendrían que ayudarte!

Lazzie comenzó a sollozar en silencio. Me pareció que la tenue luz de las luciérnagas se iba apagando.

-Lo siento, Lazzie. No era mi intención hacerte sentir triste…

-No, no has sido tú… Es que… no tengo familia.

-Quieres decir… que no tienes dueños… ¿o que no tienes papá ni mamá? Nadie que te cuide… Ni te de un beso por la noches para dormir.

-No conocí a mi padre. Y mi madre falleció.

-Lo siento -dije- Ojalá tuvieses una casa de humanos que te acogieran.

-¿Humanos? ¡No menciones a los humanos! ¡Son seres crueles y despiadados, atroces y brutales, sin sentimientos ni corazón!

-¿Por qué? ¿Qué te hicieron los humanos?

-¿Qué que me hicieron? ¡No tienes ni idea! -y se dio la vuelta.

-¡Por favor! -exclamé- ¡No te enfades! A veces necesitamos a alguien con quien desahogarnos… Cuéntame lo que te ocurrió… Como llegaste aquí… Por favor.

Suspiró.

-Yo nací en Rusia. Sí, puede parecer increíble, pero así es. Me crié en las frías calles de la ciudad de Moscú. Mi madre fue la que siempre se encargó de mí cuando aún era una cachorrita. De eso hace ya mucho tiempo. Recuerdo, que un día, descubrí a un niño que jugaba con un globo. Recuerdo que, me llamó la atención, y corrí y corrí, tras él. De pronto, apareció un hombre elegante, todo ataviado con un gran abrigo negro. El niño le vio y corrió hacia él. Yo me acerqué. Aquel muchacho rogó a su padre que me llevaran a su hogar. Su padre no parecía muy dispuesto, pero finalmente aceptó. Sin embargo, en ese momento, apareció mi mamá. Se dio cuenta de que me querían raptar, y corrió a defenderme. Me cogió del cuello, y comenzó a andar. El niño empezó a berrear y a llorar, gritando y suplicando que su padre hiciese algo para detener a mi madre. Su progenitor dijo que no quería perros en su casa. Entonces, aquel niño consentido y caprichoso, se lanzó contra mí, y comenzó a darme golpes, para que volviese. Mi madre no pude resistir más y mordió al niño. Y él, armó un escándalo aún mayor. Su padre no podía permitir que aquel perro le hiciese aquello a su hijo, así que cogió su navaja, e hirió en el cuello a mi mamá. ¡Ella solo quería defenderme!.

Ya era demasiado tarde. Aquel sanguinario hombre, había matado a mi madre. Me cogieron en cuello y me llevaron con ellos. Me llevaron a su hogar, España. Estuve allí con ellos durante un año. El chico jugaba conmigo y parecía quererme. Poco a poco, fui olvidándome de mi verdadero pasado, y fui convirtiéndome en un perro domesticado que quería a sus dueños humanos, y se creía uno de ellos.

Un día, el niño cogió un palo, y comenzó a darme una paliza, por simple diversión. Yo aguanté así durante unos meses. Cada tarde, después de llegar de esas cosas a las que llaman “colegios” en dónde se supone, se les enseña a ser “humanos”, se disponía a pegarme y a maltratarme. Un día, decidí escaparme. Así que, traspasé la verja que había en la casa, y me fui. Pero mis desgracias no habían acabado ahí. Al día siguiente, una señora me encontró y me llevó al veterinario. Él, llamó a mi hogar y el padre del niño vino a buscarme. Su hijo, me recibió con una nueva paliza, pero yo no estaba dispuesta a aguantar más. Me rebelé contra él y le ladré. El niño me pegó una patada y se fue. Pero pude oír como su padre y él discutían acerca de mi estancia con ellos. El pequeño chillaba y repetía continuamente que yo no le quería, y que era un estorbo para su vida.

Pero, cierta mañana, el padre me cogió en brazos y me llevó a un parque. Me dejó que correteara y jugueteara un poco. Cuando me cansé, se acercó a mí, y sacó una navaja, la misma con la que había asesinado a mi madre. Todos los recuerdos volvieron a mí. Comprendí lo que quería. Se iba a deshacer de mí. El recuerdo de mi madre me había dejado triste y en pena. Las fuerzas me abandonaron. Caí al prado, y miré a mi amo con ojos suplicantes. Él guardó su navaja. Cogió mi placa y medalla identificativa, y me la quitó. Con una cuerda, me ató un árbol. Acto seguido, dio media vuelta, y se marchó. Me había abandonado. Como conseguí librarme de aquella cuerda es otra historia. Pero aquel día, me di cuenta de quién era. Yo no era un humano. Era un perro, un perro libre que habría de luchar a partir de entonces por sobrevivir, y contra la cruel raza que gobierna este planeta, y esta sociedad. Así pasé los dos últimos años. Luchando por sobrevivir, en el día a día. Esa es toda mi historia -agachó la cabeza.

-Lo siento -fue lo único que dije.

-Nosotros somos un capricho para los humanos. Somos una “moda” en sus vidas. Presumen de nuestras razas y nuestro pedigrí, como si suyo se tratase. Te miman y te consienten. Te hacen creerte algo que no eres, y te hacen creer que ellos te quieren a ti. Pasas unos años muy felices con ellos, mientras dura. Tú les quieres a ellos, a pesar de todo lo que te hagan. No les guardas rencor. Les quieres por encima de todos. Pero ellos a ti no.

-Lo siento de verdad.

Me quedé callado unos instantes, pensativo.

-¡Esperad un momento!

-¿Qué?-dijeron Balto y Lazzie a la vez.

-¡Balto, tú nos puedes sacar de aquí volando! ¡Y así escaparemos!

-¿ Volando? ¿A todos? ¡Eso es imposible! Yogui, creo haberte explicado que si me transformo en un espíritu para ir hasta el cielo, aunque quisiera, no podría llevar conmigo cuerpos materiales, solo cuerpos etéreos. Y no me separaré de vosotros. Sea cuál sea el destino que me aguarde.

-Gracias, Balto -dije.

-Pero -habló Lazzie de repente- ¿Cómo nos iba a sacar volando, ni transformarse en un cuerpo etéreo?

-Balto es un perro de la Luz. Un perro glorificado. Es el Perro de la Aurora Boreal -conté yo, muy orgulloso de mi amigo.

-Con que… además de ser un perro creído, le das motivos para serlo -y Lazzie rió.

Pero a Balto no le sentó nada bien. Notaba que, a diferencia de mí, al que aquella perrita me iba conquistando cada vez más, a Balto le estaba molestando su presencia sin dudarlo. Como uno de esos típicos dramas propios de telenovelas, estaba dividido entre mi mejor amigo, y mi “amada”, aunque todavía no sabía si ella me correspondía también.

De todos modos, le contesté a Lazzie firmemente para defender a Balto.

-Balto no es un perro creído. Él me salvó en numerosas ocasiones.

-Dos -me interrumpió él.

-Bueno, pero me salvó, y a él le debo mi vida. Es mucho más modesto de lo que crees. Pero él es un Perro de la Luz, y no te miento.

Así que, me puse a explicarle con todo lujo de detalles, la historia que Balto me había contado. Lazzie pidió disculpas. A Balto eso pareció conformarle. Aunque no lo suficiente como para cogerle cariño como me lo había cogido a mí. Ojalá algún día ambos se entendieran.

Después, le expliqué por qué estábamos aquí.

-Necesito encontrar a El Señor de los Huesos. Puede que no lo creas, pero así es. Yo, últimamente, ando como tú hace unos años. Perdido en la vida. No sé si mis dueños me quieren, ni si con quien realmente debo estar es con los perros libres. No sé cuál es mi lugar en la vida. Y necesito hallarlo. Espero que El Señor de los Huesos me ayude.

Lazzie se quedó callada.

-Y hay algo más. Si conoces la Leyenda -ella asintió- Lazzie, yo soy el Descendiente de El Señor de los Huesos.

Ella se fijó en mi pata torcida.

-Eres tú -exclamó- Eres tú. Yo siempre he esperado que algún día el Elegido llegase. ¡Tú nos puedes sacar de aquí!

-No, Lazzie. El hecho de que sea el Elegido no quiere decir que sea como El Señor de los Huesos. No soy ningún héroe, ni ningún Dios. No soy quien yo creía que era. Solo soy un vulgar perro, que ha vivido toda su vida ajeno a la Verdad, paseando con sus amigos alegremente sin saber lo que está sucediendo en el mundo con los perros, y nombrando a los humanos “Papá” o “Congénere”. He traicionado a los de mi raza. No merezco que me traten de Elegido.

-Yogui -dijo Lazzie- Si eres el Elegido es porque nos vas a salvar a todos. Lo creas o no es así.

-Lazzie. No voy a poder obrar un milagro. No podré sacaros de aquí.

-¡No te preocupes! ¡Todos juntos tramaremos un plan! Y después, los tres… Tu amigo, tú y yo… Iremos a ver a El Señor de los Huesos a encontrar un sentido a nuestras vidas… ¡No hay can mejor consejero y amigo que el Perro de la Pata Torcida!

-Lazzie, no vamos a poder salir de aquí -decía yo, cada vez más pesimista. Me creía un presuntuoso por haber dicho que era el Descendiente de El Señor de los Huesos. Sentía que no era digno de todos aquellos halagos.

-Además, su malvado padre pretende capturarle y conseguir el Hueso, para así dominar el Mundo Animal. –Alguien se movió en una de las cajas traseras- Y anda pisándonos los talones -aunque era mentira ya que ahora íbamos rumbo a Japón y estábamos totalmente libres de él. Pero estaba claro que Balto pretendía quitársela de encima.

-Bueno, pero si ella quiere venir…

-¡Ni hablar! ¡Es muy peligroso!

-Pero, por favor, Balto…

-¡No! ¡He dicho que no! ¿Queda claro?

Lazzie volvió a agachar su cabecita…

-Yogui. Yo… en realidad… No voy a ver a El Señor de los Huesos para preguntarle quien soy… Ni cuál es mi lugar… Tengo decidido que yo lucharé por la libertad de los Canes…

-Pero… entonces… ¿para qué vas a ver a El Señor de los Huesos? ¿Para qué te ayude a luchar? ¿Para pedirle Consejo?

-No, Yogui… Yo… Estoy enferma. Una garrapata ha enfermado mi cuerpo. Si no consigo que El Señor de los Huesos me salve; y muy pronto, dentro de unos días, estaré muerta. Por eso necesito ir a verle -siguió con su pequeña cabecita agachada- Pero, si me consideráis un estorbo, no os preocupéis por mí. Me las ingeniaré para ir yo sola. Espero que nos veamos en la Ciudad Perdida de los Canes.

-Lo siento, Lazzie. ¡No tenía ni idea! ¡Te ayudaremos! ¡Claro que sí! ¿Verdad, Balto?

-Genial, definitivamente, me he convertido en niñera. Ahora tendré que cargar con esta guardería ambulante que tengo encima –murmuró- Pero, siendo tu situación esa, querida mía, no me veo en derecho de dejarte desamparada. Claro que vendrás con nosotros -sonrió a Lazzie.

-¡Gracias, de veras!

-No nos des las gracias -dijo Balto- Sería demasiado cruel dejarte aquí. Aunque, ganas, tengo, la verdad -guiñó a Lazzie amistosamente un ojo.

-Me equivoqué contigo, Balto. Eres un gran perro. Vosotros, sois como una familia para mí. Y hace mucho que no puedo disfrutar una -lloró en silencio- Echo mucho de menos a mi amada madre, Kasih. En una antigua lengua, significa Amor. Recuerdo, que ella siempre me decía que saldríamos adelante, pasase lo que pasase. Vivíamos en las calles de Moscú, y no es fácil sobrevivir allí. Siempre me hablaba de mi querida abuelita. Yo nunca la conocí, pero la echaba de menos tanto como mi mamá. Ella decía que mi abuela era una gran perrita, y que estaría orgullosa de mí.

-Si no es mucho preguntar, ¿cómo murió tu abuela? -dije curioso.

-¡Murió a causa de la crueldad y el egoísmo humano! Encariñarme con aquellos sucios seres humanos fue traicionar mis principios, y ahora estoy totalmente arrepentida de ello. ¡Algún día, vengaré a mi madre y a mi abuelita, y los perros nos libraremos por fin de las personas, para siempre! -estaba dolida, pero a la vez, enfadada, furiosa y rabiosa- Mi madre me decía que, a diferencia de otras razas, solo los perros buenos de corazón que hagan algo para cambiar el mundo, conseguirán un alma. Kasih, decía que mi abuela lo había hecho, y que por eso siempre estaría viva en mí. Me decía, que me parecía mucho a ella. Siempre me contó, que mi abuelita vivía en las estrellas, y que me observaba desde ellas. Yo trataba de verla, pero solo veía millones de pequeños puntitos en el cielo azul de la noche. Antes de dormir, todas las noches, me contaba siempre esa historia, y me cantaba una bella nana, que su madre le cantaba a ella cuando era pequeña. La recuerdo con toda claridad:

La niña duerme, bajo el azul del cielo,

Y sueña con las doradas estrellas.

Aquella que más brilla, su abuelita,

La quiere para ella.

Todos los animales del vagón escuchaban con melancolía a Lazzie. Su poesía les hacía llorar, y les hacía pensar en sus seres queridos, que ahora tanto les debían añorar.

-Caramba, Lazzie. Es… precioso. Me encanta. De verdad.

-Gracias, pero yo no la he compuesto. El mérito es de mi abuelita. Ojalá la hubiera conocido. Había de ser una perrita maravillosa. Mi sueño es conocerla. Si es cierto que mi abuela consiguió un alma, tal vez El Señor de los Huesos, me ayude a conocerla.

-Ya, pero para encontrar a El Señor de los Huesos, hemos de salir de aquí -insinué yo.

Lazzie se levantó. Todos estábamos dispuestos a escapar.

-¡De acuerdo! ¡Lograremos salir!

Todos gritaron a coro “¡Lograremos salir!”.

-Yo creo que lo que hay que hacer, es tirarse por las grietas que tiene el vagón. Así conseguiremos escapar -dijo el Jefe Lemino, dispuesto a suicidarse, de nuevo, tirándose por uno de los agujeritos que tenía aquella “sala”.

-Por favor, Lemi. No cometa ninguna estupidez. Si se tira por ahí no conseguirá salir con vida. El tren está en marcha, y de seguro morirá aplastado por alguna de sus ruedas.

-¿Tren?-dije.

-Sí, tren. Una enorme máquina alargada que se mueve y que puede transportar tanto mercancías como seres vivos. ¿Qué pensabas? ¿Que era una gigantesca serpiente que hacía un extraño ruido, y que transportaba incansable a cientos de viajeros?

Preferí no contestar.

Pero Lazzie siguió hablando.

-Escuchadme todos. ¡Reunión Especial!

Todos se dispusieron a prestarle atención.

-El plan que ya llevaba tiempo trabajando, ha conseguido por fin tomar forma en mi mente.

-¡Bravo! -vitoreamos todos.

-Pero necesitaré la colaboración de todos y cada uno de los aquí cautivos. Ahora escuchadme con atención. Cuando esos hombres vengan a cogernos para llevarnos a la Mansión del Humano Johny Quebrantapiedras, vosotros, Leminos, que sois los únicos capaces de atravesar los barrotes de estas jaulas, os lanzaréis sobre ellos, y uno de vosotros, no me importa cuál, les arrebatará las llaves de la jaula. ¿Queda claro?

-¡Yo lo haré porque yo soy el jefe y el más alto, además! -gritó Lemi.

-¡Pero yo soy el más pequeño y por eso lo haré!

-¡Pues yo soy el más viejo!

-¡Y yo el más gordo!

-¡Y yo el que más ciego está!

-¡Pues yo sé pelar patatas!

Y todos los Leminos comenzaron a discutir.

Pero Lazzie no parecía muy dispuesta a aguantar semejante discusión estúpida.

-¡Se acabó! ¡Ya que no sabéis organizaros como es debido lo hará el que yo diga y ya está! ¡Lo hará el más gordo!

-Siempre dije que ser gordo era buena para la salud, y bueno para tener suerte, jo jo -presumió el Lemino Gordo.

-Bueno, prestáis atención, ¿o no? -ladró Lazzie- Escuchad, una vez que el Lemino Gordo haya atrapado las llaves, lanzará las llaves a la celda del Sabio Señor Babuino, aquí presente -miró a Don Nyani El Babuino, el cual estaba apoyado sobre un viejo cayado- Ya que tiene unas buenas manos y unos ágiles dedos para manejar tal instrumento. Él cual abrirá la pequeña caja en la que está encerrado el pobre Señor Mende, un rapidísimo Escarabajo Tigre que puede alcanzar los diez kilómetros por hora, con tan solo su pequeño tamaño. Él servirá de “ganzúa” para abrir todas las jaulas en las que nos hayamos encerrados, tan veloz como el viento. Después, el Señor Chimpancé, se ocupará de atar con la cuerda que aquí está abandonada -miró hacia una gran cuerda en medio de la sala- a los humanos que vengan. Entonces, les meteremos con su ayuda y la del Señor Babuino Nyani, en la jaula en que yo me hayo encerrada, una jaula con espacio para una pequeña culebra, para que así aprendan que con nosotros, los animales, no se juega.

-¡Viva! -volvimos a vitorear.

De pronto, notamos como las puertas se abrían lentamente.

-¡Leminos, preparaos! -le dio tiempo a decir a Lazzie.

Las puertas se abrieron de par en par.

Pero, aquellos humanos, solo tuvieron tiempo de ver como unas pequeñas criaturas se abalanzaban sobre ellos, y una de estas criaturas, la más gorda, les arrebataba las llaves de las jaulas.

Pero, cuando el Lemino Gordo las tuvo en sus manos, tropezó, y las llaves se deslizaron hasta la rendija por la que hacía unos momentos se había intentado tirar junto con sus compañeros.

Así que, todos los Leminos se precipitaron hasta las llaves, dejando sin vigilancia a los humanos. Al fin, uno de ellos consiguió coger las llaves, y echó en cara al Lemino Gordo su torpeza.

-¡Por eso tenía que haber sido yo! -dijo- ¡El único Lemino que diferencia los melocotones de las nectarinas!

Pero, con tanta distracción, no se habían dado cuenta de que los humanos, se habían abalanzado sobre ellos. Por suerte, los pequeños animalitos consiguieron lanzar el preciado instrumento metálico hasta la celda del Babuino, que empezó a probar todas las palancas que había en el manojo de llaves.

Pasado un buen rato, al fin, consiguió abrir las puertas, pero, al conseguir salir… Dos hombres le estaban esperando.

Le arrebataron las llaves, le volvieron a meter dentro de su jaula, y cargaron todas las celdas, en una especie de trenes, ahora que ya sé cómo se llaman, pero más pequeños, y al aire libre.

Oí murmurar a Lazzie sollozando…

-Malditos humanos. Algún día vengaré a mi madre. Algún día lo haré.

Me sentí con la necesidad de ayudarla. Pero no pude hacer nada, al menos en ese momento. Pues nos separaron.

Cerré los ojos, y dormí al calor de Balto, muy triste. Cuando volví a abrirlos, me encontré frente a frente, con una colosal máquina, más grande incluso que el tren. Esta también tenía forma alargada. Pero parecía más un cocodrilo que una serpiente. Era de un color blanco rojizo.

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De pronto, alguien cogió la caja en donde nos encontrábamos Balto y yo, y nos lanzó bruscamente a una especie de mecanismo, repleto de maletas. Subíamos y bajábamos, y dábamos vueltas sin poder hacer nada para evitarlo.

-Balto, tengo miedo.

-No temas, Yogui. Yo aún sigo aquí para ayudarte.

Me arrimé a Balto.

-¿A dónde nos conducen?

-No lo sé. Pero te prometo que voy a hacer todo lo que esté en mi pata, para que salgamos de aquí, y podamos ir a ver a El Señor de los Huesos.

-Balto, ¿rescatarás también a Lazzie, para que venga con nosotros?

-Sí, pequeño, sí. Pero ahora duerme. No sé qué ocurrirá mañana, pero sí sé que nos espera un largo día.

Me arrimé más a él. Después de eso, no recuerdo nada más. Creo que me dormí.

Pero mis sueños, no eran sueños. Eran pesadillas. Tenía la sensación de que esa extraña máquina en la que estábamos, se elevaba por los aires, en vez de permanecer viajando a ras de suelo. Soñaba que Lazzie encontraba a su madre. Pero de repente aparecía mi padre, y le secuestraba. Le obligaba a llevarme hasta mí, y como ella se negaba, mi padre la asesinaba de un zarpazo.

Aquellos días estaba viviendo unas sensaciones muy extrañas, sensaciones que nunca antes había vivido. Pero en ese momento, estaba desarrollando un sentimiento muy especial, hacia aquella bondadosa perrita.

CONTINUARÁ…

En cuanto a mis aventuras en Montecerrao… DSC01406A destacar del primer finde del mes que hizo sol… era un buen día para la Prima Vera y muchos amigos nos reunimos en el parque para celebrarlo. Incluso mi querido amigo Teo llegó para saludarnos…

 

DSC01434Por su parte los bipes se lo pasaron chachi con unas “mantecadas” que papi llevó, acompañadas de un delicioso café que hizo el bipe de mi amiga Bimba y que, gustosamente, compartieron con nosotros…

Incluso llegó la bipe de Rufo con chuches para todos…DSC01462 Pero no os cansaré… os dejo las fotos y si queréis ver otros puntos de vista activar los comentarios al verlas…

Sol, mimos y amigos y el siguiente finde... Pues para contaros que apenas sé como van a reaccionar las chicas cuando nos ven ¿os pasa a vosotros lo mismo? ¿y a vosotras con nosotros?. Os lo voy a explicar pero deberéis ver las series de fotos al final que os lo aclararán todo. El caso es que yo quería dar un besito a Pepa y ella primero apartaba su cabeza de mi hocico… para luego rendirse a mis patitas completamente enamorada. Por su parte, Lola –nuestra Cleopatra particular- se acercaba como queriendo escapar, no se muy bien si por miedo o por que ella es así. Tola es de las que “ni contigo ni sin tí”… me ignoró como si yo fuera un extraño y eso que sé que le gusto, por lo que al final  fue Pepa la que se ganó “el piquito”.DSC01584 Jara no quería piquitos… solo cazarme cual conejito. El problema de eso es que uno, al ser tan gentil, acaba mojadito de babas… pero siendo de una chica tan guapa no me importó demasiado. Julia –la otra francesita- no estaba interesada en mi, solo en su pelota y me hizo una demostración del poder de sus mandíbulas y de su capacidad de salto…

DSC01647Y luego tenemos a la nueva Jara… a la que solo le interesan las carreras y, como no, ligar con el mas galán –no soy yo por desgracia para mi- del grupo, mi amigo Otto. El cual, debido a su timidez, prefirió apartarse un poquito de tan  liberal chica…

Bueno, os dejo el resto de las fotos: Chicas

Solo me restan dos tristes noticias…

imageLa peor es decir adiós a mi querida amiga Yuca que ha cruzado el arcoíris hace unos días… Espero que sus bipes ya se encuentren mejor por haber perdido a tan buena amiga.

 imageLa otra mala noticia es que mi novia Tolita está… ¡Con el collar de la vergüenza! por culpa de no se que problema glandular en un sitio innombrable…. Espero que se recupere pronto de tan desagradable enfermedad y que su hermanito Nevado la cuide mucho o me enfadaré con él la próxima vez que le vea.

Espero me hayáis podido perdonar la extensión de este post…

Patitas

Yogui

miércoles, 31 de marzo de 2010

Friends, Flowers and Rock&Roll

Queridos amigos, hoy será breve porque estoy haciendo las maletas… y no tengo mucho tiempo. Me voy y no podré comunicarme con vosotros durante unos días. Espero que, si estáis en situación parecida a la mía, lo paséis tan bien como yo pienso hacerlo.

Solamente os dejo el video que he montado del último finde que pasé con mis colegas del parque… Esta vez hubo un montón de nuevos perritos que se unieron a la pandilla y realmente lo pasamos muy bien. Espero que mis ladridos en inglés digan lo que quise decir en español y no otra cosa…

Aquí os dejo el video: Friends, Flowers and Rock&Roll

Y el resto de las fotos…

En Primavera… Amigos, Flores y Rock&Roll

Os deseo, otra vez, que lo paséis muy bien estos días. Yo, por mi parte, he decidido irme de retiro  a un lugar precioso, a medio camino de todo, donde espero encontrar reposo, nuevos amigos y, si puedo, algún huevo de pascua de esos.

Patiabrazos y lametones

Yogui

sábado, 27 de marzo de 2010

La Sexta en Primavera

Esta vez vuelvo a las andadas… primero la sexta entrega de los orígenes de los canes, y luego, un pequeño video con unas fotos de mi aventura (y la de mis amigos)… espero no ser demasiado plasta y que no os aburráis demasiado…Dibujo1

YOGUI: Los Orígenes de los Canes. La Verdad Sobre el Comienzo

En nuestra última entrega, Yogui ha encontrado de nuevo a Balto, el perro que le salvó la vida, y ambos se ponen en camino, para descubrir los Orígenes de los Canes. Pero, yo, Yogui, he decidido encontrar a mis verdaderos padres. ¿Qué será lo que nos aguarda a mi colega y a mí? Desde luego, no lo que esperamos.

VI) La Verdad Sobre el Comienzo

Dibujo2Bocinas, claxons e intermitentes se oían por todas partes. Y a personas que gritaban:

-¡Eh, me toca a mí, mendrugo! ¡Aparta de mi camino!

-¡Que tengo prisa! ¡Llevo esperando aquí una hora!

-¿Cómo que doce euros? ¿Me está usted tomando el pelo? ¡Esto es un timo!

Yo estaba asustado con tanto griterío y alboroto.

-¿Por qué quieres venir a este lugar, Balto?

-Mira, a vista de que no estamos seguros de dónde está Murias y a pesar de todos nuestros esfuerzos por conseguir un mapa, no lo hemos encontrado. Lo mejor es recurrir a un lugar como éste.

-¿Por qué, Balto? -me cuestioné.

-Porque aquí, en estos lugares llamados “gasolineras” vienen muchísimos coches para cargar fuerzas de energía para seguir adelante. No importa que no entiendas que quiere decir “fuerzas de energía”. Pero, buscaremos un camión, que lleve una carga hasta Murias, y nos meteremos dentro.

-Ohhh…-dije yo sin entender mucho-Pero, ¿cómo sabrás que camión va a Murias?

-Porque soy adivinó-contestó Balto riéndose.

Aunque yo no compartí su risa; ser adivino es una cosa muy seria…

-Yogui, ¿querrías traerme una piedra? -dijo Balto muy estricto.

-¡Claro, Balto! Aunque no sé para que necesitas una piedra -contesté extrañado.

Mientras yo buscaba una bonita piedra, Balto fue mirando camión tras camión, hasta que al fin vio uno que le interesó. Un hombre gordo y forzudo hablaba desde la ventanilla del camión con el hombre que le cargaba esas “fuerzas de energía” mediante un tubo largo y grueso. Fue Balto el que me lo explicó ya que yo no estaba presente, y no me dijo todo exacto, pero me dijo que la conversación entre el hombre gordo y el del tubo largo y grueso era algo así:

-¡Dése prisa, hombre! Necesito llegar cuánto antes a la mina para cargar el carbón.

-No se preocupe, enseguida termino, señor. ¿Hacia que mina se encamina?

-Voy hacia “La Carbonerina”, la mina de Murias.

-Genial… ¡Oh, mire, señor! ¡Ya está! ¡Ya tiene suficiente gasolina! ¡Ya puede irse!

- De acuerdo… Gracias por el servicio, aunque hayan sido un poco pesados -dijo el camionero por último mientras intentaba alejarse, a pesar de que el hombre del tubo le advertía y le gritaba que se olvidaba de pagar.

Balto tampoco podía hacer nada para detenerlo.

Por suerte, llegué yo, una vez más, para curar la situación, con la piedra que Balto me había encargado. Y mira que había tardado porque había estado buscando la piedra más guapa de todas para mi amigo Balto, y además, era tan grande que la arrastraba a duras penas.

Pero, Balto, al verme, me arrebató la piedra, sin ni siquiera darme las gracias por esforzarme tanto en buscar, y con la boca, se la lanzó al camión antes de que hubiese salido siquiera de la gasolinera.

-¡Ahora es nuestra oportunidad! -dijo Balto, y se escondió bajo el camión.

El camionero se bajó del camión muy enfadado y acusó al hombre de la gasolinera de haberle lanzado una piedra a su camión. El hombre lo negó y ambos comenzaron a discutir.

Balto se dio cuenta de que la puerta del compartimento del camión no estaba abierta, por lo tanto no podríamos entrar. Así que tuvimos que esperar dos minutos a que la situación se calmase, cuando el hombre de la gasolinera exclamó que a él le había parecido que el ruido provenía del compartimento del camión.

El camionero se encaminó hacia él, y abrió las puertas. Miró a un lado y a otro y no vio nada. En un despiste del camionero, Balto dijo “Esta es la nuestra” y se metió dentro del camión, justo antes de que el camionero cerrase las puertas. Éste miró enfadado al hombre de la gasolinera y le pegó una torta. Acto seguido, se fue conduciendo en camión. Y, para quienes se lo pregunten, no, no llegó a pagar.

El viaje se me hizo, al menos a mí, bastante pesado y largo. Intentaba dormir, pero no podía. El camión pegaba demasiados meneones.

De repente, Balto me susurró al oído:

-Ya debemos haber llegado a Murias. Tenemos que bajarnos ya. No podemos ir hasta la mina.

-¿Y cómo podremos bajar ahora, Balto? -pregunté, entendiendo el peligro que suponía llegar hasta la mina y que todos los bipes que allí hubiera nos acorralarán.

-Tú solo escucha y tápate los oídos como puedas -me dijo. Se quedó callado un instante, y después tomó aire.

De repente, pegó un aullido tan grande y desgarrador que me pareció que el suelo temblaba y el cielo se nos iba a caer encima.

Entonces, notamos un violento frenazo, y oímos los gritos del camionero mientras bajaba de la cabina, gritando “¡¿Pero qué?!”

Unos segundos después, abrió las puertas del almacén del camión, pero solo le dio tiempo a exclamar “¡¿Qué demonios?!” y ver como Balto y yo salíamos más rápido que canta un gallo y escapábamos corriendo de las garras de aquel colosal hombre.

Llevábamos una hora recorriendo el lugar sin ver a nadie, ni siquiera un alma, hasta que, de repente, Balto me dijo:

-Huelo algo. Ven, por aquí. -y echo a correr.

Yo le seguí como pude.

De pronto, Balto se detuvo, para mi alegría, y me murmuró:

-¿Ves allí? Allí hay un animal. -Era un zorro. Parecía comer algo. Pero, de repente, pareció oírnos, pues puso las orejas para atrás, y comenzó a correr patas en polvorosa con su presa.

-¡Espera, Amigo Zorro! ¡No te vayas! ¡No queremos hacerte daño! ¡Queremos pedirte ayuda! ¡Estamos perdidos! -exclamó Balto.

El zorro paró en seco, e inmediatamente dijo:

-¿Código Animal?

Balto puso una pata en el corazón y dijo seriamente:

-“Todos somos iguales, nacimos iguales, vivimos iguales, y un día seremos parte de la naturaleza. Igual que tú, hermano”.

El Código Animal, según he aprendido en mi Gran Aventura, es una especie de frase de paz y juramento entre los animales callejeros, que utilizan para relacionarse entre ellos en son de paz, cuando sus intenciones son pacíficas. El Código Animal te hace jurar por el Señor de los Huesos, por lo que has de cumplir tu promesa. Pero volviendo a nuestra historia…

Después de recitar el juramento con la pata en el corazón, Balto, habló así al zorro.

-Hermano Zorro, baja de ese árbol, por favor, hemos de hablar contigo.

- Vaya, vaya… Con que una pareja de perros de ciudad perdidos en el pueblo, ¿eh…? -dijo con una maliciosa sonrisa.

-Necesitamos saber dónde estamos -le dije yo al zorro.

-Pues, en Murias, claro -el zorro rió.

-Trátale de Hermano Zorro -me dijo Balto en voz baja -Hay que respetar el Código Animal -Que, por entonces, yo no sabía lo que era.

Balto subió la vista, y volvió a dirigirse al Zorro.

-Hermano Zorro, ¿conoce la casa donde habitan los padres de mi acompañante? Según me ha contado, su padre es de un gran parecido a él.

-Por favor. -dijo el zorro con su habitual sonrisa maliciosa -Llámame Don Raposu Arteru de Arredrayáu. -y tendió una pata a Balto.

Pero Balto, por el contrario le miró, y dijo:

-¿Cómo…? ¿Don Raposu de qué…? -dijo Balto hecho un lío -Preferiría llamarle Hermano Zorro.

-Como gustes -dijo Don Raposu secamente mientras encogía la pata que antes había estirado y se la lamía.

-Bueno -dijo Balto empezando a cansarse-¿sabes dónde podemos encontrar a sus padres-y me miró a mí.

Don Raposu Arteru de Arredrayáu, se quedó silenciosamente mirándome un momento. Después exclamó:

-Vaya, vaya. Creo que sí sé dónde están tus padres. Tú eres el hijo de Truhán y Perla. El aspecto de los Truhán es fácilmente distinguible ja ja. Sobre todo por esa pata torcida -dijo con su habitual sonrisa maliciosa burlándose de mí. Después se calmó y prosiguió -Aún recuerdo cuando os regalaron a todos. Aquel día Truhán estaba de muy mal humor.

-¿Estaba triste porque nos llevaban lejos? -pregunté nostálgico.

-Triste, triste, lo que se dice triste no. Pero sí hecho una furia. No había visto ser más enfadado en toda mi vida. Bueno, lo dicho. Resulta que precisamente vengo de esa casa de conseguir este jugoso pollo. –y pegó un mordisco a aquella presa que llevaba en la boca -Veréis, desde el día en que os separaron de vuestros padres, Truhán no ha hecho más que buscaros desesperadamente. Me contrató a mí, de hecho -y se señaló con el dedo índice muy orgulloso de si mismo -para rastrear toda la zona hasta encontrar a sus hijos, a cambio de un pollo diario si cumplía mi trabajo. Tiene especial predilección por uno llamado Yocki. -y puso la cabeza en alto, muy altivo.

- ¡Yogui! -dije yo emocionado -¡Se acuerdan de mí! ¿Lo has oído, Balto? ¡Se acuerdan de mí! ¡Me quieren! -ahora ya comenzaba a sentirme como algo más que un paticorto.

-¿Dónde viven? -preguntó Balto.

-Es fácil. ¿Ves esa senda de baldosas amarillas…? Como en el Mago de Fox, jo jo. Síguela hasta que la senda se divida en dos caminos. Entonces párate. A la izquierda, está la casa de los Truhán. Es muy fácil, y el camino es muy corto. No tiene pérdida. -Después me miró a mí y dijo -Así que tu eres el famoso Yocki. Bueno…, tu padre se pondrá muy contento de verte, ¿eh…? -y me sonrió de nuevo maliciosamente. Después murmuró por lo bajo - Aunque a mí se me acabó el chollo de los pollos -Volvió a subir el tono de voz -Pero, bueno, decidle a Truhán de mi parte que mañana, ración especial, ¿eh? Por encontraros, que de no ser por mí… Doce pollos, ¿eh, que os parece?¡Pero, que digo, veinte!¿Se lo diréis?

-¡Claro que sí, Señor Zorro! -le dije yo tan alegre…

-De acuerdo, ¡Ciao! -fue lo último que le oí decir al zorro antes de que él se adentrara en la maleza y yo me alejase…

Balto y yo nos encontrábamos junto a una gran pero destartalada casa de campo. La casa era de madera, y se le veían varios agujeros en el tejado. Alrededor de ella, toda clase de animales del ganado se paseaban comiendo hierba y paja. Pero, para entrar a la granja, había una verja. Sin embargo, esta puerta era de madera, y estaba rota, con lo cual Balto y yo pasamos sin problemas.

Los animales que por allí había, ni siquiera nos vieron pasar. Todos pasaban enfrente de nosotros como si nada especial ocurriese. Una vez que llegamos hasta la casa, Balto empujó la puerta suavemente, después de picar con la pezuña y ver que nadie contestaba.

Al entrar, ¡nos encontramos con otra granja, pero metida dentro de la casa! Las gallinas correteaban, desplumadas, de aquí para allá, las ovejas, se acomodaban en los sucísimos sofás de la casa, que estaban a medio romper. Los gatos, se subían a las ventanas y se balanceaban en las cortinas, arañándolas y rasgándolas. Estos últimos, parecían buenos, pues estaban acostumbrados a la presencia de perros, y, como los demás, ni siquiera se inmutaron al vernos. Veíamos toda clase de animales y seres vivos, menos a humanos, y, lo más importante: mis padres perros.

Así que, cruzamos hasta la cocina, en dónde estaba lleno de cacharros sucios y desordenados. Pero, allí, por fin había alguien de mi especie. Ví, una preciosa perrita pequinés, más o menos de mi tamaño, que miraba triste y melancólica hacia la ventana.

Me aproximé a ella, y suavemente, dije:

-¿Mamá?

Ella se dio la vuelta para mirarme, y se quedó callada unos instantes. Parecía sorprendida. Después, dijo con un hilo de voz:

-¿Yogui?

-¡Sí, soy yo! -exclamé.

Pero, ella no contestó se limitó a levantarse y decir: “Seguidme. Tú también”, dirigiéndose a Balto.

Yo le seguía mientras le preocupaba preocupado:

-¡Mamá, mamá! ¿Qué te ocurre? ¡Soy tu hijo, Yogui!

Ella volvió a cruzar el hall de entrada, y salió de la casa. Pero, en vez de seguir adelante y sacarnos fuera de la granja, nos llevó hasta el establo, diciéndonos:

-¡Rápido, escondeos ahí! ¡Yo entro detrás!

Balto obedeció, y yo le seguí, pues. Después, entro ella, como había prometido.

Fue Balto el que tuvo las palabras siguientes. Y dijo muy enfadado:

-¡¿Qué pasa?! ¡¿Qué después de más de tres años sin verle, es así como saludas a tu hijo?!

Mi supuesta madre solo suspiró:

-¿Qué tal, Yogui, hijo? -dijo con voz ahogada.

Balto no parecía satisfecho con eso. Por eso mi supuesta madre volvió a hablar:

-¡Claro que no! ¡Ojalá hubiese podido ser… una madre corriente, como todas las demás! Criando a mis hijos, y… -su voz se apagó.

De haber podido un perro llorar con facilidad, mi madre hubiese llorado más que ningún ser humano.

Ella consiguió tomar fuerzas para continuar:

-Mi marido está loco. Loco por el poder, loco por la ambición, loco por ser el más malvado. Año tras año, me obligaba a tener con él una camada de cachorros, y después los mataba.

Yo me había quedado asombrado. Balto gritó:

-¡¿Por qué?! ¿Cómo podemos saber que dices la verdad, y que tiene que ver eso con lo que te he preguntado?

-¿Conocéis la Leyenda?-dijo ella.

-¿Del Hueso? -pregunté yo, y ella asintió con la cabeza -Pero… ¿Eso quiere decir que lo soy? ¿Soy el descendiente del Perro de la Pata Torcida? -a pesar de todo lo que había dicho antes mi madre, por lo que habría suficientes motivos para llorar, yo me quedé cautivado con la noticia de que yo era el descendiente del Señor de los Huesos…

-Hijo mío -dijo ella -Es por eso que debieras estar más preocupado que feliz… Cuando tú naciste, mi marido, Truhán, efectuó el habitual ritual para saber quién era el Elegido para poder obtener el Hueso, y controlar el Mundo Animal. Como sabréis, el descendiente habrá de tener una Pata Torcida, pero no una torcedura cualquiera, tan torcida, como el Señor de los Huesos. Aquel al que al romperle la pata, no emita un alarido de dolor, y no le restallen los huesos rotos, será el Elegido. Al efectuar el ritual, tú, hijo mío, no te quejaste, y Truhán descubrió que eras el que buscaba. Así que, decidió secuestrarte, y obligarte a llevarle hasta donde está el Hueso, pues se dice que los Elegidos tienen un instinto que les lleva hasta él, a cambio de no matarte… Tú habrías de darle el Hueso, pues eres el único que lo puede sacar, de dónde está introducido. Así, conseguiría tenerlo en sus patas, y dominar el Mundo Animal.

Pero yo no podía permitir que te hiciese daño, mi niño, ni a ti, ni al resto de mis hijos supervivientes. Esta vez no. Así que, antes de que se escapase contigo, ideé un plan. Me hice pasar por agobiada y estresada por culpa de mis hijos. Hice que pareciese que pasaba una depresión. Mis dueños me llevaron al médico, y él pensó que lo mejor para mí sería que ellos se deshiciesen de mis cachorros.

Así que, mi familia los fue regalando a todos, uno tras otro. A ti, te llevó una profesora de mi dueña. Vi como te marchabas aquel día, vi como te ibas en un coche que desaparecía a lo lejos. Tú, criatura inocente, había conseguido salvarte por fin. Te había preparado con un jerseicito de lana y un yoyó -y soltó un gemido de desesperación. -Cuando mi marido llegó a la hora de comer, ya era demasiado tarde para encontrarte. Aquel día, él me hizo esto…

Yo me quedé petrificado, al ver como mi madre señalaba con su pata una larga cicatriz que recorría todo su cuello.

-Pero estoy bien –murmuró -Solo me preocupa la felicidad de mi hijo -y me sonrió como pudo.

Balto le había escuchado todo el relato sin abrir la boca, al igual que yo. Se dirigió a ella:

-Mis disculpas, señora. Lo lamento muchísimo. No tenía ni idea de su historia. Me presento: Soy Balto -le extendió una pata -¿Y usted?

Mi madre iba a contestar cuando las campanadas de un reloj sonaron a lo lejos. Su rostro empalideció. Parecía haber recordado algo.

-¡Las dos! –exclamó -¡La hora de comer! ¡Mi marido no tardará en llegar! -e inclinó sus orejas hacia atrás -Después de estar toda la mañana buscándote, y cazando, ha llegado aquí para que yo le dé más comida que yo haya encontrado para él. ¡Llegará en cualquier momento! ¡Tenéis que huir! -y nos miró fijamente a los dos.

-¡Seguidme! –ladró -Nos sacó del establo mientras nos iba contando detalles -Por alguna razón esta mañana me he acordado de mis hijos. Tenía la extraña sensación de que algo especial pasaría.

Nos llevó a través de la huerta, y nos hizo saltar las vallas que cercaban la granja, aunque yo me arrastré por debajo… Nos escondimos tras unos matorrales de un gran prado salvaje, ajeno a la casa.

Nos iba a hablar, pero de pronto, pudimos oír unos ladridos:

-¡Cariño! ¡Ya estoy aquí! ¿Está lista la comida? ¡Eso espero! Un momento… ¡HUELO A CACHORRO! ¿Quién tienes aquí, idiota? ¡Maldita perra insolente! ¡Cómo traes animales a mi casa sin mi consentimiento! ¡Estúpida!

Mi madre nos volvió a mirar fijamente. Todos estábamos asustados. Incluso Balto.

Mi madre le habló a él:

-Balto, date prisa. ¿Ves ese bosquecillo a lo lejos? ¡Ve por él! ¡Es un atajo! ¡Os perderá el rastro si vais por ahí! Pero, ante todo, no vayáis por el sendero de la carretera, ¡os encontraría enseguida! ¡Huid! -dijo aterrorizada y muy apurada.

Pero, antes de que nos fuéramos, dirigió unas últimas palabras a Balto:

-Balto, eres mi única esperanza. En tus patas te dejo mi tesoro más preciado. Por favor, protégelo.

-Descuida, así lo haré. Confía en mí.

Entonces, Balto me cogió por el cuello como a un cachorro, y echó a correr, a pesar de que yo insistía en que podía andar solo.

Pero todo esto, solo fue unos momentos antes, de que mi malvado padre volviese a gritar:

-¡Te huelo! ¡Mujer mía! ¡¿Qué demonios haces tras ese arbusto?!

Y de repente, apartó el arbusto tras el que se escondía mi madre, y mi fornido padre le pegó un cruel mordisco con el que la dejó desangrándose tirada en el suelo, mientras gritaba:

-¡Perra traidora! ¡Mi cachorro! ¡Está huyendo!

Y, entonces, como un rayo, echó a correr tras nosotros, con ira y venganza en sus ojos.Dibujo3

Y para terminar un pequeño vídeo con mis aventuras del pasado finde… en el que yo y mis amigos estuvimos ligeramente confundidos vendría la “Prima Vera” o la “Primavera”…

El vídeo

y el resto de las fotos... Finde de Prima Vera

 

Patitas a tod@s

Yogui

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