Hola amig@s… esta historia comienza un poquito después del día de Reyes, aquel en que me convertí en “Rey”Como nuevo Rey empecé a pensar en como gobernar mi palacio, qué normas debía imponer a mis nuevos súbditos y todo eso que hacen los reyes.
Yo pensaba ser un rey benevolente y amable con mi pueblo pero también tenía que imponer respeto… todos tenían que saber que, aunque no tuviera mi corona puesta, yo seguía siendo el rey. Indagué que era lo que me faltaba para ser un rey completo…
Porte… no, mi colmillo era único e irrepetible, era un símbolo real como todos saben en el mundo animal.
Elegancia… tampoco, gracias a mi nuevo collar eso era impensable, a parte de que nadie camina con mayor elegancia que yo gracias a mi patita torcida Así que indagué en la red y entonces me di cuenta… los reyes, aparte de corona, tienen algo que les hace ser “reales”… un trono real, y yo tenía una simple camita de perrito de compañía.
Entonces hablé con mi papi, digo, con mi Ministro de Finanzas y Huesitos y le pregunté cómo podría conseguir un Trono Real.
Su respuesta fue rápida y seca…
-Con dinero, Majestad Yogui I
-¿Y cómo, un perrito como yo, aunque sea rey, puede conseguir dinero? -le pregunté
-Tiene ciertos activos que puede usted cambiar por ese dinero… siempre y cuando no quiera aumentar los impuestos a sus súbditos –me contestó mi ministro.
-¿Y cuales son esos activos, papi, digo ministro?
-Majestad… ¿puedo hablar sin problemas?
-Pues claro que sí… soy un rey magnánimo. Deseo que me obedezcan pero no que me mientan… hablad sin temor
-Sus huesitos de Doggie Noël. Podríamos intercambiarlos en el banco por lo que nos hace falta… pero quizás no tengamos suficiente con ellos y debamos “vender” algo más -remató de una forma que a mi me pareció algo sarcástica…
-Huesitos… gruñí yo aparentando no sentirme herido. Mejor no, busca otra cosa.
-Entonces… mi señor… solo queda vuestra hermosa corona.
Después de sopesarlo unos instantes y con gran dolor de mi corazón, aunque no de mi cabeza (la corona pesaba demasiado), ni de mi estómago (al que le encantan esos huesitos), decidí aceptar esa nueva proposición para conseguir el famoso dinero.
- De acuerdo, haz lo necesario para conseguir el dinero.
Después de unos minutos papi volvió muy contento y me pidió audiencia
-Entrad, ministro, enseñadme mi trono…
-Majestad, mirad lo que he conseguido… un lingote de Oro -dijo balbuceando.-¿Es eso acaso, mi trono? –le reproché bastante enfadado y mostrando mi amenazante colmillín
-No, majestad es algo que se puede cambiar por dinero para conseguir vuestro trono..
-¿y cómo le llamas a esa cosa amarilla?
-Es un lingote de “2 Gigas”que logré intercambiar con un jeque de Abú Dhabi. Él quería una corona para su reina y me pareció un intercambio justo.
-¿Pero es eso dinero? –ladré yo cada vez más enfadado mientras papi se mostraba cada vez más contento (y eso que no tiene cola que menear, pero reía)
-Ahora mismo me voy a comprar su trono majestad…
-Vale, pero que te acompañe mami, digo, la Sra. Ministra de Asuntos Internos y Fomento.
Y se ve que elegí bien a mis ministros porque ellos eligieron el mejor Trono Real que he visto hasta la fecha… no solo se integra perfectamente con mi pelaje natural. Sino que es elegante, cómodo y caliente… y sino me creéis vedlo con vuestros ojitos:
Seguro que vosotros también sois los Reyes de vuestras casas y que disfrutáis de tronos reales tan cómodos como el mío arf, arf, arf
Todo empezó el Domingo, el primer domingo del año…
Estaba ese día con mis amigos, unos mojándose bajo la lluvia, otros resguardados de ella, pero todos sin saber que hacer y más aburridos que unas ostras… esperábamos con impaciencia, que llegase el día mágico de los Guaus Magos porque ya sabéis que, después de las fiestas del fin de año, no hay que esperar mucho a que aparezca la mejor del año que empieza… esa magnífica noche de los Guaus Magos de Oriente en la que nos traen, a todos sin distinción del número de patas que tengamos, juguetes y muchas chuches para divertirnos. Me preguntaba si mis amigos sabrían la verdadera historia de los Guaus Magos. Pepa, que se encontraba escondida debajo del banco, no la sabía y Otto tampoco la había escuchado. Yo no recordaba muy bien como era, así que le pedí a papi, que era quién me la había contado hace tiempo, que nos la contara a todos una vez más… Nos pidió que nos tranquilizáramos, y gracias a unas chuches todos nos sentamos alrededor de sus “patas” para escuchar atentamente… La verdadera historia del Día de Reyes, un pequeño cuento, y ésta y no otra, la que casi todo el mundo cree saber, es la auténtica.
Gracias a esta historia me convertí en un pequeño Rey ante mis amigos… pero qué pasó con los Guaus Magos este año??
A mi me trajeron muchos huesitos que están riquísimos… y son toditos para un menda arf, arf, arf… aunque seguro que bajaré algunos para compartir con mis colegas del parque este finde. ¿y a vosotros, han sido generosos a pesar de la crisis?
Pero lo mas diver de esta fiesta es lo que viene después… El Roscón Mágico. Y digo bien, que es mágico porque venía con sorpresas dentro… sorpresas que seguro habían dejado los Guaus Magos. Y como decía la leyenda:
“He aquí el Roscón de Reyes, tradición de un banquete
en el cual hay dos sorpresas para los que tengan suerte.
En él hay muy bien ocultos, un haba y una figura;
el que lo vaya a cortar hágalo sin travesura.
Quien en la boca se encuentre una cosa un tanto dura,
a lo peor es el haba o a lo mejor la figura.
Si es el haba lo encontrado este postre pagarás,
más si es la figura, coronado Rey serás.”
Adivináis quién encontró la figura y se convirtió de nuevo en el Rey?? Y vosotros habéis sido los Reyes de ésta fiesta??
Pues no hay mejor forma de despedir el año que reunirse con los amigos y brindar con una copita de cava. Así que, aunque la cita se envió con algo de improvisación, fuimos bastantes los que acudimos a celebrar la llegada del nuevo año.
Y aunque este año fue un año de crisis y muchas cosas peores parecía que se quería retirar, para compensarnos de alguna manera, con una maravillosa puesta de sol…Y en esa maravillosa tarde, en tan buena compañía, y acompañada con ricos espumosos de nuestra querida España no faltó tampoco el baile de celebración y que los bipes llaman cotillón.
Luego, antes de que la luna se hiciese la propietaria del lugar, nos retiramos con nuestros papis para ir a cenar, tomar las consabidas uvas de la suerte y luego a bailar de nuevo…
De ese tiempo no tengo mucha consciencia de lo ocurrido –mas bien prefiero no recordar jejeje- porque lo único que sé es que me transformé del todo en un ser extraño.. y sino fijaros que cara más extraña me quedó.
Afortunadamente al día siguiente ya estaba bien del todo y salimos a pasear en una expléndida mañana (primera del año) continuación de la maravillosa tarde con la que acabó el 2010, así que espero que se cumpla eso de que “lo que bien empieza bien acaba” y, que éste 2011 en el que ya estamos metidos de lleno, transcurra y termine mucho mejor que el pasado año.
Así que Os deseo un Feliz Año 2011.
Como siempre os dejo el resto de las fotos…
Bueno, hasta aquí mis aventuras y ahora unas pocas cositas… las primeras son desear la pronta recuperación de mis/nuestros amigos Nevado y Pepa. El primero, que es tragón como todos los labradores, se recupera de una pequeña cirugía por haberse comido lo que no debía… un huesito de plástico que le ocasionó una obstrucción intestinal y nos dio un enorme susto. En cuanto a Pepa… pues una pequeña contusión en las costillas por jugar un poquito a lo bruto, y es que, como se cree tan fuertota, pues luego pasa lo que pasa al jugar con perritos mucho mas grandes y fuertes que ella.
Pero también tengo un pequeño mensaje de ayuda. Esta vez ha sido mi amiga Alana, que se ha enterado que hay una pequeña asociación de bipes que nos ayuda que lo está pasando bastante mal… y como empezar ayudando, aunque sea de esta manera, es una buena forma de empezar el año, pues me ha parecido adecuado dejaros los enlaces de esta buena Asociación: Mas que Chuchos y La Pontiga
Y ahora os dejo mi regalo de Guaus Magos de Oriente… los capítulos finales de mis historias japonesas jejeje… espero os gusten
¡¡¡Desenlace!!!
Después de un año en el que habéis seguido fielmente mi Gran Aventura sobre mis Orígenes, REAL, digan lo que digan algunos incrédulos, llega el ansiado desenlace, en el que tendré que decidir, si ser el nuevo Señor de los Huesos, o volver con mi familia.
Os dejo con la Lucha Final por El Hueso, y la Gran Batalla contra mi Padre.
XVIII) Batalla por El Hueso
Avancé un paso hacia mi padre. No estaba dispuesto a que le hicieran daño a Lazzie. ¡No lo consentiría!
Pero Balto me cogió por el rabo. No quería que me moviese más.
-¡Hay que darle el medallón, Balto, es nuestra única esperanza!
Balto no movió ni un dedo. Al parecer, aún no había cogido tanto cariño a Lazzie como yo, hasta el punto de querer salvar su vida, aunque todo el Reino Animal se hundiese en la discordia.
-No podemos darle el medallón, pequeño-dijo Balto-La matará igual.
-¿Cómo lo sabes?-susurré.
-No vamos a darle el medallón. Es cierto el refrán humano de los judíos, que dice "Quién salva una vida, salva al mundo", pero es que si ahora salvamos una vida, el resto del mundo perecerá-dijo El Señor de los Huesos.
-Pero… ¡Señor!
-No te preocupes, Yogui. Ya se nos ocurrirá algo para despistarlo-dijo Balto.
-Créeme, Elegido Mío-volvió a hablar El Señor de los Huesos-No matará a Lazzie. No se atreverá a hacerlo, porque, en caso de que se le ocurra, ya no podrá continuar con ningún chantaje para conseguir El Hueso, y, además, tampoco podrá protegerse a si mismo, como está haciendo ahora, con la condición de dejar con vida a la niña si no le atacamos.
-Pero…
-Nada de "Peros", Yogui-dijo Balto firmemente.
-¿Con que no queréis darme el medallón, eh?-dijo Truhán-Recordad que puedo apretar mis afiladas garras contra el sensible cuello de esta perrita en cualquier momento.
-Jamás conseguirás El Hueso-dijo Lazzie-Mátame. Pero después de hacerlo, serás tú el que muera a manos de nuestro Dios, El Señor de los Huesos, y no podrás hacer daño a más inocentes.
-¡Calla, perra! ¿No me vais a dar el medallón de verdad? Yogui, cariño…-se puso a reír como un loco-Si no me entregáis ese medallón, mataré a la chiquilla.
Nadie hizo ademán de intentar ofrecérselo, ni siquiera yo.
-Contaré hasta cinco, y si no me lo dais, esta niñita morirá-mi padre comenzó a enfurecerse-Uno, dos, tres, cuatro… Y…
En un rápido movimiento, como poseído por una fuerza mayor que mi voluntad, llamada "Amor", salté sobre Balto, le arranqué el medallón, y se lo lancé a mi padre.
Él tiró al suelo a Lazzie, y se puso orgulloso el medallón.
-Un momento, aquí no hay ningún mapa. Solo es una maldita joya humana con un grabado mediocre. ¿Qué es esto? ¿Me habéis estado mordiendo la Pata Torcida?*¡Os voy a…!
-Detén tu furia, Hijo de los Lobos-dijo solemnemente El Señor de los Huesos-El camino hacia El Hueso, que en ese medallón está inscrito, solo podrá ser visto, por El Señor de los Huesos, es decir, yo, o el Descendiente Elegido.
-¡Ahhh! ¿Con que sí, eh? Yogui, tu papi y tú, vamos de excursión a buscar El Hueso. ¿Te parece bien?
Yo no contesté.
El Señor de los Huesos, me guiñó un ojo, y asintió.
-Será un placer…, señor-contesté.
Truhán me agarró bruscamente del cuello como había hecho con Lazzie, y me puso el medallón.
-Y ahora, dile a tu papi. ¿Qué ves?
*Expresión canina, que, para las personas, significa "Tomar el pelo", y en la que se basaron los ingleses para crear su equivalente "Morder la pierna".
Yo no veía nada especial. Simplemente, la gruta en la que estábamos. Esperaba que una especie de luz o fuego iluminase el camino que había de seguir. Pero nada de eso ocurrió.
Ocurrió, algo muchísimo más fascinante.
De pronto, una luz fantasmal me cegó. Mis ojos cobraron un color azul pálido, como si estuviese dominado, y una especie de increíbles espíritus sin una forma permanente, surgieron del medallón, mientras emitían extraños cantares y rarísimos sonidos. Tendrían un tamaño aproximado, pues podían cambiar de forma y altura, de unas treinta patas torcidas, casi como una casa humana. Los espíritus, mediante sus extraños cantares, me invitaron a que les siguiera.
-Dile a tu papi. ¿Qué ves?-repitió mi padre, ya que yo había estado ausente durante más de dos minutos.
-¡Por aquí! ¡Hay que ir por aquí!
Y así, siguiendo a los espíritus, mi padre y yo nos adentramos en la mística gruta.
La cueva estaba llena de pinturas y grabados de la Historia de los Canes desde el Alba de los Tiempos. No pocas veces tropezábamos, y caíamos por grandes "toboganes" y cuestas empinadas.
Hasta que nos paramos. Una gigantesca roca, no nos permitía seguir. Los espíritus habían desaparecido, y el camino se acababa.
-¡Me has engañado! ¡Estúpido! ¡Todas esas caídas y esos tropiezos los he soportado para nada!
Y me iba a dar un gran zarpazo, cuando… Me pareció que la roca se iluminaba.
-¡Espere un momento, padre!
-¿Qué?
-He visto algo.
-¿El qué?-mi padre no podía ver a los espíritus, que volvían a aparecer de la nada, ni siquiera el enorme resplandor que la roca desprendía.
-¿No lo ve, padre? ¡Todo es real! ¡Es la roca de la historia! ¡Con la que El Señor de los Huesos mandó tapiar la entrada hacia El Hueso! Con los milenios que han pasado, la cueva se ha convertido en una gruta bajo tierra, pero ahí sigue la roca, y tras ella…
-¡El Hueso!-exclamamos los dos a la vez.
-¿Y cómo vamos a entrar, cariño mío?-dijo sarcásticamente, mientras rechinaba los dientes.
-La roca abrirá el paso al Heredero del Trono.
Me acerqué a la roca, y ésta, milagrosamente, se desplazó a un lado, para dejarme paso.
-Usted primero, padre, o el camino se cerrará.
Ambos entramos.
Estábamos en la Cueva de El Hueso.
Pero, ¿dónde estaba El Hueso?
Frente a nosotros. Allí, como para los humanos la Espada del Rey Arturo, El Hueso lucía esplendoroso suspendido en el aire, sobre una piedra, mientras una Luz Celestial lo iluminaba.
Mi padre se acercó sin precaución alguna. Parecía que se le había olvidado que podía haber trampas, y que yo, El Elegido, había de ir delante de él para protegerle.
Truhán se acercaba velozmente hacia El Hueso. Ya estaba llegando. Subió unas escaleras.
-Ahí está, ¿lo ves, hijo mío? El Hueso está esperando a que alguien lo luzca en su Pata Torcida, y su espera va a terminar dentro de poco. ¿No te hace feliz, que tu padre haya cumplido su sueño? Ya verás, ya verás… Cuando yo sea El Señor de los Huesos, los tres, mamá, tú y yo, viviremos como reyes, aquí, en la cueva. Y ya nada nos separará, seremos muy felices. Y tú, podrás jugar con un Hueso de mentira para ti solo. Ya verás, ya… Y todos, esos malditos, que me tacharon de loco y maltratador, de lunático, de malvado, tendrán su merecido. Todos sufrirán la ira, que no pude descargar contra mi cruel padre. Él sí que era cruel. Pero, no te preocupes, mamá y tú, seréis la excepción. No tendréis nada que temer. Viviréis casi tan bien como yo.
Cada vez estaba más convencido de que era un verdadero lunático. Mucho más equizorrénico que aquellos desgraciados monitos tan agradables. Pero esta vez no me enfrenté a Truhán, por miedo. Tenía que esperar el momento oportuno.
Mi padre ya estaba delante de El Hueso, a punto de realizar su sueño y pesadilla que no le dejaba dormir.
-¿Lo ves, hijo? Nunca había visto nada igual. Su resplandor me ciega.
Y eso si que era cierto. Nadie vivo sobre la Tierra había visto nada igual. Ese resplandor, era divino, digno de pertenecer a los dioses. A simple vista, era un hueso natural, normal, vulgar y corriente, colocado en vertical. Pero, sin contar que estaba flotando en el cielo, algo te decía, que no era un hueso corriente, de esos que se han de roer.
Mi padre estiró su garra para cogerlo. Y cuando lo tocó…
Un ruido ensordecedor se oyó.
Subí las escaleras para acercarme a mi padre.
-¡Ahhhh!-Truhán pegó un gran alarido.
Se miró su zarpa. Un enorme escozor la recorría. Esperaba ver sangre. Pero vio una brillante cicatriz, que relampagueaba, y que cruzaba su zarpa entera. También la herida parecía ser celestial, como se la hubiese hecho un ser de otro mundo. Además, era un milagro que hubiese cicatrizado tan pronto. El Hueso era peligroso. No me cabía duda. Las advertencias de las Antiguas Leyendas no eran en vano.
-¿Qué ha ocurrido? ¿Por qué no he podido tocar El Hueso?
-Padre. Solo El Elegido puede sacar El Hueso de su Lugar Sagrado. Una vez que así lo haya hecho, solo lo podrá tocar el que El Elegido decida, entregándoselo de su pata (Entregándoselo de su mano, para los humanos).
-Bien, hijito mío. Entonces vas a coger El Hueso, y vas a dármelo a mí, ¿verdad? Que soy el que más lo necesito…-Truhán sonrió malévolamente.
Miré hacia El Hueso. Una fuerza divina me invadía y me hipnotizaba. El Hueso me atraía literalmente hacia él. Tenía miedo.
Lo cogí cuidadosamente con la boca. Cerré los ojos. ¿Qué iba a ocurrir? ¿El Hueso me mataría? Los abrí. No había ocurrido nada. Bueno, una cosa. El Hueso brillaba con más resplandor que nunca.
-Mi amor…-Truhán movió su zarpa en señal de que se lo entregase-Dámelo. Dame El Hueso-sus ojos relucían.
Me lo pensé. Miré hacia El Hueso. Miré hacia mi padre.
-¡Cójalo!
Y lancé El Hueso por los aires.
-¡Ya eres mío, por fin!-gritó mi padre.
Pegó un ágil salto, y lo cogió con la boca.
Durante unos segundos tampoco ocurrió nada. Mi padre se relamía.
Entonces, unas luces iluminaron la sala. Miles de espíritus, diez veces más grandes que los que me habían guiado hasta El Hueso, comenzaron a salir del Sexto Elemento. Mi padre comenzó a elevarse por los aires. No se atrevía a soltar El Hueso.
-¡Suéltelo, padre! ¡Suéltelo!-grité.
-¡No lo haré! ¡Esta es otra de tus tretas! ¡No seré tan tonto de soltar mi amado tesoro una vez que lo he encontrado!
Un gran agujero negro se abrió a lo lejos, en el cielo.
Mi padre siguió ascendiendo, y ascendiendo hacia él.
-¡Socorro! ¡Socorro!-gritaba exasperado.
Los espíritus se lo llevaban.
Éstos empezaron a invadir su cuerpo.
De repente, sus ojos se cayeron uno tras otro. Y sus orejas, fueron lo siguiente. Después sus patas torcidas.
Todo su cuerpo se fue mutilando poco a poco, dolorosamente para mi padre.
Su nariz, su hocico, su mandíbula, su cuello.
Parecía un verdadero monstruo.
Su cabeza quedó suspendida en el aire, mientras sujetaba El Hueso.
Cada vez estaba más cerca del agujero negro.
Los espíritus comenzaron a entonar otro de sus impactantes y extraños cantares.
Revoloteaban alrededor de la cabeza de Truhán.
-¡¡¡¡¡Socorro!!!!!-seguía gritando mi padre sin recibir ayuda.
-Lo siento…, padre.
-Yogui, ¡¡¡Yogui!!! Espera, hijo. Veo la Luz. Quiero despedirme de ti. ¡La Luz! ¡La Luz me persigue! ¡Toda mi vida ha pasado en un segundo por delante de mi mente! Lo veo todo con claridad… ¡Dios, Dios me espera! ¡Y me mira con compasión! ¡Mi vida! ¡Toda mi vida desperdiciada! ¡Una vida sin sentimiento, llena de sufrimiento, obsesiones y maldad! ¡Todo está lleno de errores! ¡De malos actos! ¿Qué he hecho? ¡He seguido el camino de mi padre! ¡Me he convertido en el ser que odié! ¡Y he matado a docenas de mis hijos! ¿Qué he hecho? ¡He sido peor que mi padre! ¡Horror! ¡No! ¡¡No!! ¡Yogui, ¿me vas a perdonar?! ¡Porque tú eres el que me tiene que perdonar! ¡No yo a ti! ¡Tú me has querido, te hiciese lo que te hiciese! Pero yo a ti no… ¡Solo he sido un viejo lunático! ¡Durante toda mi vida! Y ahora ya no hay vuelta atrás… ¡No he tratado a mis hijos como se merecían! Yogui… ¡¡¡Hijo Mío!!!
Uno de los espíritus, el más gigantesco de todos, adoptó la forma de un gran hombre, con cabeza de carnero, unos grandes cuernos, y unos afilados dientes.
Y se abalanzó sobre mi padre.
-¡Ahhhhh!-fue lo último que dijo Truhán, antes de que el Carnero se lo tragara y se adentrase en el Agujero Negro, que desapareció en el acto.
Una luz fulminante iluminó la sala. Yo no podía ver nada.
Cuando se apagó, todo estaba como si no hubiera pasado nada. El Hueso se encontraba a mis pies, y en frente de mí, todos mis amigos: Lazzie, Balto, El Señor de los Huesos, y Laica, la abuelita de Lazzie.
Fue en ese momento, cuando me di cuenta, de que no solo estaban ellos. El lugar había cobrado vida.
Toda esa gruta vacía, se había transformado en un Verdadero Paraíso, repleto de prados, y angelitos y espíritus corriendo por doquier.
-Ahora sí…-dijo El Señor de los Huesos-¡Bienvenidos a Canis Natura!
-Señor-dije yo triste-¿Habéis otorgado un alma a mi padre?
El Señor de los Huesos bajó la cabeza.
-Estas cosas se deben hacer en el mismo instante en que uno muere. Además, ha de haber hecho algo muy importante en la vida. Algo bondadoso, y lleno de valor.
-Mi padre se ha arrepentido de todo en el último momento, con valor. Lo único que deseaba era que yo le perdonara. Rectificó, aunque fuese al final de su vida.
-¿Y quién te dice, Yogui, que los demás no lo hagan, cuando son iluminados por la Luz de El Señor?
Me arrimé a El Señor de los Huesos.
Él me abrazó.
-Bueno. Al menos permíteme felicitarte. Si bien es cierto que has matado a tu padre, has conseguido que se arrepintiera, y has salvado, no solo a mí, ni a Canis Natura, si no a todo el Mundo. Si tu padre no llega a morir, nunca hubiese encontrado la Luz. Es increíble como te diste cuenta. Tu inteligencia es asombrosa. Sabías que, El Hueso, una vez sacado de su Lugar Sagrado, no puede ser tocado por nadie, a menos que El Elegido se lo dé directamente a quien lo desee. Pero, tú lo lanzaste al aire. Es decir, en realidad no se lo diste a nadie. Solo dejaste de tenerlo entre tus patas. Y nadie puede tocar El Hueso a menos que El Elegido se lo dé. En El Hueso se guardan las memorias de las Divinidades y Reyes, de los Ancestros del Pasado. Allí se conserva su espíritu. Y es lo que hace al Mundo girar. Si bien mantiene el Delicado Equilibrio de la Naturaleza, es un Elemento Peligroso, lleno de Poder. Como lo es el Arca de la Alianza para las personas.
Por mucho que El Señor de los Huesos me felicitase, yo no dejaba de sollozar en su regazo.
-Bueno, Hijo de los Canes. Ahora, es tu Deber, y un Gran Honor, colocar El Hueso en el Lugar que le corresponde, hasta que otro Elegido, de buena fe, y bondadoso, venga a sacarlo de aquí.
Cogí El Hueso. Esta vez ya no temblaba. Estaba seguro de mí mismo. Por fin sabía quien soy, cuál es mi lugar, y cuál es mi destino. Con valor, coloqué El Hueso en su Lugar Sagrado, y Él solo, comenzó a flotar.
El Señor de los Huesos asintió.
Lazzie y Balto me sonrieron.
-Bueno, Hijo de los Canes. Ahora, has de pedirme algún favor para que te lo conceda-dijo El Señor de los Huesos-Te lo mereces.
-Yo solo quería que mi padre tuviese un alma.
-Ya que tú no pareces muy dispuesto a pedirme un favor, te lo concederé yo por mi propia cuenta.
Desde el cielo, vinieron flotando pequeños angelitos. Eran perritos, cachorritos que al parecer habían fallecido muy jóvenes. Pero eran una multitud. No sabría contarlos.
Me alegraron mucho. Eran muy mimosos, y cariñosos. Me robaron el corazón. Uno de ellos quiso jugar a tirarme del rabo, y otro a tirarme de la oreja. Tres o cuatro se tiraron encima de mí.
-¿Quiénes son?-dije riendo.
-Son tus hermanos fallecidos. Todos los hermanitos que tu padre mató. Sabía que te haría ilusión verlos aquí tan felices. Ellos sí que consiguieron un alma. Después de todo, son mis descendientes, y sería una injusticia dejarles a los pobrecitos sin vida tan jóvenes. ¿No?
-¡Oh, Señor! ¡Miles de gracias!-exclamé extasiado. Me fijé en que tenían una pequeña torcedura de pata.
-Y otra cosa más…
Una preciosa perrita pequinés se fue acercando hacia nosotros. ¡Era mi madre!
-¡Mamá! ¡Mamá! ¡Te quiero!-me abracé a ella, y volví a sollozar.
-No llores, mi niño. Mi condenación ha acabado. El Señor de los Huesos me ha liberado. La muerte ha sido un regalo para mí. Y Él me ha curado de todas mis heridas. Ahora estoy sana y contenta.
-¡Oh, madre, estoy tan feliz por ti!
Me di cuenta de que su enorme cicatriz que le recorría el cuello había desaparecido.
-Bien-El Señor de los Huesos suspiró-Y ahora ha llegado el momento de tu decisión final. ¿Te quedarás aquí, serás el nuevo Señor de los Huesos? ¿O volverás con tu familia, que te quiere y te añora?
Recordé mi visión en el ojo de El Señor de los Huesos.
Dí un paso al frente.
-Señor, cuando empecé esta aventura no me lo podía creer. Sentía que estaba soñando. Estaba alucinado, porque pensaba que por fin había encontrado mi verdadero lugar en la vida. ¡Yo era nada menos que el descendiente de El Señor de los Huesos, y Su Elegido! Estaba convencido que me quedaría a vivir con vos, y sería El Señor de los Huesos. He pasado muchas penurias, pero también he conocido a muchos compañeros agradables. Algunos consideran al hombre una bestia, otros aseguran que tiene corazón. Cuando llegué con vos, lo último que me esperaba era que fueseis del segundo bando. Y ahora me preguntáis, ¿de qué me ha servido, pues, este viaje? Y yo os responderé… Me ha servido para saber que nadie se ha de avergonzar por lo que es. Porque, hasta el detalle más extraño, y que puede parecer horrible, es el que más especiales nos hace sentir. ¿Quién iba a pensar que una Pata Torcida, era Símbolo de Dioses? En esta travesía, me he dado cuenta de que en la vida, hay que mirar siempre hacia adelante. Hace unos días, mi pequeña concepción del mundo era de un parque donde jugar, de una casa donde comer, y de una cama donde dormir. Para mí, los humanos eran unos seres que se limitaban a comprarnos, y a darnos mimos, y nosotros éramos, su entretenimiento. No nos importaba. Los perros, las mascotas, nos conformábamos con rebozarnos por el barro día y noche. Nuestra vida no es complicada. Es despreocupada. Y así pensaba que había de seguir. ¿Qué más da lo que haya tras unas vallas, si sé que jamás voy a cruzarlas? Vos, Señor de los Huesos, me habéis enseñado algo muy distinto. La vida es una aventura, y hay que saber disfrutarla. Cada día, es un nuevo día, cada día, un sueño se cumple. Hay que mirar más allá de lo que ves, y disfrutar cada aventura que corres. Porque cada día, ha de ser mejor que el anterior. Pero, lo más importante de todo, es que hay que tener a alguien con quien compartirlas: Los amigos. Pero, ¿Qué importa si esos amigos son gatos, tigres, perros, marcianos, gordos o bajos? No importa si son diferentes a ti, por el exterior, lo que importa es que puedas confiar en ellos. El viaje me ha servido para saber esta Gran Verdad, Conocer la Aventura; Conocer como se ha de Vivir. Y si bien ahora sé que mi destino es volver allá donde viví la mayor parte de mi vida, y aprender a disfrutar la vida con mi familia humana, no me importa haber hecho este viaje, que me ha llevado a regresar al lugar dónde partí. Porque esta Gran Aventura, es la que me ha enseñado por qué lo he de hacer.
Volveré con mi familia, que, humana o no, es mi familia, y estoy dispuesto a pasar allí los últimos días de mi vida, y gozar allí de esa Carretera Sin Fin que es la Vida.
El Señor de los Huesos me miró con orgullo.
-Habéis elegido sabiamente. ¡Oh, Señor de los Huesos!-me dijo él.
Me acerqué a mis amigos.
-Adiós, mamá. Te echaré de menos.
-Algún día nos volveremos a ver, mi niño, y entonces mi felicidad será la mayor. Aunque tenga que esperar quince años para que esto ocurra.
-Adiós, Lazzie.
Ella no dijo nada. Solo acercó su boca a mi hocico, y ambos nos dimos un Profundo Beso.
Y llegó la despedida que más dolor me producía, por mucho que amase a Lazzie.
-Adiós, Balto.
-Adiós, mi pequeño.
-Me llamo Yogui-sonreí nostálgico.
-Balto. Yo me llamó Balto-me dio un abrazo-Yo volveré a la Aurora Boreal…, Yogui. Pero nunca me separaré de ti. Desde los altos cielos te observaré nostálgico día y noche, esperando que un día nos volvamos a reunir, y también esperando que no te metas en ningún lío, no vaya a ser que tenga que volver a rescatarte-los dos reímos-Pero, Yogui. Por las noches, antes de acostarte, no te olvides de mirar por tu ventana, porque allí estaré yo, y mi Aurora Boreal, resplandeciente, sonriéndote.
Y de nuevo comencé a sollozar. Esta vez más que nunca.
-Balto, creo que esto te pertenece. Supongo que se lo devolverás a El Señor de los Huesos-le ofrecí el collar y el medallón.
-Yogui, para que nunca te olvides de mí mientras vivas, y para que veas que siempre estaremos juntos, te doy mi preciado collar. Espero que cuando te asomes a la ventana cada noche, pueda ver como de maravilloso lo luces.
-Balto, no sé qué decir.
-No digas nada.
Nos dimos otro caluroso abrazo.
Pude notar, como el calor del cuerpo de mi querido Balto, iba convirtiéndose en aire que yo trataba de estrujar contra mi pecho.
Las maravillosas luces de la Aurora Boreal recorrieron el umbral.
Supe que Balto se había marchado.
Me acerqué a El Señor de los Huesos.
-Adiós, Señor.
-Llámame Yocki.
Me giré.
-¡Adiós a todos!
Lazzie lloraba en brazos de su abuela.
Yocki o El Señor de los Huesos me habló.
-¿Ves esa pequeña roca de la que mana agua?
-Sí, Señor… Este… Yocki. Señor Yocki, permítame al menos...
-Crúzala. Cruza la pequeña cascada que forma el agua que cae de la roca, y te encontrarás allá donde tus dueños estén.
Y cuando yo parecía dispuesto a cruzarla…
-¡Yogui, espera!-Lazzie se bajó del regazo de su abuela-Abuelita Laica, esto es lo que llevo soñando durante mucho tiempo. Tenerte junto a mí. Y espero que cuando yo muera, pueda volver a hacerlo, pero, por el momento, creo que mi destino está junto a Yogui-y me dio un nuevo beso-Perdona que esta necia te rompa el corazón.
-Me rompería el corazón que te quedaras si ese no es tu deseo. Porque lo que más anhelo, es la felicidad de mi única nietecilla.
Y Lazzie y su abuela comenzaron a cantar cogidas de la patita.
- La niña duerme, bajo el azul del cielo,
Y sueña con las doradas estrellas.
Aquella que más brilla, su abuelita,
La quiere para ella…
Aquella que más brilla, su abuelita,
La quiere para ella…
-Adiós, abuelita.
-Adiós, mi querida nieta.
Y se separaron.
Y, Lazzie y yo, juntos, el uno con el otro, cruzamos la pequeña cascada.
El otro extremo no era ninguna otra gruta. Ya no estábamos en ese Mundo Mágico. Nos encontrábamos bajo una pequeña fuente de la que caía agua sin parar.
Mucha gente se movía por las calles aquel día. ¡Claro! ¡Era Noche de Reyes! Y todas las personas acudían a ver la Cabalgata de los Reyes Magos.
Entre todas las personas que pasaban, vi a unas que me resultaron muy familiares. ¡Era mi familia! Corrí a saludarlos.
-¿Yogui? ¿Yogui? ¡Es Yogui!-gritó el niño.
-¡Yogui! ¡Yogui!-exclamaron todos los demás-¡Oh, qué alegría verte, mi amor! ¿Dónde te habías metido? ¡Llegas justo a tiempo! ¡Serás un verdadero regalo de Navidad! ¡Estábamos muy preocupados buscándote! ¡Qué susto nos has dado! Por cierto-dijo mi dueño dirigiéndose a otro de mis familiares-¿Sabías que el otro día la Mansión de Johny Quebrantapiedras, ese falso protector de animales, se derrumbó? ¡Y todo apunta a que fue provocado a posta por los animales, que no querían morir! ¡Son verdaderamente listos! Lo más curioso de todo, es que la "Rebelión" parecía ser dirigida por un perro con una pata torcida. ¡Ni que fuese nuestro Yogui!
Entonces, mis dueños vieron como una perrita se acercaba tímida y asustada hacia ellos.
-¡Oh, que cielo de perrita! ¿Así que te has traído a una amiga, eh, picarón…? ¡Que ni castrado…! Me recuerda mucho a la perrita astronauta protagonista de una serie que veía de niño… ¡La llamaremos Lazzie! Y ahora, corramos todos juntos a ver la Cabalgata, o llegaremos tarde.
Y todos fuimos corriendo a ver la Cabalgata de Reyes.
Es maravilloso compartir las ilusiones de otros con las nuestras.
Mientras veía la asombrosa cabalgata, que me fascinó por completo, pensaba en lo fantástico que sería que los Reyes Perrunos apareciesen en el regazo de los Reyes Magos. ¡Seguro que estaban muy ocupados organizando los regalos para la noche!
XVIV) Epílogo
A la noche siguiente del Día de Reyes, todos salimos a dar una vuelta hacia mi parque preferido.
Lazzie se había quedado a dormir conmigo en mi cama, aunque ninguno habíamos dormido demasiado, esperando ansiosos a que los Reyes Magos, acompañados de los Reyes Perrunos, llegasen.
Mi familia había decidido que cuidar a dos perros a la vez era demasiado trabajo. Pero, por supuesto, no pensaban abandonar a ninguno de los dos. ¡Mi familia no es de esas…! Así que se pusieron en contacto con unos de sus amigos que deseaban tener un compañero de fatigas, un perro, y les confiaron a Lazzie. Todos quedaron de acuerdo en que cada día las dos familias, con sus respectivas mascotas, Lazzie y yo, saldríamos a dar una vuelta juntos, para que así ambos nos pudiéramos ver. Y así ha sido.
Ese día nos acercábamos al parque.
Todos mis amigos me miraban alucinados de que hubiera podido regresar a mi casa… ¡Si yo les contara…!
Lola estaba tonteando con Coco, como siempre, y no se había enterado de nada.
Lazzie y yo nos acercamos a verla.
-Hola, Lola-dije.
Lola se dio la vuelta.
-¿Yogui? ¿Has conseguido regresar?
-¡Oh, sí! ¡Por cierto, tu palito!-y dejé a sus pies el palo de Látigo, el encargo que ella me había pedido, y causante de todos los hechos.
Lola miró incrédula hacia el palo.
-¡Oh, Yogui! Es… Es increíble.
-Gracias, ahora tengo que irme con Lazzie. Si me disculpas…
-Pero espera, Yogui. ¿Adónde vas? ¡Si estamos hechos el uno para el otro! ¡Yo te quiero, mi trocito de canela! ¡Vuelve aquí, si no vuelves, no saldré contigo! ¡Vamos, ven aquí, Yogui, podríamos hacer muy buena pareja…!
Pero yo ya no le hacía caso. En mi Gran Aventura había madurado lo suficiente como para sentar la cabeza, y saber quién me convenía de verdad.
Mientras me alejaba con Lazzie, oí un ruido.
Pero no había de que preocuparse. Era la "Peligrosísima" Banda de Gatos de la Ciudad, siendo perseguida por Don Raposu. Habéis de saber, que contraté a Don Raposu Arteru de Arredrayáu para que se burlase y mofase un poco de la Banda de Gatos una vez cada dos días aproximadamente, a cambios de cinco galletas de chocolate semanales. Un buen precio para él, para mí, desmesurado. Pero, ¡qué se le va a hacer!
Don Raposu había decidido mudarse a Oviedo, porque decía que la ciudad era lo que realmente iba con él, y no un pueblucho de poca categoría. Además, ya estaba libre de las amenazas de mi padre, y no tenía que obedecer a nadie.
Habéis de saber también que nunca olvidé lo que me dijo Balto, y algún día espero volver a reunirme con él. Así que, cada noche, me asomo a mi ventana, y observo el Cielo repleto de Estrellas.
Allí, está el viejo Ahahaar, el Viento que Suspira. Balto, el Perro de la Aurora Boreal, del Valor y la Esperanza. Y, Truhán, mi padre, el Perro del Trueno. Que tendrá que hacer mil cosas grandiosas y bondadosas durante un solo año. Hasta que no consiga llegar a ese número durante ese limitado tiempo, no se librará de su condena. Pues ahora sufre arrastrando cadenas como lo hizo Ahahaar con vida, y es un alma en pena. Espero que no tarde en ser un alma libre, pero comprendo que El Señor de los Huesos, hizo lo debido. Además, mi padre ha de pagar por sus pecados.
A pesar de que a veces me han dicho que me había vuelto loco, que solo decía chifladuras… Os voy a contar una cosa:
Algunas noches pienso que estoy soñando, que me he dormido, o que estoy viendo visiones, pero, juraría, que, tanto el Perro de la Aurora, como el del Viento que Suspira, y que el del Poderoso Trueno, mientras yo les observo, ellos, me sonríen.
Bueno, colegas, espero que os haya gustado la historia. Y gracias por seguirla durante todo un año.
Quisiera aclarar una cosa: Digan lo que digan algunos incrédulos y malas lenguas, esta historia es REAL. Y se desarrolló del 1 al 5 de Enero de 2010.
Y, bueno, lo siento por todos los corazones rotos, pero, definitivamente, Lazzie será mi novia para siempre. ¡Mi verdadera y única novia!
Y, lo dicho, pasé muchas penurias, pero, al final, me convertí en un héroe gracias a esta aventura.
Patitas.
Yogui.
pd: Que sus majestades los Guaus Magos os traigan paz, felicidad y muchísimos huesitos. Lametones para tod@s
Pues estaba yo tranquilamente cantando, eso sí, con un enorme espíritu navideño… Cuando algo me inquietó enormemente… había una maleta en el hall de entrada y eso suponía que teníamos un viaje en perspectiva… Era para celebrar con la familia la llegada de la navidad…
Así que nos pusimos en marcha todos juntos dispuestos a sortear todas las inclemencias del tiempo (nieve, hielo, frío…) que nos encontráramos por delante, pero, ¿¿a dónde nos dirigíamos??
Fuimos por una carretera que papi llama autopista, pero no mucho tiempo. Luego comenzamos a subir una montaña muy alta, al menos para mi, llamada “La Espina”… Allí había mucha nieve pero seguimos adelante. Entonces llegamos a una pequeña población, que bordeamos, llamada Tineo y comenzamos a bajar hasta nuestro destino… La Casona de San Andrés, que así se llamaba nuestro destino, es como veréis, un lugar muy agradable, no solo por el lugar, con unas vistas incomparables. También por sus dueños humanos, tan amables que admiten la compañía canina y, además porque tienen a un pequeño y amable cachorrito que nos ayudó mucho a conocer todo aquello… Tordo me ayudó a conocer primero la finca del hotel y me dejó firmar en la “hierba de visitas” especial para los perritos recién llegados.
También me dejó su camita mientras preparaban la mía y la colocó al lado de un árbol y cerca de la chimenea para que entrase en calor… afuera estábamos a 0ºC.
A partir de ese momento fuimos amigos para siempre… y espero volver a verle pronto porque a veces sale a pasear por el “Parque de Invierno”… así que si le oléis dadle muchos recuerdo míos…
Al día siguiente ocurrió una cosa muy, pero que muy divertida… Doggie Noël acababa de dejar regalos para todos y de una forma muy original porque esparció un gran número de regalos entre la chimenea y el árbol…
se ve que le pesaban demasiado e iba con prisa para dejarlos de esa forma…
El caso es que estábamos tan contentos por su visita (espero que también lo haya hecho con vosotros) que salimos a pasear por un precioso bosque que había arriba, en la montaña y allí jugamos en la nieveLuego, ya en casa… bueno, en el hotel, abrimos los regalos y a mi me tocó un precioso collar…El resto del día lo dedicamos a visitar Navelgas, pero no encontramos el oro de los romanos… se ve que se lo han llevado todo. Y a jugar, que es lo que hay que hacer cuando se tienen amigos disponiblesYa por la tarde, y antes de que anocheciera, nos despedimos de nuestros anfitriones, sobre todo del bueno de Tordo, y nos volvimos a casa haciendo el recorrido inverso…
Y aquí estamos esperando ahora a que empiece el 2011 y a que lleguen los Guaus Magos de Oriente con mas regalitos si es que la crisis les deja, arf, arf, arf.
Os dejo el resto de las fotos La Casona
Hola de nuevo colegas y amigos todos… hoy será un día, más bien noche especial, pues Papá Noël va a visitarnos a todos cuando estemos dormiditos… y si no os lo creéis ved el vídeo que me ha mandado
Si, ya sé que habla un poco raro pero es que como vive tan lejos, se le olvidó que yo soy un perrito y vivo en España, y no me ladró como es debido. Pero se lo tengo que perdonar porque ya es tan mayor que a veces se despista un poquito, como papi jejeje.
Estos pasados fines de semana ha empezado a hacer frío de verdad y, como muchos sabréis se celebró el sorteo del gordo… bueno no nos tocó ni la pedrea pero nos acercamos bastante…
¿No creéis que acertar 4 números de 5 no es aproximarse bastante…? Vale, estaban desordenados pero seguro que para el próximo año acertamos el orden y ya seremos como Pancho… millonarios jejeje
Pero sigamos… este finde hizo mucho frío y aparecieron nuevos amigos con los que jugar… Ya los veréis al final del post pero ahora os dejo mi particular regalo de navidad, el antepenúltimo capítulo de mis aventuras japonesas… Creo que es poco adecuado, podríamos decir, para estas fechas, pero las cosas surgieron así…
La frustración de un padre
¡Quedan dos capítulos para cerrar la historia! El próximo será el último. En este fragmento de mi aventura os explicaré la historia de mi malvado padre, un personaje realmente complejo, que, si bien no tiene compasión, también tiene una larga vida llena de depresión que le ha convertido en lo que es.
Lo que planteo en este episodio es lo siguiente: ¿Quiero realmente a mi padre? Tengo que decidirlo pronto, pues probablemente tenga que luchar contra él.
XVII) Truhán
-¿Qué pasa, Yogui, no saludas a tu querido padre? Ja ja ja ja… Vamos, Yogui… ¿Y tú, tatarabuelito? ¡Soy tu querido tataranieto! ¿No me saludas tú, tampoco? ¿Y qué me dices tú, noviecita de Yogui, eh? ¡Qué buen partido te sacaste con mi hijo! –decía sarcásticamente Truhán- ¡Y tú,-sus ojos se volvieron rojos- Estúpido perro lobo ratonero sin raza! ¡Perro sarnoso! TÚ, secuestraste a mi hijo. ¿Te ha hecho algo, querido?
-Balto no me ha hecho nada. No se preocupe, señor.
-Bueno. Espero que así sea. Y ahora, ¿por qué no vienes aquí a mi lado, y así nos iremos juntos a buscar El Hueso?
-No. No voy a ir contigo.
-¿Cómo que no? No digas tonterías, hijo. ¿Qué te ha hecho este desalmado perro lobo? Ya me ocuparé de él más tarde. Tú… Ven con tu papaíto, ¿eh?
-Usted no es mi padre.
La sonrisa de Truhán, se borró de su rostro.
-¡Maldito hijo desgraciado! ¡¿Qué te he hecho yo, para que me trates así?! ¡Ven conmigo inmediatamente! ¡Inepto asqueroso! ¡Desagradecido! ¡Llevo más de dos años buscándote! ¿Y así es como me lo agradeces? ¡Vas a venir conmigo, aunque sea agarrándote por el cuello hasta hacerte sangrar!
-No, Truhán. Usted no me va a hacer nada-me arrimé a El Señor de los Huesos.
-¡¿Cómo que no?! ¡No tienes idea de lo que te puedo hacer!-y saltó sobre mí.
Pero entonces, El Señor de los Huesos, alargó su Pata Torcida, y una luz blanca lanzó a mi padre cuesta abajo.
-¡Basta ya!-gritó el Gran Perro-¡No te acerques a mi hijo!
-¡Él es hijo mío, no tuyo! ¡Aparta de mi camino, viejo!
-Apártate tú del camino que no marca El Señor.
-No me des órdenes.
-Yo no doy ordenes, solo consejos.
-Déjame en paz.
-Si yo no te doy órdenes, no me las des tú a mí. Si me vas a dar órdenes, yo también te las daré. Y te diré que dejes en paz a mi Protegido. O sufrirás la ira de El Hueso.
-El Hueso, ¡Ja! Por cierto, tú, perro lobo. ¿Vas a darme ese precioso medallón, no?
Balto no contestó.
-En fin-siguió diciendo Truhán, mi malvado padre-Vamos, Yogui. Ven conmigo. Hazlo por mamá.
-¿Mamá? ¿Qué le has hecho a mamá?-salí de entre las patas de El Señor de los Huesos, aunque este no quería permitírmelo.
-Oh, tan solo lo que tú sabes. La he dejado desangrándose. Si tú vienes conmigo y me ayudas a conseguir El Hueso, cuando yo lo tenga, podremos curarla, ¿eh?
Estuve a punto de aceptar, de no ser por que…
-Es mentira-dijo El Señor de los Huesos.
-¡Tú calla!-dijo Truhán furioso.
-Estás… Loco-añadí yo asustado y aterrorizado.
-Tú también, hijo mío… Vamos a ver, explicádmelo… ¡Llamarme loco! ¡A mí! ¿Qué te he hecho yo? ¡¡¡¡¿¿¿¿Qué te he hecho yooooooo?????!!!!!
Me volví a meter entre las piernas de El Señor de los Huesos.
-Deja al niño en paz, no te ha hecho nada-dijo Balto.
-¿Qué no me ha hecho nada, dices? ¿Qué no me ha hecho nada? ¡No tienes ni idea de lo que me ha hecho! Me ha llamado loco…
-Tal vez si no lo estuvieses no te lo llamaría-dijo Lazzie.
-¡Calla, perra!-bramó Truhán-¿Creéis que yo no tengo razones para ser como soy? Para… Hacer tantas maldades por conseguir El Hueso… ¡La vida ha sido injusta, ha sido perra conmigo! Lo mínimo que puedo hacer para desahogarme es ser injusto con la gente. A ver, ¿acaso no había de haber sido yo el que hubiese conseguido El Hueso? ¡¡¡Miradme!!!
-Te miramos, y no vemos nada en ti que te haga digno para conseguir El Hueso.
-¿¿Cómo que no?? ¿¿Cómo que no?? ¡Miradme! ¡Mirad mi Pata Torcida! ¡La tengo tan torcida como ese chucho desagradecido que se hace llamar mi hijo! ¡Incluso puede que la tenga un más que él! ¡La tengo tan torcida como tú, viejo!
-Eso no te lo he negado.
-¿¿Cómo que no?? ¡Has dicho que nada en mí cuerpo me hacía digno de conseguir El Hueso!
-Yo no he dicho nada de tu Pata Torcida, ni de tu cuerpo, ni de tu exterior.
-¿Entonces que demonios querías decirme, viejo idiota?
-Es que no me refería a tu exterior. Me estaba fijando en tu interior. Tu corazón no es digno de conseguir El Hueso. Y El Hueso no mira solo hacia la Pata Torcida de mis descendientes. Para escoger a El Elegido, El Hueso también mira dentro de tu ser. Yogui es bondadoso, inocente, y un buen amigo. Valiente, leal, sincero y responsable. Tal vez él si tenía lo que había que tener, lo que El Hueso buscaba, para encontrar a El Elegido. Después de todo, es tu hijo. Deberías sentirte orgulloso-El Señor de los Huesos hizo una mueca burlona.
-¡Ahhhhh! ¡Viejo! ¡No te burles! ¡No te cachondees de mí! ¡No sabes con quién tratas!
-¡Claro que sí lo sé! ¡Con mi querido tataranietecito!
-¡Miserable!-Truhán le mordió una oreja a El Señor de los Huesos, y le pegó un zarpazo. Las uñas se quedaron marcadas en su rostro, pero no tardaron en desaparecer como si nada hubiese pasado. Lo que acababa de hacer Truhán era como tratar de herir al aire.
-No hagas daño a quien nunca ha intentado hacértelo.
-¡Bahhh! ¡Tú no sabes por lo que he pasado! ¡Orgulloso de mi hijo! ¡Bahhhh!-pareció calmarse.
Truhán cogió aire, y volvió a hablar.
-Lo único que ansiaba mi padre, Llameante, era que uno de sus hijos fuese El Elegido, y éste, le diese El Hueso, para que él pudiese tener el poder sobre el Mundo Animal. Tuvo varios hijos, tres para ser exactos, entre los que estoy incluido. Ni el primer hijo ni el segundo, acapararon sus expectativas. Mi padre se indignó profundamente, y entró en una enorme depresión. Sin embargo, meses después se enteró de que iba a tener otro hijo. Era su única esperanza. Cuando yo nací, mi padre se ocupó día y noche de mí. Me cuidó, me mimó y me quiso con locura. A las dos semanas de mi nacimiento, llegó el momento de hacer el Ritual, para saber si yo era El Elegido. Mi padre estaba convencido de que lo sería, e incluso consideraba innecesario hacer el ritual, pero su mujer, Grisácea, insistió en ello. Al hacerlo, al romperme la pata, descubrieron que yo no era El Elegido.
Mi madre ya era mayor y ya no podía tener más hijos. Yo no había podido complacerles en su obsesión, ni saciar sus ansias. A partir de entonces, Llameante me atormentó desde que los primeros rayos del sol salían por el horizonte, hasta que volvían a salir. No me dejaba tranquilo un segundo. Me insultaba, me despreciaba, decía que yo no era digno de ser hijo suyo, que era un vulgar perro por no ser El Elegido, y… me pegaba. Me pegaba y me maltrataba, me mordía y me pegaba zarpazos hasta dejarme malherido. Incluso mi madre, Grisácea, intentaba detenerle, pero también a ella la pegaba.
Él había vivido toda su vida con el único deseo, sin éxito, de encontrar El Hueso. Su mente retorcida y malvada no le dejaba pensar en otra cosa…
Toda mi infancia la pasé así. Siempre que mi padre llegaba por las noches, me pegaba a mi madre y a mí. Siempre era lo mismo. Llegaba borracho. Toda mi niñez, ¡¡¡fue así!!! ¡Y ahora vosotros me acusáis de estar loco!-volvió a intentar calmarse y controlarse-Podría decirse que lo único que hice fue sobrevivir, porque había veces, que mi padre casi conseguía matarme.
Logró meterme por la cabeza que yo era un inútil, por no haber conseguido ser El Elegido. Atormentándome, yo crecí con esa frustración: No haberle sido útil a mi padre.
Tanto Llameante como Grisácea murieron ya hace mucho. Pero yo, no olvido. Y si bien no han conseguido un alma, y si bien ya no podrán verme conseguir El Hueso, me da igual. Quiero demostrarme, aunque sea a mí mismo, que ese hijo de… , que era mi padre, estaba muy equivocado. ¡Yo seré capaz de conseguir El Hueso, y de haceros ver que yo tenía que haber sido El Elegido!
Se ha convertido en mi obsesión, y dudo mucho que me la quitéis de mi mente. Mi padre nunca se sintió orgulloso de mí, pues al menos dejadme que yo me sienta orgulloso de mí mismo. Cuando tenga El Hueso en mis patas, descargaré toda mi ira, toda la ira que se acumuló en mí mientras crecí por culpa de mi padre, sobre todo ser vivo que encuentre en mi camino. Mi reinado será una época dorada para mí y para todos mis seguidores Lobuistas. Para los demás inocentes que se interpongan entre El Hueso y yo, la vida se convertirá en un infierno. ¡No me importa que no me hayan hecho nada! Todos esos inocentes serán para mí mi padre, y todos lo pagarán caro, como si de él se tratase.
-¡Estás aún más loco de lo que temía!-dije yo.
-¡Malvado, fuera de aquí!-gritamos, esta vez, todos juntos: Balto, El Señor de los Huesos, Lazzie, su abuelita y yo.
Fue espectacular ver todas nuestras fuerzas juntas y unidas.
Mi padre rió malévolamente, y regresó a su anterior sarcasmo.
-Oye, por cierto, viejo. ¡Vaya guardián de pacotilla que te has echado! Ha dejado la puerta abierta ja ja. No solo he podido estar espiándoos un buen rato, sino que he podido entrar sin percances por entre los Huesos, sin que él se enterase ja ja.
-¡No te metas con mi guardián!
-Al menos permíteme que me meta con tus tres protegidos, que me han guiado hasta aquí durante todo el tiempo, sin enterarse siquiera de que yo les seguía.
Primero, entré en el ferrocarril de Johny Quebrantapiedras, cuando me capturaron, igual que vosotros. Pero, ni siquiera os enterasteis de que entré. Vosotros seguisteis a vuestra "bola". Después, pude dedicarme, a "cotillear", si me lo permitís, los besos tan apasionantes que mi hijito se daba con su noviecita.
-¿A eso os dedicasteis mientras Crinés y yo buscábamos la entrada a la Tumba? ¡Ahora tendré que suponer que el lío que se tenía montado con todos aquellos coches policía era también culpa vuestra!, ¿no?-nosotros no respondimos.
-Pero, ¡espera, perro lobo sarnoso! Para remate, tú, especialmente, te ocupas de dejar la puerta abierta a la Tumba, para que yo os siga sin problema alguno, ¿eh?
Balto bajó la cabeza.
-Lo siento, Señor-dijo dirigiéndose a El Señor de los Huesos.
-Bueno, bueno-continuó mi padre-No quisiera que por mi culpa entrarais en una discusión, ¿no? Así que lo olvidado olvidado está, ¿eh?
Y, de pronto, con un rápido movimiento, se abalanzó sobre Lazzie, y apretó sus afiladas garras en el cuello de la cachorrita.
-Pero, yo, nunca olvido. Y creo haberos pedido antes el medallón, ¿a que sí? Voy a conseguir El Hueso. Y ahora, buen perrito lobo, dame ese "Mapa hasta el Tesoro", ¡o hago que la tráquea de esta preciosa perrita se le salga por la nariz!
Bueno, amigos… tengo que hacer propósito de enmienda y volver a empezar a escribir mis aventuras pero es que esta otra historia mía en busca del señor de los huesos me tiene ocupado y, también hay que decirlo, papi se ha dedicado a otras cosas menos importantes y que, además, le llevan mucho tiempo y le impiden ayudarme… y ya os imagináis que a mi, con mi patita torcida, me es más difícil escribir.
Bueno, pues una noticia reciente es que ayer fue mi primer día de “Perroquería”. ¡¡Sí!! porque hasta ahora todas esas cosas me las hacía mami, pero estaba cansada y convenció a papi que me llevara… ¡Qué relax! ¡Qué trato! ¡Qué chicas tan guapas! –las que me atendieron y las que se acicalaban como yo-.. creo que voy a repetir más a menudo, si hasta me pusieron mascarilla para mi precioso pelo, me limpiaron mis orejitas y me hicieron la “paticura”… El caso es que salí de allí, de “Chiguaka”, como si fuera otro. Lástima que el tiempo ha sido tan malo que no he podido enseñar lo bien que he quedado a mis colegas, vamos que soy otro perrito.
Por otra parte he recibido una bonita foto de mis amigos Tolita y Nevado, que han estado ayudando a Doggie Nöel, y me han dicho…
que a pesar de la crisis algún que otro huesito nos caerá a los perritos buenos… ¡¡y ya falta cada vez menos!!!
Pero antes de que venga Doggie Nöel hay una cosa muy especial… y como queremos ser como Pancho pues nos fuimos a comprar unos décimos para el sorteo por excelencia del año, el de Navidad y…
así, acompañado de Otto, me dirigí a la administración de lotería más cercana, el gallo de oro. Allí compramos unos décimos para la pandilla jejeje, ya me veo de crucero por el caribe perruno, porque esta vez seguro que nos toca…
¿Y del resto de los días en que no he contado nada? ¿qué ha ocurrido? Pues es verdad que tengo muchas cosas que contaros pero no quiero agobiaros así que, al final del cuento encontraréis los enlaces para las fotos… de momento os dejo con un nuevo capítulo de mis otras aventurillas:
¡A por El Señor de los Huesos…!
¡Estamos a punto de encontrar nada más y nada menos, que a El Señor de los Huesos! Queremos que nos diga cuales son nuestros verdaderos papeles en la vida, que nos de un cargo entre los Perros la Luz. Ya que no podemos regresar con los malvados humanos, pero, cuando lleguemos, él nos dará una gran sorpresa…
¡Nunca olvidaré el tiempo que estuve junto a él!
Pero, bueno, no os diré más… Descubridlo vosotros mismos…
XVI) Bienvenidos a Orbis Natura
Avanzamos por la mística gruta, sin saber adónde íbamos. Todo era oscuro. Los suelos estaban húmedos, y las paredes llenas de esqueletos. Sin duda, era una verdadera tumba. De pronto, nos paramos frente a unos huesos desperdigados por el suelo.
-¿Será alguno de estos El Hueso?
-No lo creo. Esto es… Un cadáver… -sugirió Balto.
-Es… Hachiko.
Inmediata e instintivamente, todos nos apartamos del muerto. Decidimos seguir caminando.
En la tumba reinaba un silencio sepulcral.
Pasado un tiempo, nos dimos cuenta de que la gruta se dividía en dos caminos, y decidimos seguir el derecho, ya que es el lugar que ocupa mi Pata Torcida.
Al seguir esa ruta, notamos como una especie de canto espiritual, propio de los fantasmas, resonaba en la lejanía. Aceleramos el paso. Hasta que nos paramos. No había salida. El camino no seguía a ninguna parte. Se terminaba.
Quisimos dar la vuelta, pero algo nos lo impidió. Ese "algo" era un… ¡Espíritu!, el cual no paraba de roer un hueso de jabalí. Nos quedamos observándole largo y tendido, sin que él se percatara de nuestra presencia. Cuando pasaba un rato, y le parecía que había roído bastante un extremo del hueso, se dedicaba a roer la otra punta.
Estaba sentado encima de toda una montaña de huesos y esqueletos, de más de veinte patas torcidas, como habíamos comentado hace tiempo, medida perruna equivalente a casi cuatro metros humanos.
Y a pesar de disponer de todos los huesos que desease, solo parecía querer roer, ESE hueso. Su apariencia es difícil de describir. No tenía color, era transparente. Sus ojos eran lo único en color que tenía. Unos ojos amarillos azulados.
Tenía el aspecto de un viejo labrador, con unos largos bigotes descomunales que le llegaban hasta las rodillas, y unas uñas afiladas como sables. Toda una aparición. De vez en cuando, aparecía y desaparecía, cambiaba de forma, o dejaba solamente visible su cabeza, que daba vueltas como una pelota, hasta que volviese a aparecer su cuerpo entero. Eso sí, siempre sin soltar su hueso.
Ya que nos estaba dando la impresión de que pretendía seguir allí hasta la eternidad, fui yo el que intenté iniciar la conversación.
-Mi muy amable señor, ¿podría indicarnos a mis compañeros y a mí, dónde se encuentra El Señor de los Huesos?
Sus ojos se abrieron como si de pelotas de tennis se trataran, se quedó un rato pensativo y exclamó…
-¿Estáis muertos?
-No… Creemos que no, señor.
-¿Que hacéis aquí, pues?
-Veníamos a buscar a El Señor de los Huesos.
-¿Por qué queréis encontrarlo?
-Porque pensamos, que yo soy El Elegido, ya sabe, el Descendiente que tiene la pata tan torcida como su ancestro, y que podrá obtener El Hueso.
-¿Lo pensáis, o lo sabéis?
-¿Por qué siempre contesta con otra pregunta?
-¿Acaso no puede tratarse de mi manera de ser?
Me resigné.
-¿Sabe usted dónde está El Señor de los Huesos?
-¿Por qué lo iba a saber… Yo?
-Bueno, pues, porque hemos entrado en los dominios del Gran Perro, ¿no? Y usted es un espíritu…
-¿Y no creéis que para dejaros entrar, he de saber si de verdad eres Su descendiente?
-Bueno… Tal vez…
-¿Me dejas ver tu pata, por consiguiente?
Dio la vuelta al hueso que estaba royendo.
-Claro, aquí tiene…-y estiré mi pata torcida.
Se agachó, y la analizó minuciosamente.
Entonces, comenzó a hacerse invisible lentamente.
-¡Espere, señor! ¿Cómo encontraremos a El Señor de los Huesos?
-¿Y no deberías mejor, dejar de hablar, y ser más observador?-fueron sus últimas palabras, antes de desaparecer del todo.
Y, puede que tuviese razón, pues la enorme montaña de huesos, fue abriendo un hueco en su interior, que nos absorbió a todos, en un descuido.
Pensamos que este era nuestro final, pero cuán equivocados estábamos, porque, una vez encerrados entre los esqueletos, el hueco se volvió a abrir, y nos expulsó hacia fuera.
Pero, al salir, no nos encontramos de nuevo con la tumba dónde habíamos estado antes, sino que nos encontramos justo enfrente, de un can que bien podría haber sido El Señor de los Huesos.
Era un perro viejo y grisáceo, con unas largas barbas, pero era muy, muy similar a mí. Un gran manto de piel de lobo, cubría su espalda. Sobre su cabeza, lucía una corona fabricada con ramas, y pequeños huesecitos que la decoraban. Se encontraba echado, con una pose que me recordó también a mí. Todos nos situábamos, en una cueva, que parecía la boca de un perro, repleta de estalagmitas que formaban los dientes, de las que caía agua a un ritmo regular.
Nos miraba atentamente mientras se mesaba las barbas. Sin embargo, fue él esta vez el que inició la conversación.
-¿Balto? ¿Balto? ¿Eres tú?
-¿Señor?-dijo Balto-¿Señor de los Huesos?
-¡Balto!
-¡Señor!
-¡Que alegría verte por aquí! ¡No recibía una visita como esta desde hacía miles de años!
-Disculpadme si he dejado mi puesto como Perro de la Aurora Boreal, que vela a todos los Canes de la Tierra. Si lo he dejado, ha sido solamente por unos días.
-¡No tienes por qué disculparte! ¿Acaso uno no puede tomarse unas vacaciones decentillas? Además, es un placer para mí que hayas venido a visitarme.
El que parecía ser El Señor de los Huesos, se agachó buscando algo. Pareció encontrarlo, cuando cogió un colmillo de elefante hueco, y lo puso bajo las estalagmitas, esperando a que el colmillo se llenase de agua.
-¿Te apetece un poco, de Agua a la Estalactita?
-¡Claro! Pero… ¿Vos no bebéis, mi Señor?
-Yo no necesito beber ni comer…
-Yo tampoco, Señor, estoy muerto igual que usted…
-¡Claro! Pero yo llevo millones de años sin hacerlo, tú solo unos ochenta, y nunca sienta mal un buen cuenco de Agua a la Estalactita, ni siquiera a los muertos… Y, perdonad el recibimiento de mi guardián… Siempre ha sido así… Pero es un perro de muy buen corazón, los años le han vuelto un poco majara… Se llama Adjudant, Khan de los Canes, y es el perro doméstico que más años ha vivido en la superficie terrestre… Es un perro indio, y salvó a un pequeño niño de un gran incendio… Cuando intentó salvar a los demás, murió entre los escombros del fuego. Pero yo, como El Señor de los Huesos, tenía pensado darle mucha más vida… Bueno, lo dicho, ¡Bienvenidos a Canis Natura!
-¡Un momento! Pero… ¿Sois vos en verdad El Señor de los Huesos?-interrumpí yo la conversación.
-¡Claro que sí, pequeño!-dijo Balto-¡Te presento al mismísimo Gran Perro, El Señor de los Huesos!
-¡Caramba, encantado de conoceros!
-¡Oh, que muchacho más majo! ¡Me recuerdas a mí cuando era chiquito! ¡Si hasta tienes la pata torcida! ¿Cuántos años llevas muerto? ¡No recuerdo haberte quitado la vida! ¡Ni a ti, ni a tu compañera!
-Bueno, es que…-contestó Balto-Para eso venimos. Señor, Yogui y Lazzie son… Mortales.
-¿Mortales? ¿Están vivos? ¡Pero, Balto! ¿Cómo se te ha ocurrido guiarles hasta aquí? ¡Es un grave desacato a las reglas!
-Lo sé, Señor… Pero este es un caso especial, Señor…
-¿Cómo va a ser especial?
-Señor, hemos pasado muchas penurias para llegar hasta aquí… No nos puede expulsar ahora. Verá, hemos averiguado el enigma, y hemos entrado a la Tumba de vuestro descendiente Hachiko, el Perro del Polen, que no se separa de sus amigos, el cuál, casi tiene la pata tan torcida como vos, y casi logra ser el que obtendría el Hueso. Pues… Lo que sucede… Es que Hachiko, no es el Elegido. Pero, Yogui, es también un descendiente suyo.
-Ya, ¿y qué? ¡Este chucho! ¿No pretenderás decirme que él sí es el Elegido?
-Pues, Señor, es justo lo que pretendía decirle.
El Señor de los Huesos, se quedó atónito. También se quedó un rato observando mi pata.
Cuando parecía haberse calmado, clamó.
-¡¿Y lo has traído aquí?! ¡¿Sabiendo el peligro que eso supone?! ¡Hay miles de descendientes detractores, crueles, infieles y blasfemos, que desean hacerse con el Hueso! Y tú les guías hasta aquí. Pues te diré una cosa, Balto. Este chucho, desaparecerá de aquí, en cuánto de una patada con mi Pata Torcida en el suelo. ¿Queda claro? ¡Y muy probablemente, te quite tu alma, Balto, o al menos tu Aurora Boreal! ¡Has puesto en peligro a El Hueso! ¡Y con él a todo el Mundo Animal! ¡Y a la Ciudad de Canis Natura, dónde ahora estamos, el Paraíso en el que los perros han de descansar en paz…! ¡¡¡Eternamente!!! Pues mi querido Elegido, va a dejar de serlo en cuánto se muera… ¡¡¡Eternamente!!!
-¡Espere! ¡No, Señor! Yogui solo quiere encontrar su destino. Ha sido una mascota toda la vida, y considera que quiere ser algo más en la vida, quedarse con usted a vigilar El Hueso. Él no quiere nada de apoderarse de los animales.
-Tienes razón, Balto… No creo que este encantador cachorro quisiera hacer daño a nadie. Pero es que esos bárbaros, me persiguen. No pueden encontrar El Hueso, o será el fin para todos los animales que habitan este planeta.
-Pero… ¿Vuestros propios descendientes, quieren hacer el mal?
-Sí, Yogui. Te lo explicaré todo desde el comienzo. Hace millones y millones de años, los perros aún no eran perros, sino lobos. Lobos salvajes. Y no tenían contacto alguno con los humanos. Pero hubo un lobo, llamado Pata Torcida, que tenía la pata más torcida que jamás se hubiera visto, y que era discriminado por sus compañeros. Sin embargo, Pata Torcida, trabó amistad con los humanos, y a pesar de que esto provocó un rechazo aún mayor entre sus congéneres, logró, después de una ardua batalla contra malvados y envidiosos lobos, que iniciase una época de paz entre los humanos y lobos. Todos se ayudaban mutuamente, y uno era imprescindible para la supervivencia del otro. Pata Torcida era el rey. Además, también consiguió que las diferentes tribus de lobos no se peleasen por ser ellos quienes tuvieran en su poblado el Hueso para vigilarlo. Como sabrás, El Hueso fue otorgado a los Reyes Perrunos, fieles ayudantes de los Reyes Magos, por el Dios Cristiano, para que ellos se ocupasen del Mundo Animal, y ellos, a su vez, confiaron la tarea de vigilar El Hueso, a sus congéneres Canes, sin dejar de proteger ellos también El Hueso.
-Sí, me sé la historia.
-En fin, el reinado de Pata Torcida fue una Época Dorada para el mundo, y el perro comenzó a nacer. Pero, una vez muerto Pata Torcida, algunos lobos se revelaron contra su ley, y secuestraron a los descendientes que él había dejado, educándolos en maldad y en la propia filosofía de los lobos, solo unos pocos lograron escapar. Así pasaron varias generaciones, habitando los descendientes del pobre Pata Torcida, entre los lobos, con sus mismas sanguinarias ideas, y sin saber siquiera quienes eran en realidad. Hasta que yo, hice lo que hice, ya conoceréis la historia, y vencí a los lobos, regresando con mi verdadera familia. Como sabéis, me enviaron para que les trajese información sobre El Hueso, y para que les guiase hasta él. Pero me enamoré. Y me arrepentí para siempre de lo que estaba haciendo. Como veis, todos merecemos una segunda oportunidad. Somos libres de escoger, y podemos cambiar. Pero todos cometemos errores. A pesar de que, cuando les dije la verdad a todos los animales del bando de los Reyes Perrunos, se enfurecieron, me ayudaron, gracias a mi amada, que les convenció a todos, y a que vieron que estaba profundamente arrepentido. Por ello, volví con los lobos, y les llevé hasta una cueva, dónde les encerramos. Pero me oculté en esta gruta para proteger El Hueso, y nunca más volví a salir. Fue un paso más hacia la formación completa del Can. Sin embargo, los perros no se formaron del todo hasta los tiempos del famoso Rey Yogui I, el primer perro que existió, miles de años después de que yo me ocultase aquí. Tu nombre desciende de ese perro, Yogui. Es un honor llamarte así, como él.
-Gracias…
-Pero, has de saber, que ese nombre desciende a su vez de Yocki, que significa en una antigua lengua, "Pata Torcida". Yo me llamo Yocki.
-¿Yocki?-recordé a Don Raposu instantáneamente.
-Sí, Yocki. Tu nombre, en efecto, proviene del mío-sonrió-Además, ¿nunca te has parado a pensar que eres un perro muy especial?
-Bueno… Todos somos especiales.
-Exacto. Pero un perro tan especial como tú, ha de tener una raza. Y así es.
-¿¿En serio??-estaba fascinado.
-En serio. Tu raza es la más maravillosa y legítima de todas las razas caninas, ya que, posees la raza de ese primer perro que existió, Yogui. Por eso te llamas así. Tu raza proviene del aspecto original de los primeros canes.
-¡Guau! ¿De veras?-cada vez me asombraba más.
-Ajá-asintió El Señor de los Huesos-Pero, no cambiemos aún de tema. Yo volví a conseguir, bueno, más o menos, lo que hizo mi ancestro Pata Torcida, del que proviene mi apellido: Que no hubiese guerras entre los lobos y los perros o sus diferentes tribus. Sin embargo, a pesar de que los lobos están desterrados a los bosques, en los rincones más recónditos de la Tierra, condenados a no relacionarse con nadie que no sea de su especie, existe un grupo llamado "Lobuista", que curiosamente está formado mayoritariamente por mis variados descendientes, que desea conseguir El Hueso para fines bélicos.
-Sé lo que es eso… Mi padre… Es uno de ellos…
-¡Oh, que terrible! ¡Pobre cachorrito mío! Bueno… Así que lo que quieres, es vivir aquí conmigo. Te advierto que es horriblemente aburrido… Pero… ¿acaso no tienes familia?
-Bueno, sí, mi Padre, el Lobuista, y…
-No, no, no, no me refiero a esa clase de familia… Cuando yo vivía muchos perros habitaban con los humanos, como si fueran sus hermanos, y nunca se separaban de ellos. Hace mucho que no salgo fuera, ¿acaso las cosas no siguen siendo así?
-Sí. Sigue habiendo humanos y perros juntos-dije yo.
-¡Pero son unos monstruos!-"saltó" Lazzie-¡Tienen a sus mascotas como juguetes, y no les dejan conocer la libertad! ¡Les hacen creer que ellos también son personas, y no les cuentan ni tan solo quién sois vos!
-Tal vez si no les cuentan quién soy yo… Es porque no lo saben.
-¡Ya, pero son malvados, y…!
-¿Y qué, mi pequeña? Desde los tiempos de Pata Torcida, los humanos y los perros han sido como auténticos congéneres. Ellos son diferentes de nosotros, y a veces pueden cometer errores. Pero nos quieren, al igual que nosotros les queremos a ellos, y a veces somos injustos. Tienen errores, pero… ¿quién no los tiene? Ni siquiera las divinidades son perfectas… Pero nos perdonamos los unos de los otros, y aprendemos, enmendamos errores… Y admitirlo es de sabios. Que haya humanos malvados, no significa que sean todos igual. ¿O acaso entre los perros no están los perversos Lobuistas? Los seres vivos somos libres de decidir que camino hemos de tomar… Algunos se hacen malvados, otros sabemos escoger el camino correcto… Estoy seguro de que tú, mi niña, podrás encontrar una buena familia humana, que te acoja…
Yo agaché las orejas. Estaba más confundido que nunca. La mayoría de animales a los que había conocido habían tratado a los humanos de "Bárbaros". Esperaba encontrar mi camino, con El Señor de los Huesos. Que él me guiase y me ayudase también a plantar cara a los humanos, y a iniciar un Reinado de los Perros sobre los humanos. Lazzie y otros tantos me habían incitado a ir por el camino de la guerra, del odio, del rencor. Y cuando he encontrado por fin a El Señor de los Huesos, me dice que he de volver con los humanos, mi verdadera familia.
-Así que te has escapado de casa, ¿eh?
-¿Cómo sabéis vos eso?-pregunté sorprendido.
-Yo lo sé todo. Y tus dueños anhelan verte otra vez. No importa la raza, ni la especie. Todos somos hermanos. Y ellos también son tu familia.
-Pero…
-Vé, mi pequeño, por el ojo de la sabiduría.
Entonces, se arrancó el ojo de cuajo, y me lo acercó. En él veía, a mis tristes dueños, sollozando por mí.
Yo no sabía que pensar. Verlos tan tristes me dio muchísima nostalgia y lástima. Sentía que debía regresar con ellos, pero… ¿Había hecho este viaje para nada? ¿Cómo era eso posible?
El Señor de los Huesos, se volvió a colocar su ojo.
-Haz lo que desees. Eres libre de decidir. Pero, ellos, han sido los que te han criado, y lo que han vivido toda su vida contigo. Los perros, necesitamos a unos hermanos de otra raza para ser felices, y compartir nuestros sentimientos. Los perros y las personas, estamos unidos. Por cierto, Yogui, supongo que sabrás que eres el Elegido, y lo que conlleva serlo. Si deseas quedarte, tendrá que ser como El Señor de los Huesos, y yo descansaré en paz. Si decides convertirte en lo que yo soy ahora, no podrás irte. Tienes que proteger El Hueso, hasta que un nuevo Elegido, decida ocupar tu puesto. Pero solo hay un Elegido cada cien millones de años. Hasta entonces tendrás que esperar.
Me quedé pensativo.
Pero los milagros no habían hecho más que empezar.
-¡Ah, socorro! ¡Me duele! ¡Me duele mucho! ¡Creo que voy a morir!-exclamaba Lazzie.
La garrapata había conseguido adentrarse en su corazón, y sacarle toda su sangre.
-Insecto cobarde y minúsculo, que te atreves a perjudicar a los demás de la única manera que puedes, alimentándote vilmente de su sangre. Sal del cuerpo de mi hermana, de mi hija legítima. Sal de su alma, porque jamás te apoderarás de ella.
¡Polvo eres, y en polvo te convertirás!
Un rayo de luz invadió la estancia. Lazzie abrió los ojos que antes, sin que le quedasen fuerzas, había cerrado, y sonrió.
-¡Hija mía! ¿Estás bien?-El Señor de los Huesos la abrazó.
-¡Lazzie! ¡Querida!
-Yogui, gracias por estar a mi lado.
-Jamás te abandonaré.
-Querida hija-interrumpió El Señor de los Huesos-Algo me dice, que deseas que te conceda algo.
-Sí, Señor. Mi madre murió asesinada cruelmente por unos humanos, que me hicieron coger odio hacia ellos. Vos me habéis hecho ver, que no todos han de ser así. Muchos, pueden comprendernos, y amarnos, igual que los canes, nos amamos entre nosotros. Sin embargo, mi familia se ha ido encontrando a lo largo de los años, únicamente con hombres despiadados, según tengo entendido. Mi amada abuelita, a la que yo, ni siquiera conocí, falleció también por culpa de humanos. Mi mamá me decía cuando era niña, que ella había conseguido un alma, que vos le habíais otorgado. ¿Es eso cierto? ¿Podré ver a mi abuelita? ¿También a mi madre?
El Señor de los Huesos agachó la cabeza.
-Lamento lo de tu madre, la cuál arriesgó su vida por salvarte. Pero, no fue suficiente para que le pudiese otorgar un alma. Solo puedo dar un número limitado cada cierto tiempo. Pero tu abuela… Al parecer no sabes su historia. Ella arriesgó su vida por el mundo. Y hay posibilidades de que la conozcas-sonrió.
El Señor de los Huesos se apartó.
Tras él se encontraba una anciana perrita, tan linda, que podría ser un hada.
-Hola, mi niña-dijo dirigiéndose a Lazzie-Mi querida nietecita…
-¡Abuela!-Lazzie corrió a abrazarla.
-Tu abuela, querida cachorrita-dijo El Señor de los Huesos- Es la Perra de las Estrellas, el más importante puesto que se le puede conceder a un espíritu. Se llama Laika, y nació en Moscú. Fue enviada desde Rusia, por los humanos, en un aparato volador, como un ave, al espacio. Fue el primer ser vivo en ir al espacio. Desgraciadamente, la avaricia de esos humanos no conoció límite, y volvieron a enviarla en otra misión, para que llegase hasta la Luna, y la pisase. Ella luchó por conseguirlo. Pero murió a las pocas horas del despegue. Me compadecí de ella, y le di un alma sin pensármelo. Es el mayor y más importante Perro de la Luz de todos.
Pero Lazzie no escuchó mucho a El Señor de los Huesos. Ella había encontrado a su abuelita, que además, era mucho más importante de lo que ella hubiese imaginado nunca. Pero se conformaba con haberla encontrado. Y juntas comenzaron a cantar…
- La niña duerme, bajo el azul del cielo,
Y sueña con las doradas estrellas.
Aquella que más brilla, su abuelita,
La quiere para ella…
Aquella que más brilla, su abuelita,
La quiere para ella…
-Me alegro de que todos hayáis encontrado lo que buscabais. Creo que ahora ya habéis dado con vuestro destino. Será un placer teneros aquí como huéspedes-dijo El Señor de los Huesos.
-Aún no hemos terminado de pediros todo lo que queremos-dijo Balto.
-¿Ah, no? Te escucho encantado, Balto. ¡Habla! ¿Qué ocurre? ¿No quieres volver al cielo, ni abandonar a tus amigos? ¿Es eso, verdad? No te preocupes, puedo conseguir que alguien ocupe tu lugar en el cielo. Puedes quedarte aquí, y ser… El Perro de la Lluvia, y el del sentimiento, que llora, y que ama. ¿Te parece bien? Si en unas semanas alguien no ha ocupado tu puesto como Perro de la Aurora Boreal, de la fidelidad, y la valentía, entonces tendrás que volver. Pero te prometo que en unos meses encontraré un sustituto.
-No es eso, Señor. ¿Usted se acuerda?
-Bueno… ¿Acordarme de qué, Balto?
-De que, bueno, en mi forma inerte, invisible, incolora.-- En fin, en mi forma de espíritu que he de adoptar para ir al cielo… No puedo llevar objetos conmigo, porque yo no tengo peso. Soy como el aire.
-Ya lo sé. Yo también puedo adoptar esa forma, claro. ¿A qué viene todo esto?
-Vos me prometisteis que cuidaríais mi preciado medallón, y que le daríais un lugar muy especial. No voy a descuidar mi puesto. Tan solo ver por última vez ese medallón de mi querido dueño. Poder volver tenerlo en mis patas, aunque sea por última vez, y me iré.
-Vaya, con que te refieres a eso.
-No pretendo ser desconfiado. Sé que vos le disteis un lugar especial y lo estáis protegiendo, pero quisiera poder verlo.
-Verás, Balto. Es un deseo imposible. ¡Por mi Pata Torcida! No puedo concedértelo.
-¿No me lo habéis guardado? ¿Me engañasteis?
-¡No pienses eso de mí, por favor! Es solo que… Tú me lo confiaste, y yo te lo guardé. Ese era el trato. No vas a poder volver a verlo en toda tu vida.
-¿Cómo? ¡No me hagáis esto, Señor! ¡Necesito verlo! ¡Tocarlo! ¿No le guardó ese lugar especial…?
-¡Claro que sí…! ¡Y tanto…! Pero… Verás, Balto. Nadie podrá volver a tocar tu medallón.
-¿Y eso por qué?
-No te lo puedo decir…-El Señor de los Huesos agachó la cabeza.
Me arrimé a Balto.
-Lo siento mucho, de verdad. Lamento que tu viaje hasta aquí no haya servido de nada… Pero nosotros te apoyaremos.
-No os preocupéis. Este viaje me ha dado uno de los mayores regalos que pudiese desear: Teneros a mi lado.
-Si El Señor de los Huesos, no te da el medallón, Balto, yo me marcharé contigo. Moriré si es necesario. Tengo un alma garantizada ya que soy el Elegido, e iré contigo al cielo. No te abandonaré.
-Gracias, Yogui. Pero tu destino está aquí. Si El Señor de los Huesos no me da el medallón tendrá algún motivo. No se ha de despreciar. Quédate con él, Yogui.
-No, estoy muy indignado. El Señor de los Huesos ya no es mi amigo.
-¡Os lo suplico! No malinterpretéis las cosas. Yo también lamento no poder darte el medallón.
-Y si tanto lo lamentáis, ¿no podríais al menos explicar a sus humildes siervos la razón de su elección?
-No. Lo lamento.
-Pues nos da igual que lo lamentéis. Yo me voy con Balto.
-¡No os vayáis! No es por cabezonería por lo que no os muestre el medallón.
-¿Por qué, pues, Señor?
El Señor de los Huesos suspiró.
-Porque… el medallón muestra el camino a El Hueso. ¡Es un mapa! He convertido el medallón en un objeto mágico, que muestra la ruta hacia El Hueso, y que solo puede ver, guiado por espíritus, El Elegido.
-¡Por favor, Señor! ¡Solo déjeme tocarlo!
-Lo siento mucho, pero no.
Tanto Balto como yo empezamos a comprender sus razones. Nadie podía saber donde estaba El Hueso, ni podía dejar de estar en un lugar seguro que El Señor de los Huesos tuviese bien vigilado.
-No importa, Señor-dijo Balto-Yo lo comprendo. Bueno, Yogui, Lazzie, espero que viváis muy felices aquí y desearía veros de nuevo algún día.
-Supongo que esto es una despedida-dijo Lazzie-Eres uno de los más maravillosos perros que he conocido.
-Gracias, Lazzie.
-Yo me iré contigo-exclamé.
-No, Yogui. Hazlo por mí. Quédate.
-Te echaré de menos, Balto… Hasta siempre.
-Hasta siempre, mis pequeños.
Balto estaba a punto de marcharse. El Señor de los Huesos estaba realmente apenado.
-Espera, Balto-dijo el Gran Perro mientras volvía a suspirar.
Se quitó su manto de piel de lobo, y dejó ver el colgante sujetado por su cuello. Se lo arrancó y se lo puso a Balto.
-Tenlo tú. Confío en ti, y sé que no caerá en manos de ningún desalmado Lobuista. Tienes entre tus patas el mapa hacia El Hueso. ¡Protégelo!
-Vaya, vaya… ¡Que interesante, abuelito mío!
Todos nos dimos la vuelta y miramos hacia el fondo de la cueva.
Era mi padre.
CONTINUARÁ…
Y ahora los enlaces de las fotos… os daréis cuenta que papi hace cada vez menos fotos y solamente hace “click” si hay algún nuevo colega en el parque… ¿Por qué será?.
Raza Mestiza: Pekinés-Carlino. Mi mamá perrita es una preciosa Pekinés, pero me parezco a mi malvado padre. (En cuánto a físico, claro está) De cachorrito me confundían con un Carlino. Aunque también podría ser un falso Puggle (mezcla de Carlino y Beagle) soy demasiado pequeño para ello. Yo sé que en realidad soy un Pata Torcida, y el Descendiente Elegido para encontrar El Hueso. Uno de mis tantos tátara tátara tátara abuelos fue el mismísmo El Señor de los Huesos, o el Emperador Yogui I.
Una frase verdadera que me gusta mucho:
En toda la historia del mundo solo existe una cosa que no compra el dinero, a saber: El feliz meneo de la cola de un perro. (Josh Billings, La dama y el Vagabundo)
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xxooxx xxooxx
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