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sábado, 26 de abril de 2008

Calor

¡Uf!, que calor, ¿cómo lo lleváis, amigos?
Yo sobrevivo como puedo y espero por nuestro bien que esto no dure demasiado... Creo que es por culpa de la falta de árboles así que si no plantáis alguno, al menos firmar en el recuadro del final del blog para evitar que nos quedemos sin ellos....
Pero lo importante, que se que todos estáis esperando por ello, son las aventuras de hoy... No lo pasamos nada mal, aunque con tanto calor las carreras y los juegos fueron bastante suaves.
Nada más salir de casa me encontré con Cuqui, que venía corriendo con su amo. Demasiado madrugador para mi, pero así se evitó el calor de la mañana. Después de intentar jugar un poco con él -la correa no me dejaba desenvolverme con mi innata agilidad perruna-, seguimos hacia el parque y me encontré con mi preciosa vecinita Nica, una esbelta y coqueta dálmata, que aunque no veo todo lo que yo quisiera es muy agradable y siempre quiere jugar un poco conmigo. Lástima que tomamos caminos distintos y no pude convencerla para que nos acompañase hasta el parque y presentársela a mis amigos.
Ya en el parque, cuando comenzaba a hacer calor, apareció Otto. Estuvimos buscando un poco de sombra, pero hasta que no crezcan los árboles plantados -son aún muy jóvenes- debemos recurrir a nuestro ingenio para soportar el calor. Habíamos encontrado un poco de sombra cuando apareció Cassis, una jovenzuela de color negro azabache muy juguetona y pendenciera. Al poco rato llegó Coco, y Otto fue a presentársela a su amigo. Se ve que congeniaron porque nunca vi echar tantas carreras y tan largas a Coco, ni siquiera lo hace con su gran amigo Otto. Fueron tantas que el pobre Coco quedó espatarrado más de una vez, agotado por el calor y el exceso de ejercicio perruno. Lo gracioso de todo ello es que Cassis le pedía mas guerra y el pobre Coco no sabía como quitársela de encima... Hasta que llegó Astur, que puso algo de calma en el lugar. Después de unos minutos, cuando ya comenzaba a apretar demasiado la bola amarilla que está arriba de nosotros, en lo alto del cielo, comenzamos a irnos a nuestras casas.
También estuvo Selva, que como siempre atendía más a su pelota que a nosotros. Solo que esta vez Otto se hizo con la pelota y durante unos minutos Selva estuvo sin saber que hacer... pero también sin hacernos mucho caso.
Por la tarde salimos demasiado pronto, aún hacía demasiado calor. Llegamos los primeros. Al poco tiempo apareció Kyra, que está guapísima y enorme... solo un pequeño defecto, se baba bastante para ser una chica aunque creo que se lo debemos perdonar porque es culpa de los genes que le han tocado en suerte y nadie es perfecto al fin y al cabo, sino mirarme a mi, herniado, con una pata a la virulé, con prognatismo -conocida marca de los reyes- y  faltándome algún dientuco,vamos que soy un dechado de belleza.
También se acercó Otto, y juntos los tres nos acercamos a saludar a una preciosa perrita que me recordaba a mi antigua novia Nina, pero no era ella. Se llama Coqui y tenía algo de Bichon, pero era mestiza como yo. Teníamos tan pocas fuerzas para correr que, salvo Kyra que parecía de otro mundo, todos estábamos con las lenguas afuera y trotando o echados en la fresca hierba.
Poco tiempo después de que Kyra y Coqui se marcharan aparecieron los Yorkshires, que habían preferido estar en casa hasta que hiciese menos calor. Aún así todavía buscamos la sombra en los lugares más extraños.
Ya a última hora aparecieron al mismo tiempo Paul por un lado y los tres Setters ingleses Hacha, Mayuca y el jefe de las dos, del que sigo sin saber su nombre. Pero aunque estuve un rato con todos teníamos que irnos y no pude disfrutar de su compañía  como yo quisiera, pero otro día seguro que si.
Os dejo las fotos a continuación, disfrutarlas.
 
 

 

Besitos y Hasta mañana. Buenas noches y sed buenos si podéis.

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