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miércoles, 2 de enero de 2008

Feliz 2008

Buenos días en este nuevo año... Habría querido escribiros ayer, cuando llegamos de la celebración, pero estaba tan cansado que apenas me sostenían mis patitas y pensé que era mejor descansar y poner todo en orden para luego poder contaroslo todo, eso si, despacito y con muchísima calma. ¿Empezamos?
El lunes por la tarde, después del paseo -solo me pude despedir de Mickey-, una vez cargadas las maletas en el coche, nos subimos todos y salimos muy contentos a la fiesta. Yo tengo que confesaros que estaba un pelín nervioso. Esto de ver hacer las maletas y que le cojan a uno la cama sin decirle a donde va es suficiente para poner nervioso al espíritu más templado.
Como ya he crecido bastante y apenas tengo espacio en el transportín mamá decidió que iba a ir con ella en el asiento del coche, eso si, atado para no molestar a nadie. No es que el suelo del coche esté mal. La alfombra no es todo lo mullidita que una querría pero al menos hay una pequeña salida de aire para la calefacción y el aire frio lo que le convierte a ese sitio en un lugar privilegiado.
Después de un trayecto no muy largo -creo que apenas tres cuartos de hora- y sin que nadie se marease, aunque en los últimos kilómetros mi hermanito protestó mucho por las curvas, llegamos al pueblo. Estaban todos esperándonos y todos quisieron darme muchos mimos, especialmente los niños. Yo ya conocía a Héctor, pero había unos cuantos mas que se portaron muy bien conmigo.
Lo primero que hice fue reconocer el lugar y localizar donde me ponían mi cama para asi echar una pequeña cabezadita. Pero lo que ocurrió es que se hizo muy pronto de noche y los niños se pusieron a cenar enseguida... y yo con ellos. Un arroz -que ellos llaman paella- con conejito y pollo que estaba de rechupete. Después de cenar los pequeños, en una mesa mucho mas grande se sentaron los mayores, y yo tuve que hacer un pequeño esfuerzo y volver a cenar con ellos -el menú era el mismo- y volví a relamerme con el conejito y el pollito que nos sirvieron de alimento. Gracias Arturo por esta comida tan rica.
Después de cenar los mayores todos se pusieron como locos. Empezaron a poner música a todo volumen y a moverse como locos. Montaron un guirigay de no te menees. Al parecer es lo normal en estas fechas y le llaman cotillón. El caso es que esta fiesta solo se celebra una vez cada año -supongo que como el resto de las fiestas-, pero aqui se exíge que todo el mundo lo pase bien. Pues he de deciros que al principio si lo pasé bien, pero luego se hizo muy tarde y la fiesta continuaba y nadie se iba a dormir y yo estaba hartito. Me pusieron unos cojines y me daban mimos y yo quería dormir pero al final siempre me despertaba alguien... ya muy tarde, casi al amanecer decidieron irse a la cama. Todos dijeron que los niños nos portamos muy bien, especialmente yo.
Se hicieron muchas fotos, pero papá me censuró en las que yo no salgo asi que solo hay unas poquitas, lo siento.

Fin de año en Teverga


Al día siguiente, después de desayunar, papá me llevó de paseo para conocer el pueblo. Estaba todo en calma. No parecía que alli viviera nadie... y hacía mucho frio asi que aunque en un primer momento nos acompañó Mateo, el hermano de Héctor, que nos enseñó un camino a través del rio enseguida quedamos solos y fuimos de exploración. Llegamos a un lugar algo soleado donde al parecer había una vieja mina de carbón. Yo me puse muy contento porque tengo entendido que donde hay carbón puede haber huesos de dinosaurios. Algún rastro olí pero no pude descubrir nada. Después de pasear durante otro buen rato descendimos buscando otra vez el pueblo y cuando llegamos estaban esperándonos para dar otro paseo, pero esta vez en coche. Papá tuvo que quitar todo el hielo que se había acumulado en los cristales del coche y se quejó un poquitín del frio. Cuando todo estuvo preparado volvimos a montar en el coche y salimos de excursión. Tampoco puedo deciros por donde fuimos, lo único que se es que llegamos a un sitio que se notaba que estaba muy alto. Solo olía a naturaleza y eso era como un regalo del cielo. Me dejaron suelto y yo corría de aqui para allá, pero siempre vigilando que no se me despistara ninguno, y comenzamos a subir. No estabamos para muchos trotes, o sea que lo de subir tampoco fue para tanto, pero al menos durante una horita larga estuvimos respirando aire de la montaña. Nos hicimos fotos... ya las veréis.
Después vino el descenso y ya casi al llegar carlos tuvo que bajarse del coche y pasear un rato porque decía que estaba mareado. Yo también quería salir peor no me dejaron. A partir de ese momento empecá a portarme un poquitín mal, pero estaba desquiciado, sin dormir, sin comer mi pienso. Quería volver a casa, pero volvimos a la casa de la fiesta y todos empezaron a comer una carne que estaba riquísima, al parecer de un pariente muy cercano de los cerdo. Me dieron algo y fue definitivo. Empecé a ladrar para que se levantaran y vovlver a casa. Estaba cansado y tenía frio, que os voy a contar, ya soy un perro de ciudad. Aún se tiraron de tertulia un buen rato hasta que logré convencerles que nos fueramos y así con las prisas se dejaron unas cuantas cosas olvidadas que hoy tendrá que ir papá a recoger. Asi que ya podéis comprender que al llegar a casa lo primero que hice fue comprobar queponían mi cama en su sitio y echarme a dormir.
Bueno, a continuación tenéis las fotos de este primer día del año, solo unas pocas, el resto voy a ver si las pirateo de algún lugar para poder enseñaroslas porque papá las tiene censuradas.

Año Nuevo


Besos de Yogui, los primeros del 2008

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